Sin plata, sin pobres, sin palabras...

El conflicto con los médicos sigue siendo el gran problema que afronta el gobierno provincial. Yedlin tiró la última ficha, mientras hay autoconvocados que viajan
Sólo el 8% de los tucumanos encuestados por el egoísta Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) cree que la atención que recibe en el área de salud es mala. Eso lo escucharon uno o dos legisladores (Susana Montaldo y Daniel Heredia) que se interesaron y algunos ministros (pocos) que asistieron al llamado del secretario de Relaciones Internacionales José Vitar.

El PNUD había hecho un trabajo profundo para determinar cómo se veían las instituciones y cómo se interpretaba el rol que viene cumpliendo el Estado en la provincia. Lamentablemente, lo que debería ser público se mantuvo bajo siete llaves: el PNUD se guardó el informe completo que muy pocos quisieron ir a escuchar a la Casa de Gobierno. Trascendieron datos pero el resto se escondió a la espera de que el único difusor fuera el organismo.

En ese estudio se podía saber que un porcentaje importante de la población cree que la seguridad ha empeorado. El ministro Mario López Herrera había sido invitado, pero no pudo asistir porque estaba espiando cómo se desarrollaba la marcha del miércoles. Los protagonistas fueron los mismos galenos que, según la encuesta, un 30% de ellos brinda una buena atención.

Leña y nafta al fuego

Una de las grandes estrategias del gobierno de José Alperovich fue echar leña y nafta al fuego de la marcha de los médicos. El viernes pasado el mandatario provincial ordenó al Siprosa que vaya a Tribunales a denunciar -sin dar nombres- a los médicos por abandono de persona. La Justicia hasta aquí no encontró nada y, aparentemente, el expediente de esa causa tiene más posibilidades de ser archivado que de engordar con más folios.

Estos presagios no hacen gracia y tampoco son buenos augurios para el gobernador, que no encuentra el hilo para salir del laberinto. La Justicia tampoco salió muy bien parada del estudio del huidizo PNUD. Cerca del 50% de los encuestados afirmó que los magistrados no son imparciales.

En Tribunales no sólo están preocupados porque el conflicto médico se les cuele en el edificio. En realidad, aunque se hagan los distraídos, muchos miran al jueves 8 de octubre porque ese día se elegiría al Presidente de la Corte Suprema de Justicia (el 12 vence el mandato de Antonio Gandur). Desde hace meses esta elección es tema de debate porque define un lugar trascendente para los próximos dos años. Por eso cada acción de un vocal es leída como parte de una campaña personal o como una señal de que quiere ser o simplemente de desinterés por sentarse en la poltrona más alta del piso superior de la Justicia tucumana.

Por esas cuestiones es mirada con suspicacia la creación de la Oficina de Violencia Doméstica en ámbitos tribunalicios. Llega en mal momento, por un lado porque iría a ese lugar un pariente muy cercano del decano de la facultad de Derecho, José Luis Vázquez, y se interpreta en los pasillos como una acción apurada de la vocal Claudia Sbdar. En segundo lugar los nombramientos siempre se prestan a discusión. No hay que olvidar lustros atrás, cuando el entrecruzamiento que muchas veces se hizo entre parientes de la Justicia provincial con el Tribunal de Cuentas o con la Justicia Federal a la hora de realizar las designaciones puso una lupa sobre Tribunales.

"La Justicia está igual, es deficiente", es la respuesta que eligió el 48% de los consultados por el sondeo del PNUD. Será duro el desafío para la persona que tome las riendas de este poder.

Confianza y esperanza

Mientras las leyes y los poderes se ajustan a los intereses del momento, las palabras son valores fundamentales para la vida en sociedad que se apoya en algunos valores para seguir confiando en el futuro.

Esta semana la confianza y la esperanza sufrieron un sacudón porque un organismo del Estado fue capaz de engañar. Y, si es el Estado el que miente, se complican la vida y las relaciones de los ciudadanos.

El Instituto Nacional de Censos y Estadísticas dio a conocer los datos de la pobreza. La oposición, la Iglesia y muchos argentinos vienen advirtiendo sobre el aumento de los índices de pobreza en el país. El Indec no sólo no les dio la razón sino que, por el contrario, detectó que había menos en el primer semestre del año respecto de igual período de 2008. La medición oficial bajó de 17,8% a 13,9%. En ámbitos privados calculan que la cifra es del 40%. Los estudiosos del oficialismo llegan a reconocer que podría estar en 33% o 35% pero se callan.

"Siento vergüenza, prefiero no hacer declaraciones", le indicó un experto con despacho en la Casa de Gobierno a LA GACETA. "Yo me imaginaba algo así. Hace tiempo que voy a los comedores y cada vez va más gente y hasta se ve a los chicos rascándose la cabecita", advirtió un legislador que simpatiza con el oficialismo y que tampoco se atrevió a dar su nombre. La realidad se da de bruces con estos números mentirosos. Lo grave es que los castillos que se construyen sobre cimientos falsos, se derrumban. La Argentina se ve obligada a realizar presupuestos en base a estas cifras. El país y la provincia, obviamente, tiene que trazar políticas y hacer proyectos a partir de datos como estos. Si son falsos o irreales, ¿cómo hace un funcionario que tiene que poner más fondos o conseguir más subsidios para combatir la pobreza si los números dicen que hay menos pobres? Si a un médico su paciente le miente los síntomas, el diagnóstico será errado y, por lo tanto, la medicación fallará. Y, seguramente, el paciente terminará bastante mal. ¿Cómo van a hacer los políticos para tomar decisiones en base a datos falsos? ¿Cómo harán el diagnóstico? ¿Qué líneas políticas se seguirán si los síntomas sociales no son verdaderos?

Más allá de las simpatías por los interlocutores, las parroquias son un claro termómetro de los humores sociales. El propio Gobierno provincial ha empezado a notar señales en sus áreas sociales y, por último, hace unos meses, el Poder Ejecutivo Nacional lanzó un programa de trabajo para revertir índices que influyen sobre los argentinos, cuyos ingresos son insuficientes para salir de la pobreza.

Sin política ni rumbo

Entre los datos que originariamente se habían puesto a disposición de la prensa por parte del PNUD, se precisó que el 80% de los tucumanos no tiene voluntad de participación. Sin embargo, los médicos que participan y suman adeptos cada día son los que están marcando la agenda política poco a poco. Para esta semana tienen previsto nacionalizar el conflicto.

A nivel país, la gestión alperovichista se convirtió en modelo, principalmente por su administración de la salud. Tanto es así que Juan Manzur llegó al Ministerio de Salud de la Nación. Ahora Tucumán podría trascender por conflictos. Si bien se trata de un problema salarial, los galenos llevan en sus valijas otras deficiencias de la gestión. Obviamente, Alperovich está que trina y, por primera vez, falla la política. No halla la salida y sus ineficientes "sijosesistas" no saben qué hacer. Sobre el filo del fin de semana, el solitario Pablo Yedlin apostó a las palabras y recurrió a algunos valores en busca de una solución. El ministro de Salud Pública no debería sorprenderse si no lo escuchan. De todos modos su apuesta es valiosa porque rescató la importancia de la palabra y de la confianza.

"No se trata de hablar,/ ni tampoco de callar:/ se trata de abrir algo/ entre la palabra y el silencio", recomienda el poeta Roberto Juarroz.

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