Un "plan B" podría ser peor

Por: Jorge Oviedo.

Cuando en 2007 las cuentas fiscales empeoraron y Venezuela ya no pudo ser el costoso prestamista de la Argentina, los Kirchner aumentaron las retenciones. Meses después, con el gasto fuera de control, volvieron a intentar con el mismo instrumento. Fracasaron y optaron por confiscar los ahorros acumulados en las AFJP.

En 2009 la recaudación flaqueó y entonces apelaron a descapitalizar al Banco Central, a gastarse un aporte del FMI y a apropiarse de recursos de la Anses, el PAMI y las provincias, entre otras jurisdicciones.

Con el déficit fiscal en alza y la adhesión popular en baja, los Kirchner creen que la única manera de sostenerse en el poder con posibilidades de llegar con algún respaldo a 2011 es garantizarse la caja, y, por ello, apelaron a las reservas del Banco Central.

La gran pregunta es a qué apelarán si no pueden hacerse de ese dinero. Los Kirchner jamás quisieron hacer ejercicio de la prudencia fiscal y moderar el ritmo de incremento del gasto, incluso, cuando tenían gran apoyo popular. ¿Por qué lo harían ahora cuando tal vez estén más acertados que nunca en pensar que, para sus aspiraciones de quedarse hasta 2015, sería un desastre?

Cuando eligieron apropiarse de las reservas para cubrir el rojo fiscal pensaron que pagarían costos mucho menores que si recurrían a alguno de los proyectos alternativos en danza.

Apropiarse de parte de la liquidez bancaria, pensaron, podría haber hecho retornar la fuga de capitales. ¿Lo intentarán ahora o seguirán esperanzados, con un poco de razón, en que alguna bancada amiga le facilite con una ley el uso de los fondos? No es imposible si se observan en detalle las posturas de Proyecto Sur, de Fernando "Pino" Solanas, quien frecuentemente hace discursos contrarios a la actual administración para terminar apoyándola.

Respecto de los últimos conflictos, el Proyecto Sur ha dicho que no hará nada para defender a Martín Redrado. Es decir, que no aportará los votos para rechazar el decreto de necesidad y urgencia que, obviando los mandatos de la Carta Orgánica, desplazó al presidente del Banco Central. También ha dicho que no participará en ninguna reunión legislativa en la que se trate el pago de la deuda, con reservas o no, si no se discute primero la legitimidad de la deuda.

En síntesis, que no participarán tampoco de una sesión de Diputados en la que se analice rechazar o no el decreto 2010/2009. Es lo que le conviene al Gobierno, que tiene muchas más posibilidades de lograr la aprobación en el Senado, y con eso le alcanza para que el decreto sea ley.

Y, además, Proyecto Sur dice que defenderá el uso de las reservas, pero para pagar gastos sociales. Música para los oídos de Cristina Kirchner, que financiaría por esa vía parte del gasto social y se le liberarían recursos para pagar deuda.

Otros bloques opositores podrían estar de acuerdo con una utilización limitada y acotada de las reservas del Banco Central para pagar gastos corrientes, como el pago de deuda pública, a condición de que quede algo para su propio gobierno, si como esperan, llegan a la victoria electoral en 2011.

Es verdad que hay legisladores que se oponen totalmente y con acierto a la utilización de las reservas para pagar gastos, pero, tal vez, no sean mayoría. Venezuela, que ha abusado de esa clase de manejos y ha ignorado las advertencias, podría ser para la Argentina "El espejo desordenado" que muestra el futuro en el cuento de Manuel Mujica Láinez.

En realidad, el que tiene la llave para impedir el uso de las reservas es el juez norteamericano Thomas Griesa. Nadie en su sano juicio querrá disponer de esos recursos si, de esa manera, abre la puerta para embargos internacionales.

En otras oportunidades, la disciplina provino de fuera. Si esta vez ocurriera, no sería novedad. La operación maquillaje del déficit y la angustiosa necesidad de financiamiento denominada pomposamente Fondo del Bicentenario son nada más que pedidos desesperados a los prestamistas de fuera del país, luego de haber agotado casi todas las fuentes locales.

Algunas alternativas comenzaron a desarrollarse. Aníbal Fernández anunció anoche en el panegírico kirchnerista televisivo 6, 7, 8, que como copia fiel de un programa de la televisión cubana emite Canal 7, que se utilizarán reservas para pagar los vencimientos con los organismos multilaterales. Se repetirá el mecanismo por el cual Néstor Kirchner pagó al FMI todas sus acreencias por anticipado y sin quita.

Serias consecuencias

Otros sistemas de financiamiento podrían tener consecuencias serias. Por ejemplo, aumentar el ritmo de emisión de dinero para poder sostener el creciente nivel de gasto. O echar mano de parte de la liquidez bancaria para colocarles compulsivamente a las entidades un bono del Banco Central o aplicarles un encaje remunerado.

La gran tentación es por los llamados "dólares sin aplicación". Las entidades tienen depósitos en moneda norteamericana que no pueden prestar a quienes no tienen ingresos en moneda extranjera. Por ello permanecen inmovilizados, rindiendo muy poco interés a sus titulares y aumentando el pasivo de las entidades. Esas herramientas conllevan el riesgo de la inflación y el retorno de la fuga de capitales.

El Gobierno, enceguecido, no hace más que porfiar y empeorar los problemas que su propia torpeza generó. Desde hace más de dos años, recibe todos los indicios de que su política fiscal se ha retornado insostenible, pero no atina siquiera a hacerle mínimas correcciones. Fue el ministro Amado Boudou quien convenció a los Kirchner de que conseguiría financiamiento para pagar la campaña reeleccionista. ¿Dependerá su continuidad en el cargo de que pueda cumplir con su promesa?

Tiene razón el Gobierno cuando dice que hay que salir del default con los bonistas y con el Club de París. Sería bueno que tomara otras decisiones razonables y no la de pagar a cualquier precio.

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