La Plata llama a la plata

La Plata llama a la plata
ESTUDIANTES 2 - INDEPENDIENTE 1: Estudiantes, insaciable, mantiene el hambre de gloria. Ayer le mostró al Rojo lo lejos que está de ser un equipo con chapa de campeón.
La pelota picó cerca de la línea de cal en la mitad de la cancha, y mientras Busse la daba por perdida y frenaba la corrida, Benítez seguía la jugada, llegaba con aire de sobra y no sólo evitaba el lateral -que era para Estudiantes- sino que desde ahí generaba un ataque... Tan simple y llana es esta imagen que ilustra la diferencia radical que hubo entre Estudiantes e Independiente y pone de manifiesto la idiosincracia del equipo de Sabella: es insaciable.

El León te avasalla, tiene hambre de gol, de triunfos, de más gloria... Porque la gloria ya la conoce, pero no le alcanza. Es un equipo comprometido en un fin común de presión, entrega y solidaridad; su juego funciona con precisión suiza y aunque se cambien las piezas, se mantiene compacto. Así, tiene tan en claro adónde va que es imposible correr la mirada. El campeón de América se pone la chapa de candidato en el Apertura. Y sí, La Plata llama a la plata.

La contracara es un Independiente que por más que se esfuerza no puede salir de abajo de la línea de la pobreza. Le pone ganas y aunque parece que puede dar más, a veces le hacen falta vitaminas. El equipo del Tolo careció ayer de solidez defensiva y el desorden se hizo tan constante como el 'sacala que quema'. De fútbol estuvo famélico, especialmente en el segundo tiempo, cuando no tuvo la fuerza para que no se impusiera el rival. En síntesis, empuja el chango de la esperanza de lo que quiere ser pero va cuesta arriba. Y así las chances de luchar se le desvanecen en la cara, como ayer.

En lo futbolístico, las pretensiones de Estudiantes fueron evidentes desde el vamos. Sabía que a Independiente tenía que atacarlo por la izquierda y a los 3 minutos ya le ganaba el partido. Gallego aún no le encuentra la vuelta a los problemas que tiene por ese sector. Y Clemente Rodríguez pasaba como un avión, mientras Enzo Pérez se mandaba sin peaje ante un Godoy que no podía cubrir a Mareque y a Patito a la vez, además de marcar a los dos del Pincha y lidiar con Braña. A Galeano lo entretenía Salgueiro, Matheu se desparramaba para cubrir los huecos y que no se le fuera de órbita Bosselli, y Acevedo tenía entre ceja y ceja a Verón, ya que todos los pases se los ponía a sus espaldas para que Benítez se empachara con la diagonal.

Enfrente, el único momento de gloria que conseguía el Rojo era cuando Busse, de contra, aprovechaba la retaguardia de Benítez y Gandín usaba el cuerpo para ganar alguna falta. Porque la apuesta de Independiente era la pelota parada, pero sólo una vez le dio frutos y fue el 1-1.

En la segunda etapa, el Rojo ya no pudo hacer mucho. Estudiantes se lo comió, lo empujó, le tiró la chapa encima y sin Verón, pero siendo el mismo, no paró hasta que encontró lo que quería: ganar.

Así, saltó a la vista que al Rojo le falta mucha sopa como equipo. La que le sobra al León.

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