Plan del G-8 por la crisis alimentaria

Las naciones desarrolladas destinarán 20.000 millones de dólares para impulsar la producción y combatir el hambre en los países pobres
L´AQUILA, Italia.- En la última jornada de una cumbre que duró tres días y en la que se abordaron temas tales como la crisis económica y el calentamiento global, los líderes de los ocho países más industrializados (G-8) acordaron ayer destinar 20.000 millones de dólares a los países pobres para apoyar la producción de alimentos, lo que significa un nuevo enfoque en la lucha contra el hambre, que hasta ahora tuvo como única herramienta la ayuda directa.

Los países más poderosos desembolsarán los fondos en un lapso de tres años, según el documento final firmado por los 27 gobernantes que participaron de la cumbre del G-8, a la que se sumaron 19 países y varias organizaciones internacionales.

"Existe una necesidad urgente de una acción decisiva para liberar a la humanidad del hambre y la pobreza. Apuntaremos a incrementar sustancialmente la ayuda a la agricultura y la seguridad alimentaria", dijeron los miembros del G-8 en la declaración. "El número de las personas que sufren hambre y viven en la pobreza son hoy más de 1000 millones", agregaron, en concordancia con las últimas cifras de la ONU, que detallan un escalofriante aumento durante el último año de 100 millones de personas más con hambre en el mundo.

El anuncio inicial era de 15.000 millones de dólares, acompañado por un llamado a otros países y al sector privado para incrementarlo, que tuvo un efecto inmediato. Poco después, el premier italiano, Silvio Berlusconi, anfitrión de la cumbre en la ciudad de L´Aquila, que en abril pasado sufrió un trágico terremoto que mató a más de 300 personas, anunció que el monto total se había elevado a 20.000 millones.

Estados Unidos aportará unos 3500 millones de dólares; Japón y la Unión Europea (UE) prometieron también de 3000 a 3500 millones cada uno.

"Pensamos que la ayuda debe focalizarse en crear las condiciones para que ya no haga falta ayudar a personas que consiguieron sustentar sus propias vidas, alimentar a sus familias y elevar sus niveles de vida", dijo el presidente Barack Obama, que ayer emprendió su primer viaje a Africa, principal destinatario del paquete de ayuda.

Reacciones dispares

La ONU saludó la iniciativa, pero organizaciones de lucha contra la pobreza lo cuestionaron. "Es un cambio total, bienvenido y alentador", dijo el director de la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf. Hizo alusión, así, al giro que implica facilitar a los campesinos pobres las herramientas para producir más alimentos, en lugar de centrarse en la ayuda directa. Pero la organización humanitaria Oxfam consideró los fondos insuficientes. "Teniendo en cuenta las dramáticas dimensiones de la crisis de hambre serían necesarios, por lo menos 25.000 millones de dólares anuales adicionales", señaló. Por su parte, el jefe de la organización Acción Global contra la Pobreza, Kumi Naidoo, fue aún más crítico y acusó a los países del G-8 de "racismo subliminal".

"Existe una enorme diferencia entre lo que dicen y lo que hacen", añadió Naidoo.

El plan se acordó en la jornada de clausura de la cumbre que reunió a Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón, Italia, Canadá y Rusia. La cumbre se amplió anteayer para incluir a Brasil, China, la India, México y Sudáfrica (G-5), y ayer, a países de Africa.

En materia climática, los líderes acordaron limitar el aumento de la temperatura promedio a 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, pero no hubo acuerdo sobre la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para alcanzar ese objetivo.

A su vez, el G-8 también coincidió en que aún continúan existiendo "riesgos significativos" en la economía mundial, por lo que se mantendrán el gasto y la expansión monetaria para estimular el crecimiento hasta que la "recuperación esté asegurada".

Al respecto, Obama declaró ayer que el mundo parece haber evitado el colapso económico total, pero agregó que la "plena recuperación todavía está lejos". El mandatario estadounidense se mostró también favorable a reducir el número de cumbres internacionales.

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