En plena crisis, EE.UU. busca héroes espontáneos.

El capitán raptado y el piloto que acuatizó, nuevas celebridades.
Cansados de las celebridades y de los villanos del colapso financiero, los norteamericanos están sedientos de héroes genuinos más que nunca en tiempos sombríos como los de la crisis global.

Por eso el capitán Richard Phillips, que se entregó a los piratas somalíes para proteger a su tripulación y luego intentó escapar audazmente de sus garras, es celebrado con el nombre de "Capitán Coraje".

En la primera escala de su viaje de regreso a su hogar en Vermont, Phillips arribó, la semana pasada, al puerto de Mombassa, en Kenya, a bordo del destructor USS Brainbridge, y fue recibido con la canción de Lynyrd Skynyrd cuya letra dice "Vuelvo a casa, vuelvo a ti".

Poco después de llegar a su hogar en Estados Unidos, la semana pasada, probablemente empezó a sentir que es de nuevo una suerte de prisionero.

Ya hemos visto esto con anterioridad: un norteamericano común hace algo extraordinario y es catapultado de inmediato a la esfera de las celebridades hasta que el país lo cambia por el próximo modelo a seguir.

En los tres meses transcurridos desde que logró acuatizar a salvo la averiada aeronave de US Airways sobre las aguas del río Hudson y salvó a los 155 pasajeros a bordo, el piloto Chesley Sullenberger recibió las llaves de la ciudad de Nueva York; fue apodado "Capitán Cool"; apareció en programas nocturnos de televisión; fue homenajeado en el partido del Super Tazón de Fútbol Americano; le han llovido cartas de agradecimiento, y fue vitoreado en la asunción presidencial.

Además, escribirá dos libros y tiene una nutrida agenda de charlas.

"Sigo sin sentirme una celebridad -dijo-. Al principio fue difícil acostumbrarme, porque quisieron ponerme el traje de héroe."

Como todos los pilotos, Sullenberger fue entrenado para realizar aterrizajes de emergencia y mantener la calma. De Phillips se esperaba lo mismo que de cualquier otro capitán de barco: que pusiese la seguridad de los que estaban a su cargo por encima de la suya propia.

Ahora, los dos son de pronto "celebridades accidentales" y pasan a integrar una lista que quizás haya comenzado con Lenny Skutnik.

La tarde del 13 de enero de 1982, Skutnik era apenas un empleado federal atascado en un embotellamiento de tránsito en Washington cuando un avión de Air Florida se desplomó sobre las aguas del Potomac durante una tormenta de nieve.

Skutnik se sacó el abrigo y las botas y se zambulló en las gélidas aguas para rescatar a una mujer que se ahogaba, en un momento repetido por televisión hasta el cansancio.

Dos semanas después, fue invitado por Ronald Reagan a sentarse en el palco presidencial durante su discurso sobre el Estado de la Unión. Reagan lo calificó como "el heroísmo en su máxima expresión".

Los honores y las atenciones no se hicieron esperar. Recibió miles de cartas, ofertas de alquiler gratis, un auto nuevo, y los compromisos para dar charlas comenzaron a apilarse.

A Skutnik, que entonces tenía 28 años, la situación en general le resultaba un poco incómoda y rechazó la mayoría de los ofrecimientos.

Como Skutnik, Sullenberger y Richard se convirtieron en héroes en momentos en que los norteamericanos viven una de sus peores crisis económicas y culpan de ello a los banqueros de Wall Street.

"Existe un vacío que necesita ser llenado", señaló, por su parte, el asesor de imagen Eric Dezenhall.

Agregó que, más allá de eso, los norteamericanos tienden a interpretar los grandes acontecimientos a través de las acciones individuales.

"Esa es una de las razones por las que inventamos héroes", dijo.

Una crisis económica bien puede agudizar esa necesidad. De hecho, los superhéroes de historieta como Batman y Superman fueron creados durante la Gran Depresión.

Fenómeno efímero

En algunos casos, los héroes norteamericanos han sido derribados casi con la misma velocidad con la que fueron entronizados. En 1986, Reagan llamó "héroe nacional" a Oliver North por sus esfuerzos por conseguir la liberación de rehenes norteamericanos.

Pero en enero del año siguiente, cuando se supo que North era un personaje central del escándalo de los contras en Irán, Reagan no volvió a mencionar a ningún héroe en su discurso sobre el Estado de la Unión.

"Los héroes no duran mucho. Cuando empezamos a estudiarlos con detenimiento, encontramos motivos para no admirarlos tanto", dijo Peter French, profesor de filosofía de la Universidad de Arizona.

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