Plaza Congreso: otra vez muestra signos de abandono y vandalismo

Plaza Congreso: otra vez muestra signos de abandono y vandalismo
Tiene monumentos rotos, pintadas, una fuente está seca y hay gente viviendo allí.
Inaugurada en 1910, la Plaza del Congreso es mucho más que el espacio verde más grande del Centro de Buenos Aires. Es uno de los paisajes más bellos de la Ciudad, el escenario de importantes monumentos, la antesala de la institución más representativa de la democracia argentina y, en fin, un verdadero símbolo nacional.

Hoy, ver la Plaza del Congreso da pena. Está deteriorada, con sus esculturas llenas grafitis y se ha convertido en un muestrario de la dramática realidad social de la Argentina: durante el día alrededor de 20 indigentes pueblan la Plaza y a la noche la cifra se triplica.

Hace apenas tres años sus monumentos fueron restaurados, igual que varias de las fuentes. Pero ahora el vandalismo y la falta de mantenimiento han arrasado con aquel intento de devolverle su viejo esplendor.

En el Gobierno de la Ciudad dicen que se planea arreglarla recién el año próximo. "No está entre las plazas prioritarias, hay otras que están peor. Mientras tanto se le hace limpieza y mantenimiento, que es lo más importante", explicó a este diario el ministro de Espacio Público, Juan Pablo Piccardo. Aclaró, de todas maneras, que sí se ha hecho un trabajo de puesta en valor integral en la Plaza Lorea (que Clarín comprobó), que junto a la Mariano Moreno integran el conjunto que porteños y turistas llaman Plaza Congreso.

Andrés, Beto y Miguel Angel conviven diariamente junto a la réplica de El Pensador de Rodin pintarrajeada, perros callejeros y variedad desperdicios.

Andrés tiene dos hijos y uno por venir pero actualmente vive sólo en la plaza. Con los ojos húmedos cuenta: "Nunca pensé que iba a estar en la calle, yo no quiero estar acá". Beto llegó hace tres meses a la plaza con su esposa, sus dos hijos y un cochecito. Es que el más pequeño tiene apenas ocho meses. Miguel Angel, de oficio pintor, cuenta que está ahí porque de un día para otro se quedó en la calle.

Sentados sobre colchones y tapados con mantas, los tres cuentan que durante el día aprovechan el calorcito del sol y a la noche se mudan a dormir a la vereda de enfrente, en la puerta del viejo edificio de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, donde hoy funciona la Biblioteca del Congreso. Un grupo de ellos se ubica al lado del monumento principal, "A los dos Congresos", inaugurado en 1914. Hay un gran contraste debido a que esta construcción ha sido totalmente reciclada y está en buen estado.

Unos pasos más adelante, la plaza comienza a mostrar su falta de mantenimiento. La mayoría de los copones y columnas de luz tienen sus bases de granito colmadas de antiguos grafitis borroneados.

Al cruzar la calle Montevideo, en otro sector, la fuente central no está en funcionamiento. Ante la ausencia de caniles, algunos paseadores de perros toman las áreas parquizadas que se encuentran rodeadas de rejas. Allí los animales hacen sus necesidades.

En el ministerio de Espacio Público tienen un ránking de plazas porteñas, en el que cada una es calificada con entre 1 y 4 puntos, de acuerdo a su estado. La Plaza del Congreso tenía 2 puntos (regular), por su suciedad y descuido. Ultimamente, luego de los trabajos realizados en Plaza Lorea, los inspectores porteños subieron la calificación a 2,8.

"Cuando nosotros vinimos a la plaza había un solo linyera, que se llamaba Matías", comentó Claudia, que atiende un quiosco de pochoclos hace 25 años en la Plaza del Congreso. Lejos han quedado esos días.

Algunos cuentan que por las noches llegan más personas a dormir allí. La gran cita es los lunes y algún otro día de la semana, cuando organizaciones sociales les sirven comida alrededor de las 21.30. Se acercan personas que viven en la calle en sectores cercanos y llegan a ser alrededor de 90.

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