La planta de personal público aumentó el 65 % en 25 años

El sector público provincial suma 111.124 agentes. Los cargos políticos en los tres poderes no llegan a los 600 según datos de la Subsecretaría de la Función Pública.
“La burocracia frena”. “La burocracia es una máquina de impedir”. “Se deben simplificar los procedimientos”. “Cualquier proyecto muere en la maraña de trámites”. Esta y otras expresiones se han escuchado sucesivamente entre quienes estuvieron a cargo de los gobiernos de la provincia.

Verdades y embustes a media, lo cierto es que, muchas veces, la excusa llevó a que cada equipo que llegaba a la Casa Gris fuera colocando su propia gente en todo tipo de lugares y funciones. Primero, con la transitoriedad de un mandato, pero, al final, terminando con el ingreso a planta permanente.

En general, no hubo una búsqueda de profesionalismo ni tampoco un sentido de pertenencia y compromiso con un proyecto mayor —dotar a la provincia de mejor calidad de servicios—, no llegándose a superar una cuestión partidaria o de necesidad personal.

De reformas administrativa y del Estado se ha hablado con mayor frecuencia que hechos producidos, y bajo ese paraguas se crearon capas sucesivas de estructuras. El actual gobierno tampoco es ajeno a esta conducta.

En momentos de crisis, el Estado pasó a ser el “gran tomador de empleo” y la contrapartida fueron durante muchos años los bajos sueldos, la falta de incentivos y también de correctivos. Asimismo, el complemento de una actividad privada profesional, que incluso se ha desarrollado en las horas que le correspondían al trabajo en el sector público. El desempleo en 1983 se ubicaba en el 9,1 % en el aglomerado Santa Fe, en tanto que el segundo semestre de 2008 marcaba 12,6 %, siempre según datos oficiales del Indec.

Todo ello ha llevado a que “ la Administración”, como se la denomina, cada tanto “esté en la picota” y que goce de un juicio generalmente negativo, aunque éste no sea justo en un sinnúmero de casos particulares. De todas formas, de una u otra manera, se ha ingresado en una inercia que hoy no responde a las necesidades de un Estado moderno, ágil y resolutivo.

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