Un plan de Obama divide a los EE.UU.

El mandatario inició una gira por varios estados para defender su proyecto de reforma sanitaria, que provocó una ola de protestas
WASHINGTON.- Con una visita a tres estados, un sitio en Internet de la Casa Blanca para terminar con las "calumnias" y avisos en televisión, el presidente norteamericano Barack Obama lanzó esta semana una gran ofensiva para poder sacar adelante la reforma del sistema de salud, el proyecto en el cual se juega buena parte del éxito de su gestión.

El debate en torno a la reforma se ha tornado cada vez más áspero. Y las muestras de hostilidad crecen.

Si bien Obama se sintió cómodo entre los ciudadanos de Portsmouth, New Hampshire, ante los que explicó y defendió su plan, esto se debió en parte gracias al formidable despliegue de policías y servicios secretos en la sala. Afuera, sin embargo, unas mil personas se congregaron para fustigar el proyecto e insultar al mandatario, al que acusaron de mentiroso y tirano.

"Adolf Hitler se dedicó a la aniquilación de los más débiles... Eso es lo que ocurrirá aquí", dijo una manifestante, Diane Campbell.

Muy cerca, una niña enseñaba, junto con su madre, otro cartel con el juego de palabras " Obama lies, grandma dies " ("Obama miente, la abuela muere").

Es que la reforma sanitaria propuesta por Obama divide a la sociedad norteamericana de forma tan tajante como inesperada para la Casa Blanca. La intención oficial es ofrecer cobertura médica a casi 50 millones de norteamericanos. Pero el plan costaría más de un billón de dólares durante la próxima década. Obama prometió hacerlo sin aumentar el déficit, pero ahora el mandatario y el Congreso tendrán que decir cómo.

El ambiente hostil también golpea a los legisladores demócratas que defienden la reforma. En Saint Louis, Missouri, durante un encuentro con ciudadanos en el que la senadora Claire McCaskill intentó explicar el plan ante un auditorio enfurecido. "No entiendo estos insultos -señaló-. En serio, no los entiendo."

"¡Un día Dios te juzgará!", le gritó un hombre al senador demócrata Arlen Specter en un acto en Pensilvania. Y el representante David Scott, en Georgia, encontró una esvástica pintada en el cartel con su nombre en el exterior de su oficina luego de haber participado en una sesión de preguntas y respuestas. "Para todos los que emplean tácticas de miedo allá afuera, lo que resulta realmente aterrador es que no hagamos nada", dijo.

Un debate más profundo

Ellos no son los únicos en su perplejidad, y son muchos los que se preguntan: "¿Qué está pasando en Estados Unidos?". Desde hace días se ven casi a diario escenas de concentraciones ciudadanas contra la reforma sanitaria, en un debate que parece ser de todo menos racional.

Rostros enrojecidos y puños amenazantes evidencian que problema va más allá del plan de salud de Obama. Un comentarista del diario The Washington Post explicó ayer que el debate enmascara uno más profundo: el de la cuestión ideológica de hasta dónde puede y debe un gobierno inmiscuirse en la vida de los ciudadanos. La respuesta histórica de los conservadores a esa pregunta es clara e irreconciliable: lo menos posible, y tanto más cuando la intervención estatal engrosa los presupuestos.

Muchos de ellos señalan que los fondos del plan se usarán para financiar abortos, dar cobertura a inmigrantes ilegales, permitir el cobro forzado de aportes a los seguros de cuentas privadas o "desenchufar" a enfermos mayores que usan asistencia médica mecánica.

Obama, en tanto, siguió ayer con sus actividades, entre ellas la entrega de las Medallas de la Libertad, el máximo honor civil norteamericano, a figuras como el físico Stephen Hawking, el arzobispo sudafricano Desmond Tutu y el cacique Joe Medicine, reconocido por su extensa investigación sobre los pueblos indígenas en Estados Unidos, entre otros galardonados.

En su esfuerzo por explicar mejor la reforma, Obama seguirá su gira por Montana y Colorado. Pero sus detractores también pusieron en marcha su contraofensiva. La Cámara de Comercio lanzó ayer un spot publicitario de tono muy crítico, que se emitirá en 20 estados. El aviso costó varios millones de dólares.

Al abrigo de este clima de crispación, la siembra de falsas informaciones da sus frutos, como ocurrió con la reciente acusación de eutanasia vertida por Sarah Palin. La ex candidata a la vicepresidencia republicana admitió que no conocía el proyecto en detalle, pero afirmó que ya sabía lo suficiente para rechazarlo: el gobierno no tiene derecho a meterse en los hospitales y "condenar a muerte" a su hijo discapacitado, denunció.

Los que apoyan el plan denuncian una información sesgada y aseguran que las protestas están cada vez más organizadas, acaso por grupos de derecha vinculados con intereses de la industria de la salud. Pero la batalla seguramente seguirá.

Agencias AP, AFP y DPA

Un sistema en crisis

* Sin cobertura Unos 46 millones de estadounidenses no tienen un seguro de salud; otros 25 millones tienen una cobertura insuficiente. Cada una de estas personas, cuando se enferma o sufre un accidente, debe costear de su propio bolsillo todos los gastos médicos. EE.UU. es el único país industrializado que carece de un plan nacional de salud.

* Un precio elevado Según las estimaciones, el costo del plan sería de más de un billón de dólares en diez años. La cobertura sanitaria del 95% de la población en ese período debería contemplar un incremento de los impuestos a los dos millones de estadounidenses más ricos. Esto es lo que provoca el rechazo iracundo de los republicanos.

* Salud para los desprotegidos Con el plan de Obama, los ciudadanos de más de 65 años podrían acceder al programa Medicare, gestionado por el Estado. En tanto, Medicaid se hace cargo de familias con sueldos bajos y de personas en riesgo social.

* Gastos en alza Las cuotas para los sistemas basados en el pago parcial de los empleadores han crecido cuatro veces más rápido que los sueldos de los empleados, por lo que su costo se ha duplicado desde 2000.

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