Una pluma al servicio de la historia

Una pluma al servicio de la historia
Extraordinario escritor y periodista, uno de los más grandes de su generación, murió ayer, a los 75 años, en Buenos Aires; tenía cáncer; su mayor obra, Santa Evita, fue traducida a más de 30 idiomas
El gran escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez murió ayer, en Buenos Aires, a los 75 años, al cabo de una larga lucha contra el cáncer.

Reconocido como uno de los mayores autores argentinos de su generación, impuso un estilo y dejó su sello en innumerables artículos, columnas, ensayos, cuentos y novelas. Su obra cumbre, Santa Evita, fue traducida a más de 30 idiomas.

Tomás Eloy Martínez era columnista de LA NACION, The New York Times y El País, de España. Después de sus comienzos en La Gaceta, de Tucumán, y de su paso por este diario como crítico de cine, ganó notoriedad, a partir de 1962, en la revista Primera Plana. También escribió guiones para cine y televisión.

Hace tres años se había radicado nuevamente en la Argentina luego de vivir mucho tiempo en los Estados Unidos, donde fue profesor universitario.

Víctima de un tumor cerebral que lo tuvo a mal traer en los últimos meses, la enfermedad no consiguió que Tomás Eloy, como lo llamaban sus allegados, dejara de escribir y, sobre todo, de pensar la realidad de su país.

La inminencia de la muerte no fue un impedimento para que pasara sus últimos días escribiendo, rodeado por sus hijos y sus seres queridos.

Había nacido el 16 de julio de 1934 en Tucumán. La literatura lo acompañó desde siempre. Antes de los 10 años escribió su primer cuento. Fue un signo de rebeldía. Se había escapado al circo sin autorización de los padres y, como castigo, lo encerraron en un cuarto y le prohibieron leer. Esa tarde escribió la historia de un nene que se metía en una estampilla para poder viajar.

Aquel precoz escritor sería, con los años, el autor de la novela argentina traducida a más lenguas en la historia. Dueño de una escritura elegante y precisa, su novela Santa Evita (1995) le dio un prestigio internacional que lo ubicó al lado de sus admirados Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.

En 2002 recibió el Premio Alfaguara, uno de los más importantes concursos literarios en lengua castellana, por El vuelo de la reina . Luego se publicarían la selección de ensayos y crónicas Réquiem por un país perdido (2003), El cantor de tango (2004) y El Purgatorio (2008), su última novela, que cuenta la historia de una pareja separada por el terrorismo de Estado en 1976, que vuelve a encontrarse 30 años después, relato con el que intentó recuperar los años que vivió lejos del país.

Su mirada del peronismo

Obsesionado estudioso del peronismo, conoció a Juan Domingo Perón a fines de los años 60. Se ganó su confianza y grabó las extensas conversaciones que mantuvieron en cintas que siempre guardó con recelo. Algunos fragmentos aparecen en Santa Evita , en La novela de Perón y Las memorias del General (1996), pero buena parte de ese material nunca fue publicado. Sin embargo, nunca fue peronista.

Tuvo como grandes amigos a escritores de la talla de Gabriel García Márquez, Juan Carlos Onetti y Carlos Fuentes, que confesó a El País , de España: "De la extraordinaria Santa Evita dijimos, sin ponernos de acuerdo Mario Vargas Llosa, García Márquez y yo mismo que nos habría encantado ser los autores de una obra tan perfecta en su soldadura de ficción e historia".

Vivió exiliado en Caracas durante la última dictadura militar argentina, tras ser amenazado por la Triple A, pero no se alejó de su pasión: fue editor del periódico El Nacional y fundó El Diario, y fue jefe de redacción hasta 1979.

Su relato periodístico La pasión según Trelew (1974), quemado durante la dictadura en una plaza de Córdoba, fue incorporado como prueba al expediente de la causa que investiga la masacre. Su obra Lugar común la muerte (1979) fue señalada como un aporte esencial al nuevo periodismo.

Sobre su oficio de escritor, le gustaba decir: "Los narradores escribimos sobre lo que sabemos para aprender aquello que no sabemos; para conocer lo que no conocemos".

También fue formador de periodistas, con una extensa carrera académica que lo llevó a pasar gran parte de su vida en Estados Unidos, donde dirigió el Programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, en Nueva Jersey, además de profesor de la Universidad de Maryland y de brindar conferencias y cursos en universidades de todo el mundo.

El reconocimiento

El diario madrileño El País le otorgó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo el 22 de abril de 2009, una distinción dirigida a trabajos en español publicados en medios de todo el mundo. El 24 junio de ese mismo año fue incorporado a la Academia Nacional de Periodismo. "Es un gran honor que se debe, creo, a la persistencia con la que vengo trabajando hace más de medio siglo", dijo en aquel momento a este diario.

Fue también autor de diez guiones para cine, tres de ellos en colaboración con el novelista paraguayo Augusto Roa Bastos, y de varios ensayos incluidos en volúmenes colectivos. En 2008, obtuvo el Premio Cóndor de Plata a la trayectoria, que entrega la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina.

Tuvo siete hijos. Tomás, Gonzalo, Ezequiel y Paula, nacieron en su primer matrimonio. Blas y Javier son fruto de su segunda pareja, y de su tercera unión nació Sol Ana.

Anoche, apenas conocida la noticia de su fallecimiento, numerosas personalidades del mundo de la cultura, la literatura y la política se comunicaron con la redacción de LA NACION para hacer llegar sus condolencias.

El velatorio se realizará mañana en Parque Memorial (ruta Panamericana, acceso norte, ramal Pilar, km 47) de 8.30 a 16. A continuación, se cremarán sus restos, como era su deseo, y las cenizas quedarán allí.

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