La planta depuradora sigue fuera de servicio

Así lo informó esta semana la Dirección de Servicios Sanitarios. Su puesta en funcionamiento requiere una inversión cercana a los tres millones de pesos.
En la gacetilla de prensa no se fijan plazos para recomponer la situación.

El martes a la tarde, desde la Dirección de Servicios Sanitarios se informó, mediante una gacetilla de prensa, que desde diciembre del año pasado la planta de tratamiento de efluentes del barrio San Bernardo se encuentra “en parada programada y controlada por el Organismo de Control de Buenos Aires (OCABA)”.

En el escueto informe de prensa se comunica que “se espera la llegada de partidas presupuestarias para llevar a cabo las refacciones de las instalaciones. Es necesario cambiar el sistema de aireación del reactor biológico, incorporar bombas e instrumental de la estación de bombeo”.

Por intermedio de esa gacetilla, la directora de Servicios Sanitarios, Viviana Sotelo, explicó que “hace falta el acondicionamiento electromecánico y la ejecución del troncal de entrada que se encuentra colapsado”.

Además, se agrega que “actualmente se están llevando a cabo los procesos básicos de mantenimiento: cloración y retención de sólidos a través del tratamiento de rejas”.

Así termina la comunicación que, sin explicitarlo, da cuenta de una situación muy complicada. El funcionamiento de la planta depuradora nunca estuvo exento de problemas durante la gestión del ex intendente Miguel Prince. Por esos años, los vecinos del barrio San Bernardo reclamaron, en varias oportunidades, ante las continuas emanaciones que despedía ese centro de tratamiento de líquidos cloacales.

En una entrevista que este bisemanario le realizó a Sotelo en julio último, la funcionaria explicó que “la parada programada se inició apenas asumí el cargo. Había olores y quejas en el barrio, se paró la planta, se hizo la maniobra de vaciado, de limpieza del reactor biológico y se empezó a eliminar el efluente con un proceso de retención de arena y cloración”.

Cuando se consultó sobre la calidad de los líquidos que eran arrojados al río Luján, Sotelo expresó que los efluentes cloacales “no van en las condiciones y en los valores que deberían tener después del paso por una planta de tratamiento”.

“Esto es una medida de contingencia. La realidad es que la planta no funcionaba bien. El líquido no llegaba bien al río y además generaba olores. Lo que no puedo dejar de hacer es parar la planta y hacer lo que se debe. Todo se traduce en números. Hasta que lleguen los recursos, pretratamos la parte física y desinfectamos con cloro”, agregó la directora de Servicios Sanitarios.

La salida de funcionamiento de la planta representa, sin dudas, un alivio para los vecinos cercanos a ese predio. Sin embargo, el olor se trasladó ahora al otro lado del río y se sumó a las vidas de las personas que viven a la vera de ese maltrecho curso de agua (ver recuadro).

Esta semana, EL CIVISMO recorrió la zona donde se produce la descarga de los líquidos cloacales que, desde diciembre, llegan al río luego de recibir un tratamiento mínimo.

Un enorme caño de metal, ubicado casi debajo del puente de la autopista del Oeste, expulsa litros y litros de efluentes que espesan el agua y la atmósfera.

De manera gráfica, y por el olor que se respira, podría decirse que a esa altura el río se parece a una cloaca natural a cielo abierto.

Todavía no existe una fecha aproximada para la puesta en funcionamiento de la planta. En la entrevista de julio, Sotelo habló de un monto de obra cercano a los 2.700.000 pesos, cifra que el municipio espera sin resultados positivos desde hace 10 meses.

Mientras tanto, la descarga de los líquidos cloacales en esas condiciones representa una problemática ambiental que se suma a otra registrada, a escasos kilómetros, desde fines de 2006: los tanques atmosféricos continúan arrojando sus desperdicios líquidos, sin tratamiento previo, en el basural municipal. Para ese tema, tampoco hay fecha de solución.

¿Los vecinos?

El enorme caño que descarga sus líquidos en las aguas del río descomprime la situación en el barrio San Bernardo. Pero ¿alguien se preguntó qué opinan o cómo se sienten a escasos metros de la olorosa descarga? En ese sector de los barrios San Fermín y La Loma, a la vera del río, depende del capricho del viento tener que soportar olores.

Esas costas del río sufren todas las agresiones ambientales posibles. Entre montes salvajes y calles que mueren en ellos, se amontonan pilas y pilas de basura, un verdadero deleite para roedores.

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