Los planes del hombre que le ganó a Kirchner

Los planes del hombre que le ganó a Kirchner
Encerrado en su oficina, con la barba algo crecida, más flaco y siempre de traje, el hombre que le ganó a Néstor Kirchner diseña una estrategia para mantener la presión sobre el Gobierno. "No me la creo", dice en privado, mientras prepara ya su plan para llegar al poder en 2011.
Habló del tema con Mauricio Macri y con Felipe Solá. Los tres trabajan para que el peronismo que amaga con abandonar a Kirchner, se sume al proyecto de ellos.

El primer objetivo de "El Colorado", como le dicen los íntimos, es no perder tiempo para plantarse ante el Gobierno. "Kirchner está terminado. Se cayó un sistema. Tenemos que actuar y rápido", dijo en una de charla reservada.

Por eso habló con sus socios políticos, con gobernadores del PJ, con Hermes Binner, y hasta con Cobos. Quieren acordar al menos tres leyes para votar en el Congreso apenas se retomen las sesiones: eliminar superpoderes, una ley agraria y dar marcha atrás con la reforma al Consejo de la Magistratura.

Cobos es un aliado para buscar imponer desde el Congreso una agenda parlamentaria.

En ningún caso se analiza esperar hasta que asuman los nuevos legisladores en diciembre. Esa será la primera señal hacia Gobierno, al que prometen apoyar hasta 2011. Sólo en privadísimas conversaciones no descartan una crisis política anticipada.

Macri y De Narváez tienen información reservada de adentro del Gobierno sobre el estado de ánimo del matrimonio Kirchner: aún no asimilaron el golpe.

Un "amigo" le comentó a uno de ellos cómo la Presidenta le habría pedido la renuncia a Guillermo Moreno y Néstor Kirchner desde Olivos se resistía a entregar a uno de los más fieles militantes de la causa K.

"Hay que darles tiempo. Una semana, no más. No se dan cuenta de que ya no pueden imponer nada", dijo De Narváez en las últimas horas. Hasta varios ministros dicen que sus jefes tienen una lectura errada de lo que pasó.

Lo mismo piensa Carlos Reutemann, al peronista que más le suena el teléfono desde la madrugada del domingo. "Hay que darle una semana a la Presidenta", dijo "El Lole".

De Narváez sostiene que si no plantean ya los temas en el Congreso, podría repetirse el escenario de julio del año pasado con el "voto no positivo" de Cobos. "En ese momento el Gobierno quedó herido y en cinco meses Néstor Kirchner otra vez manejaba el país", contó ante un testigo en su oficina del barrio de Las Cañitas.

Kirchner intenta en esta horas reconstruir poder y la propia supervivencia del kirchnerismo. El PJ ya resiste su primera decisión de que Daniel Scioli conduzca el PJ al 2011. Y para colmo hace horas llegó Eduardo Duhalde. Había viajado al exterior para no estar en las elecciones y ahora planea rearmar el partido.

Duhalde se había ido algo enojado con De Narváez. El siempre quiso que encabezara la lista Solá, pero a la vista de los resultados la relación podría recomponerse.

Scioli habló por teléfono con De Narváez. Lo felicitó. La charla fue corta pero amable. "Daniel, este triunfo no es producto de la casualidad. Me gustaría que definas si vas a asumir la banca", le dijo el ganador. El gobernador bonaerense horas después hacía el anuncio con Kirchner de que seguía en su cargo.

Scioli y De Narváez son amigos, de esos que se llaman para el cumpleaños. Pero "El Colorado" no le perdonará jamás haberse sumado la campaña de Kirchner para instarlo a declarar por la causa de la efedrina. "Todavía me duele esa actitud. En la campaña no vale todo. Daniel se prendió en la maniobra de Kirchner. Scioli es Kirchner", dijo De Narváez en la intimidad.

En la fría mañana del jueves, por consejo de sus abogados y porque lo había prometido antes de la elección, fue a ver al juez que investiga la ruta de la efedrina, Federico Faggionato Márquez. Le pidió lo cite cuanto antes, pero hay feria judicial. Se miraron a los ojos y De Narváez le dijo que estaba a su disposición. Todo duró cuatro minutos.

De Narváez no se "siente la última Coca Cola en el desierto", como suele decir para no sobredimensionar su triunfo. Pero sabe que ganó protagonismo político y muchos votos. El festejo del triunfo sobre Kirchner duro hasta las cinco de la mañana del lunes y luego de dos horas de descanso, De Narváez arrancó otra vez. Lo raro en él es su reacción frente al nuevo escenario. No es político tradicional, es un empresario que se maneja en política con una visión profesional. "Siempre creí que ganábamos. Le hablamos a la gente y ganó el cambio", dijo en un repaso de la campaña. Cumplió su objetivo y ahora va por otro: la gobernación bonaerense. "Un período solo servirá para cambiar cosas", promete. Es categórico cuando se le pregunta por alguna ambición presidencial. "No", afirma y repite lo mismo si escucha que se mencionan supuestos sondeos en la Corte Suprema para preparar un recurso que le permita ser candidato: por haber nacido en Colombia no puede aspirar a la presidencia de la Nación.

Está jugado en el proyecto de Macri 2011. Se define como un "constructor colectivo" pero su alianza con Macri no es incondicional: el candidato presidencial de 2011 debe resultar, según repite, de una elección interna. "El gane la interna será el candidato", dice. Y no descarta que Reutemann pueda también estar en el espacio.

"Hay un peronismo que se va y otro que viene. Son dos trenes. Scioli se quedó en el tren que se quedó en la estación. Hay mucho que estamos en el otro, el que arrancó", suele decir. La pelea por la conducción del peronismo no le interesa, aunque hubo una incipiente negociación reservada. Ramón Puerta y Juan Carlos Romero, hablaron de reagrupar el PJ con él, con Solá y con Macri.

"Se están peleando por quién tiene la tumba más linda del cementerio. Y yo estoy en la maternidad", ironiza De Narváez. Está distendido, feliz con los resultados pero no "mareado", como cuentan los suyos. Como empresario devenido en político dicen que no lo "deslumbra" la situación, pese a que es el hombre que derrotó a Kirchner, Scioli y al aparato del PJ bonaerense. "Trabajamos mucho para esto. Nadie daba dos pesos por nosotros y acá no hubo nada librado al azar", afirma distendido en el último piso de su búnker rodeado de plantas.

El único momento que se quebró fue después de escrutado el 40 por ciento de los votos. En un salón cerca del escenario del festejo se abrazó con su esposa Agustina Aylón. Lloró un rato.

Se dio cuenta que ganaban cuando el secretario de medios, Enrique Albistur, anunció a las 18.01 horas que el oficialismo ganaba por siete puntos. En ese instante le dijo a Macri: "Ganamos. Acaban de anunciar su derrota. Es el mensaje del perdedor". El festejo fue íntimo y esperaron horas para salir a mostrarse sonrientes.

Ya se reunió con Solá y los hombres de cada distrito bonaerense para definir la agenda para Legislatura bonaerense. Después que pase el pico de la gripe A, De Narváez tiene pensado volver a cada uno de los lugares que visitó durante la campaña. Trabajará en varios frentes: en el Congreso, en el territorio, y en los medios.

Pensó en pedir una audiencia a la Presidenta. No lo hizo porque podía caer muy mal a los Kirchner. Pero no van a ceder la presión para que el Gobierno acuerde con la oposición.

Sólo en privado, los socios que le ganaron a los Kirchner dicen que están preocupados por el escenario político.

En lo personal, De Narváez se tomará un tiempo para estar un poco en familia. Su esposa será madre en quince días. Y los hijos más chicos, Milena y Juan, lo reclaman. Lo vieron poco por la campaña Juancito, el varón de tres años, cree que su padre trabaja en la televisión.

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