El plan de Massa para 2011 y su reencuentro con los Kirchner

La Presidenta lo agarró de los brazos y le dijo: "La verdad che, se te ve muy bien". El sonrió, como siempre. "Es que, estoy muy bien. Todo el mundo me lo dice", respondió Sergio Massa. Cristina Kirchner agregó: "No me vas a decir que te hace mejor estar afuera del Gobierno, ¿no?". El contacto fue breve y público, aunque muchos no lo escucharon porque fue en voz baja. Sucedió el martes y fue el regreso del ex jefe de Gabinete a la Casa Rosada pero ahora como intendente de Tigre.
Dos días después, Massa compartió una cena con Néstor Kirchner en Tres de Febrero junto a otros intendentes del conurbano. Hasta último momento había dudado en ir. Tuvo y tienen una relación difícil con el ex presidente: Massa dice que Kirchner nunca le perdonó sus planteos por Guillermo Moreno, el Indec y la visión diferente sobre los medios de comunicación. Cristina Kirchner, en cambio, lo defendía bastante en las sobremesas íntimas de Olivos.

"Sergio vos no podés faltar, nos cagás a todos. Nos pones en evidencia", le había aconsejado un intendente con demasiada experiencia en el PJ y conocedor de la personalidad de Néstor Kirchner. Y Massa les confirmó más tarde que iba.

Usó una de sus viejas tácticas: llegar tarde, sobre el límite, cuando ya no queda tiempo para encuentros a solas o charlas previas.

Kirchner y Massa se cruzaron el miércoles a la noche con un "pequeño abrazo". El intendente se quedó a la comida, pero no habló mucho y se dedicó a comer pan.

La táctica de la llegada tarde la usó también el martes, cuando fue invitado a un acto por la construcción de cloacas en algunos distritos, entre ellos el suyo, Tigre. Entró por la parte de atrás cuando el Salón de las Mujeres estaba lleno. Enseguida ceremonial lo puso enfrente del atril donde ya comenzaba a hablar Cristina Kirchner. Se saludó con todos, incluido el ministro de Economía, Amado Boudou, un hombre que consideraba propio y con el que no habló más. "Yo le advertí a varios, Boudou entró bancando a Moreno. Es un error y no podrá hacer mucho. Es lo que está pasando ahora", ha dicho Massa.

A los dos reencuentros públicos con los Kirchner se le suman, en realidad, otros secretos. Massa habló por teléfono con el ex presidente y se reunió con su esposa.

Existe una versión que indica que los Kirchner hasta le habrían ofrecido a Massa, hace un par de semanas, un cargo para regresar al Gobierno. Massa lo habría rechazado.

En su entorno prefieren el silencio; el ex jefe de Gabinete no habla de los Kirchner.

La decisión que tomó Massa en la intimidad de su casa la noche que dejó el Gobierno, hace casi dos meses, fue que no se convertiría en el nuevo Alberto Fernández de la política. Su esposa Malena tenía alguna inquietud por el futuro ante el enojo de los Kirchner. Su marido la tranquilizó. Después sentenció ante sus íntimos colaboradores: "No habló de nada que no sea Tigre y sólo Tigre". .

La Presidenta lo recibió una tarde en la residencia de Olivos por casi tres horas. Hablaron de todo. Kirchner no apareció, aunque con él había tenido algunos contactos telefónicos.

Massa suele decir que, como en el fútbol, "lo que se habla en los vestuarios queda en los vestuarios". Por eso cuenta poco y se cuida demasiado, aunque la charla sea reservada.

Después de unas vacaciones en familia y reasumir en Tigre, empezó una construcción privada y secreta: su ambición es ser candidato a gobernador.

Massa no habla de su futuro como diputado nacional. Pero en privado ha admitido que su futuro sólo está en Tigre, una forma de dar por hecho que no asumirá la banca en diciembre próximo.

Mientras gestiona en su distrito comenzó a reforzar la relación con varios intendentes, como Pablo Bruera de La Plata.

Tiene reuniones reservadas con legisladores provinciales y nacionales. El armado está sistematizado. Los martes y jueves cumple casi un ritual: Massa toma una lancha y lleva a sus invitados a comer a un restaurante del Delta. "El ambiente ayuda para que hablemos tranquilos", dijo el intendente ante uno de sus más fieles colaboradores. Se ve también con empresarios, y algunos sindicalistas de la CGT, enfrentados con Hugo Moyano (Oscar Lescano fue el último que lo visitó).

Además tuvo conversaciones informales con varios gobernadores: Juan Urtubey, Mario Das Neves, José Alperovich y otros.

"El teléfono suena igual que antes", afirman cerca de él.

Para los próximos días convocó a una reunión con varios intendentes y con el ex titular de ARBA, Santiago Montoya, para firmar un convenio que busca hacer eficiente los recursos y los gastos municipales. "La foto va a ser fuerte", dijo Massa en una conversación informal con otro intendente. Montoya, que fue echado del gobierno de Daniel Scioli por criticar las candidaturas testimoniales, se reunió varias veces con Scioli. El gobernador le prometió un cargo pero aún no concretó la oferta y Massa avanzó.

Por ahora, el intendente de Tigre no definió con quién jugará en 2011. La meta es ser candidato a gobernador y por eso fortalece el vínculo con los que manejan poder en la provincia de Buenos Aires: los barones del conurbano. "Soy confiable para ellos; De Narváez no", ha dicho. También piensa reunir a los partidos vecinalistas de la provincia de Buenos Aires.

Igual está convencido que hay que esperar un tiempo para "desmarcarse" de los Kirchner.

Hace poco recibió en su casa a Felipe Solá, lanzado ya a la carrera presidencial. Le hizo un asado y hablaron largo.

Con Francisco de Narváez no tiene contacto porque quedó dolido desde que "El Colorado" dijo que había un pacto entre ellos para que en las elecciones de junio cortaran boleta en contra de Kirchner. "Mentira total", dijo Massa.

Existe además un puente tendido entre el intendente y Julio Cobos, como lo tienen también varios hombres del peronismo. Mario Meoni, intendente de Junín y hombre de confianza de Cobos, es amigo personal de Massa.

El vicepresidente habló con Massa por teléfono, en una de las privadísimas y numerosas conversaciones que tiene el vicepresidente con dirigentes del PJ. Massa cree que los que tienen vocación de pelear el 2011 son Cobos, Kirchner y De Narváez.

El intendente de Tigre admite en privado que la independencia de fondos que tiene del gobierno provincial y nacional, le da una tranquilidad que no tienen otros. Tiene 350 millones de pesos de ingresos y 70 millones de gasto en personal.

"La provincia nos da cero obras, porque financiamos nosotros", asegura en privado.

Se dedica varias horas a la búsqueda de inversiones.

El tiene una relación tensa con el gobernador bonaerense. Hace poco comieron en "La Ñata", la casa de Scioli en el Delta y que abre sólo a muy pocas personas. Para el intendente de Tigre, Scioli está muy atrapado por la lógica de los Kirchner y le cuestiona formas de gobernar. Cuenta en privado una anécdota que para él representa por qué objeta la gestión de Scioli: "Fuimos con él y la Presidenta a cerrar un basural a cielo abierto de Tigre. Después cuando subimos al helicóptero, le dije: Daniel, hay que resolver cosas para cumplir lo que dijimos. Y contestó: ¿Viste qué bueno está el helicóptero?".

Massa cambió algunas rutinas desde que los Kirchner lo cambiaron de golpe por Aníbal Fernández. Antes se levantaba poco antes de las siete de la mañana, empezaba a salir por las radios, estaba siempre informado y llegaba temprano a la Casa Rosada. Iba y venía de la quinta de Olivos y sólo se retiraba cuando Cristina Kirchner despedía a los granaderos que la custodian en su despacho. Igual que le pasaba a Alberto Fernández, la Presidenta abría la puerta de su oficina sin permiso una y mil veces por día.

Ahora se levanta dos horas más tarde y en su oficina de Tigre, los únicos que pueden aparecer por la puerta son Claudio Ambrosini, su fiel colaborador, y Ezequiel, su secretario. Jura que no extraña nada.

Una de las cosas a las que se había negado cuando asumió la jefatura de Gabinete fue a usar dos teléfonos: uno para Kirchner y otro para la Presidenta. Esa fue la primera cosa que enfureció al ex presidente que, igual, lo llamaba siempre por el interno de la privada. Massa respondió siempre a Cristina Kirchner.

En su oficina de la Casa Rosada dejó los muebles modernos que él había puesto y sólo se llevó los cuadros coloridos de Paéz Vilaró, que ahora ya están colgados en su oficina de Tigre.

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