La plaza del descontento.

La crisis socioeconómica complica la acción del oficialismo. Alperovich y Reutemann, las caras opuestas. La reforma constitucional salió temporariamente de escena. Los ejes de debate para la oposición.
Las elecciones de octubre forman parte del mismo ciclo que las presidenciales de 2009, con la estación intermedia de las de gobernador y legisladores en Tucumán. El curso de los próximos meses estará signado por los remezones que producirá la crisis socioeconómica.

Oficialistas y adversarios del kirchnerismo enfrentarán pruebas cruciales durante ese dilatado período. El combate por el poder se tornará descarnado a raíz de los intereses en juego. Si antes la economía favorecía los propósitos continuistas de los actuales inquilinos del poder, ahora pone en entredicho los proyectos políticos de los gobernantes. Estos habían demolido a sus antagonistas basándose en el crecimiento y en la contención artificial de la inflación.

La solidez del armado kirchnerista se agrietó respecto de octubre de 2007. Si Carlos Reutemann rehuyó ser parte de la comitiva presidencial que viajó a España, José Alperovich no dudó ni un segundo en sumarse a ella. Reutemann, hombre enigmático como pocos, habló a media lengua, pero con contundencia en los hechos. Ramón Bautista Ortega -ambos fueron gobernadores entre 1991 y 1995- solía decir que el santafesino era inescrutable e imprevisible, pero ha dado muestras de que no quiere perder en su distrito, de donde puede surgir un eventual competidor por la presidencia (el socialista Hermes Binner). Fue un revés para el matrimonio gobernante. Juan Schiaretti (Córdoba) también se despegó de la Casa Rosada, pero sin romper frontalmente.

Alperovich, en cambio, está atado de pies y manos a los Kirchner. La merma de los recursos que la administración federal comparte con las provincias se siente cada vez más. El efecto “jazz” mostró la otra cara de la moneda: sin autonomía financiera, no hay capacidad de decisión política.

Durante los 90, la Nación retenía el 60% de la masa de los impuestos coparticipables y el 40% iba a las provincias. Actualmente, el reparto se hace el 70% para un lado y el 30% para el otro, por lo que el cinturón se ajustará cada vez en las provincias. Tucumán dejó de percibir no menos de $ 30 millones en enero. “Fue una rebaja muy grande”, admitió el propio Alperovich. Y su administración cruza los dedos, porque lo que acontecerá en febrero no pinta mejor. Los reclamos de aumentos salariales de los gremios que agrupan a los empleados públicos prefiguran un cuadro conflictivo para Alperovich en el año electoral. En ellos incidirán las alzas de las tarifas eléctricas y de gas, además del encarecimiento de la canasta escolar. La plaza Independencia ha dejado de ser el baluarte de los oficialistas para convertirse en la caja de resonancia del descontento social.

Retiro temporario

El gobernador, sin embargo, permite ciertas vías de escape a sus aliados locales. El partido Libres del Sur, encabezado por Federico Masso -secretario de Emergencias Sociales-, protestó airadamente contra el ajuste de la electricidad atribuyéndolo al viraje antipopular de los Kirchner. Pero nada dijo de la responsabilidad que le cupo al alperovichismo en la aprobación política y legislativa del convenio renegociado con Edet, que fue la otra palanca del incremento.

El mar de fondo social desvió el foco de atención de la reforma constitucional y del problema de la drogadicción. La marcha en contra del “paco” que se llevó a cabo en Aguilares y que se replicará en otras ciudades del interior alertó sobre la persistencia del flagelo. Hugo Balceda, el legislador que rompió con Alperovich, no bajará los brazos en ese emprendimiento.

El gobernador, antes de viajar a España, retiró del debate público la iniciativa por la reforma constitucional, que incluye la reelección indefinida y disposiciones que permitan sujetar más la Justicia al poder político. Lo hizo temporariamente, porque la retomará después de octubre.

La audaz maniobra de Alperovich mereció una no menos ácida reflexión del obispo retirado de Misiones, Joaquín Piña, quien pasó a la historia argentina por haber tumbado el intento reeleccionista de Carlos Rovira. “Hay que impedirlo por todos los medios posibles”, declaró a “Crítica de la Argentina“.

Experimentados legisladores del oficialismo, en reflexiones privadas, descreen de la viabilidad del plan continuista. Ven que su debilidad política le impidió al gobernador proyectarse a la escena nacional con fuerza y que se equivocó con el manejo de algunos asuntos claves. La desazón ganó a quienes impulsaron una política de choque sin concesiones con el Colegio de Abogados. La designación de jueces subrogantes es aún una materia pendiente y el giro insinuado por la Casa de Gobierno no cayó nada bien en las primeras espadas del bloque mayoritario.

Agenda sin fechas

Existen opositores, eso es indiscutible. Pero la oposición no estructuró aún una oferta seductora para los disgustados con el esquema gobernante en Tucumán y en el país. Quienes entienden que octubre de 2009 y los comicios de 2011 son una sola cosa proponen que se debata sobre lo que serían el pos-alperovichismo y el pos-kirchnerismo. Estos ejes interesan a quienes no se asociaron con la Casa de Gobierno en forma encubierta o se pusieron el traje de opositores light.

El peronismo disidente se astilló en más de un fragmento en Tucumán. Fernando Juri aumentó su exposición pública por medio de su inserción en diferentes movilizaciones y de reuniones con dirigentes peronistas del interior. Mantuvo al mismo tiempo contactos con Ernesto Padilla, Raúl Topa y José Costanzo, que se agruparon en un espacio de centro-derecha. No descuidó, por cierto, su vinculación con Eduardo Duhalde, que es su referente nacional. Afirman en su entorno que el diálogo con José Ricardo Falú se producirá de un momento a otro, aunque reconocen que no hay apuro. El ex ministro se respalda en su propio partido y en sus nexos con colaboradores de Elisa Carrió.

A la vez, el ex vicegobernador Julio Díaz Lozano se recostó por fuera del peronismo institucionalizado, y afianzó su relación con Héctor Monayer y otros dirigentes de la Coalición Cívica. El encuentro con Juri espera fecha. La negociación trabajosa no entra dentro de los cálculos de esos hombres de la política.

Si supera su crónico internismo, el radicalismo de Tucumán puede capitalizar el efecto positivo del acercamiento entre Gerardo Morales y el vicepresidente, Julio Cobos. El legislador José Cano estima que la alianza con el socialismo en la provincia será un hecho, mientras mantiene contactos aceitados con dirigentes del sector autoconvocado del campo. Empero, aún no se vislumbra la emergencia de un liderazgo capaz de aglutinar a los descontentos.

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