Plegarias desatendidas y un nuevo costo para la sociedad

En la crisis hay muchos jugadores, pero las principales cartas las sigue teniendo el gobierno. El problema es que no son las que les gusta jugar. Prefiere victimizarse. Igual que Cleto.
Con la misma obcecada, tortuosa –y ojalá que no inexorable- lógica con la que en 2008 transformó la rebelión fiscal del campo en su Waterloo y a Julio Cobos en estrella del opaco firmamento político nacional, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se adentra cada vez más en una crisis autoinfligida de la que salir será cada vez más difícil y costoso.

Este viernes, cuando la Cámara en lo Contencioso Administrativo falló que el gobierno no puede decidir unilateralmente y por decreto de "necesidad y urgencia" (DNU), sobre las reservas del Banco Central, y levantó la medida cautelar que la jueza María José Sarmiento le había concedido al ¿presidente? de la entidad, Martín Redrado, respecto de otro DNU, por el que la presidenta Cristina Fernández lo había removido de su cargo, tanto Redrado como su ¿vice?/¿sucesor?, el radical kirchnerista Miguel Pesce, secundado por un directorio de abrumadora mayoría oficialista, se creyeron –en mutua exclusión- presidentes de la entidad.

Inflación, el gran problema

Así, en un país en el que la inflación es el principal o uno de los principales problemas económicos –que agrava a su vez la situación de millones de pobres o indigentes, contribuye a aumentar el número de personas en esa condición y empuja hacia arriba los ya elevados niveles de desigualdad- el gobierno hace tres años intenta ocultarla falseando las estadísticas y ahora suma un galimatías institucional, político y jurídico acerca de quién conduce la entidad cuya meta primaria es, precisamente, "preservar el valor del peso". Esto es, combatir la inflación.

Síndrome de China

En la semana que pasó a ese cóctel se agregaron la decisión de la presidenta de no encabezar, como estaba previsto, una largamente programada misión comercial a China –la segunda economía del mundo- supuestamente por las trapisondas que en su ausencia podría realizar el vicepresidente Julio Cobos, y las primeras reacciones en Europa a la advertencia del gobierno argentino de que, si Telecom Italia no vende sus activos en Telecom Argentina (que controla a través de una sociedad con un grupo filokirchnerista, mediado por otro holding inversor) al gobierno no le "temblará el pulso" para revocar la licencia y, eventualmente, re-estatizar (o "argentinizar") Telecom.

¿Hace falta pelearse con todo el mundo, tanto dentro como fuera? ¿Es necesario boxear en simultáneo con el Banco Central, la oposición, el vicepresidente, los medios, los jueces de aquí y de afuera, los inversores extranjeros, China y la Comisión Europea, sin olvidar que el mes pasado hubo cruces con un enviado del gobierno de Estados Unidos?

Pelea derechista

¿Para cuándo una buena pelea con el derechista ése de Piñera? ¿Y una buena escaramuza con Lula? ¿No fueron ya demasiadas las flores al Pepe Mujica?

Y a Chávez, ¿cuándo le van a cantar que sus compras de bonos argentinos al 15 por ciento de interés lo asemejan a los buitres (o, como diría la presidenta, a las ratas del riachuelo)? ¿Creerán realmente Néstor y Cristina Kirchner que su relato heroico, y conspirativo tiene rating o sirve para solucionar algún problema?

Hay que reconocer, eso sí, que la presidenta hizo una movida a la que antes se negaba.

Al pedir a la bicameral del Congreso que entiende en la remoción del presidente del Banco Central exhibió la inconsistencia de sus decisiones anteriores –como se reflejó en el festival interpretativo tras el fallo judicial del viernes- pero abrió también una instancia política. Resta ver qué hacen las oposiciones y el gobierno con ella.

Cleto sufre, Binner mira

El gobierno también tuvo éxito en volver a poner en primer plano la impostura de Cobos, quien ya lleva demasiado tiempo usufructuando los errores de los Kirchner, pero también los propios. Gran alternador de la política nacional, reivindica su condición de vicepresidente (su rol "institucional"), al tiempo que atiza su candidatura presidencial y menea vices (Binner, Lorenzetti). Cleto sufre, pero nunca deja de capitalizar.

Los radicales coinciden en que Cobos es su redención, el camino más seguro a la victoria. Pero no son unánimes respecto de una negociación con el gobierno, que les vendió a algunos que usar las reservas del Central y no cuestionar demasiado el recurso a los DNU son el mejor modo de llegar a 2011 (el motivo válido para los Kirchner), pero también de agarrar entonces la manija cuando se llegue.

Endeudar más caro

Si no nos dejan armar el "Fondo del Bicentenario" nos tendremos que endeudar más y más caro, y Uds. recibirán la herencia, que recibirán con los DNU estigmatizados y hasta con una reforma que morigere o revierta la concentración de recursos fiscales en la Nación.

¿Cómo van a gobernar en 2011 con más deuda, menos recursos, sin DNU, los ablandaron los emisarios oficiales a los radicales encabezados por Ricardo Alfonsín. Del otro lado quedó Cobos, asesorado por Adalberto Rodríguez Giavarini, el ex canciller de De la Rúa, más cerca de la idea de la astringencia y la rienda corta.

Para los Kirchner, que ven conspiraciones por todos lados, fue más que suficiente. "Quiere ser presidente antes de 2011", acusó la presidenta.

Mirando y liquidando

El resto de la oposición, claro, no se limita a mirar. Carrió salió a dinamitar el potencial acuerdo, pero no por cariño al vicepresidente, sino para intentar liquidarlo, en lo que coincidió con el kirchnerismo y el peronismo disidente, que cree más probable ganarle a los Kirchner o a Carrió, a los socialistas, los solanistas o los torpes macristas (asociándose con algunos de ellos) que a Cobos. Francisco De Narváez, en tanto, ya se ve en la interna peronista, para desesperación de Néstor Kirchner, que desde el 28 de junio de 2009 dejó de subestimarlo.

Pero esos serán los últimos rounds. El próximo es el que comienza el martes, en la bicameral que encabeza Cleto, siempre en el lugar de los hechos.

Pero aunque haya muchos jugadores, las principales cartas las sigue teniendo el gobierno.

¿Se animará alguna vez a reconocer un error y a corregirlo? Si lo hace, habrá al menos chances de afrontar con éxito problemas como ése de la inflación y otros que andan por ahí, desatendidos, mientras se complica la trama de esta mala película.

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