El Plan B de Obama para Afganistán

La guerra es cada vez más impopular, pero los militares le piden que mande un refuerzo de cuarenta mil soldados.
Barack Obama comenzó una serie de reuniones con su equipo de seguridad nacional sobre una reevaluación pivotal de la estrategia de Estados Unidos en Afganistán. Esencialmente se enfrenta a la elección reducir una guerra cada vez más impopular o aceptar un pedido de su más alto comandante en el país de enviar hasta 40.000 tropas estadounidenses al conflicto que ya lleva ocho años. Aun antes de que comenzaran las deliberaciones, la deteriorada situación en tierra fue puesta en relieve por una bomba al lado de un camino, que se cree que fue colocada por los insurgentes talibán y que mató a por lo menos 30 civiles que viajaban en un ómnibus de Herat a Kandahar.

El incidente, uno de los más mortíferos de ese tipo en meses, sucedió días después de que la ONU dijera que morían más civiles que en ningún momento desde la invasión de 2001 (casi tres cuartos de ellos por los talibán). También subrayó el dilema que enfrenta el presidente de Estados Unidos, quien está confrontado por una creciente resistencia del público y dentro de su propio partido demócrata a un mayor compromiso militar con la guerra y que, por otro lado, sabe demasiado bien que los riesgos de una retirada pueden resultar en una renovada toma del país por los talibán.

La reunión de ayer fue sólo el comienzo y es probable que no se tome una decisión final hasta dentro de varias semanas. Se cree que el general Stanley McChriystal, el comandante de las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán, está buscando un aumento de las fuerzas de entre 30.000 y 40.000 hombres, pero ese pedido todavía no le ha sido entregado al presidente.

"Esto no va a estar terminado en una sola reunión ni estará terminado en varias reuniones", dijo Robert Gibbs, el vocero de la Casa Blanca. Anders Fogh Rasmussen, el secretario general de la OTAN, enfatizó el mismo punto después de sus conversaciones con Obama ayer. La estrategia general era el elemento más importante, dijo Rasmussen: "Lo primero no son las cifras".

La presión sobre Obama creció abruptamente en los últimos meses como resultado del aumento de muertos de los ejércitos estadounidense y aliado, las crecientes pérdidas civiles y una elección supuestamente manchada de corrupción ganada por el actual presidente, Hamid Karzi, y anteriormente la filtración de un informe del general McChrystal advirtiendo que, sin más tropas de Estados Unidos, la guerra podría perderse efectivamente en 12 meses.

El único punto sobre el cual parece haber un acuerdo es que –para bien o para mal– Karzi continuará en el poder, con o sin una segunda votación. Los funcionarios estadounidenses dijeron que Hillary Clinton, la secretaria de Estado de Estados Unidos y sus principales contrapartes de la OTAN llegaron a un consenso con respecto a esto en una reunión simultánea con la Asamblea General de la ONU, llevada a cabo la semana pasada.

La Comisión Electoral de Quejas de Afganistán está revisando miles de quejas de fraude electoral que surgen de las elecciones del mes pasado y un resultado final puede conocerse en 10 días. Karzai, que lidera un resultado del 54,6 por ciento, admite que algún fraude tuvo lugar, pero no lo suficiente para afectar el resultado. Pero la pregunta clave no es tanto si Karzai sigue siendo presidente, sino que dada su manchada reelección puede comandar la confianza de su pueblo.

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