La verdad es que nos hubiese gustado equivocarnos cuando, desde las páginas de este diario, anticipábamos que el plan para construir viviendas del Gobierno nacional era una falacia absoluta. Pero los hechos no hacen más que darnos la razón, siendo una clara muestra que ni siquiera se hizo un relevamiento de los terrenos fiscales donde, en teoría, estê previsto levantar las supuestas viviendas.
Por otra parte, los recursoscon los que Gobierno nacional dice querer llevar adelante el plan no están disponibles. La caja de la Anses, que viene siendo sistemáticamente saqueada para financiar los proyectos políticos del Gobierno, está en la mira de la Corte Suprema ante el colapso generando en torno al incumpliendo del régimen de movilidad, lo que llevó a que cientos de miles de jubilados recurrieran a los tribunales para que se actualicen sus haberes.
Actualmente, el 75% de los pasivos perciben el haber mínimo, porcentaje que duplica lo que ocurría hace diez años. Y la situación, en el corto plazo, podría ser peor aún si se implementa el plan tal como lo anunció el kirchnerismo: dar créditos con los fondos jubilatorios, cobrando una tasa de interés que es la mitad que la inflación real, significa terminar de vaciar la Anses.
Tampoco es posible conseguir financiamiento internacional. Los mercados miran con desconfianza al gobierno de Kirchner: la Argentina sólo puede acceder a préstamos a tasas de alrededor del 18%, el doble de lo que se le cobra a países en bacarrota como Grecia.
Lo que resulta imperdonable es que el kirchnerismo está jugando con las necesidades de los sectores populares y de clase media, a los que cada vez se les hace más difícil cumplir con el sueño de la casa propia. Problemas tan complejos requieren verdaderas políticas de Estado que se podrían elaborar a partir de planes estratégicos que contemplen, por ejemplo, iniciativas para desarrollar la industria de la construcción y para direccionar la exorbitante renta financiera hacia créditos accesibles qUn plan que no cierra por ningún lado
La verdad es que nos hubiese gustado equivocarnos cuando, desde las páginas de este diario, anticipábamos que el plan para construir viviendas del Gobierno nacional era una falacia absoluta. Pero los hechos no hacen más que darnos la razón, siendo una clara muestra que ni siquiera se hizo un relevamiento de los terrenos fiscales donde, en teoría, estê previsto levantar las supuestas viviendas.
La realidad es que el plan no cierra por ningún lado. Por un lado porque la industria de la construcción, que en nuestro país está concentrada en un puñado de empresas, no puede abastecer la cantidad necesaria de cemento, acero y aluminio que requeriría construir 100 mil viviendas por año.Actualmente, en la Argentina, la actividad privada construye 50 mil inmuebles por año y existen innumerables problemas con los materiales, ya sea porque deben ser importados o porque la producción nacional resulta insuficiente para satisfacer la demanda, lo que se traduce en precios exorbitantes.
Por otra parte, los recursoscon los que Gobierno nacional dice querer llevar adelante el plan no están disponibles. La caja de la Anses, que viene siendo sistemáticamente saqueada para financiar los proyectos políticos del Gobierno, está en la mira de la Corte Suprema ante el colapso generando en torno al incumpliendo del régimen de movilidad, lo que llevó a que cientos de miles de jubilados recurrieran a los tribunales para que se actualicen sus haberes.
Actualmente, el 75% de los pasivos perciben el haber mínimo, porcentaje que duplica lo que ocurría hace diez años. Y la situación, en el corto plazo, podría ser peor aún si se implementa el plan tal como lo anunció el kirchnerismo: dar créditos con los fondos jubilatorios, cobrando una tasa de interés que es la mitad que la inflación real, significa terminar de vaciar la Anses.
Tampoco es posible conseguir financiamiento internacional. Los mercados miran con desconfianza al gobierno de Kirchner: la Argentina sólo puede acceder a préstamos a tasas de alrededor del 18%, el doble de lo que se le cobra a países en bacarrota como Grecia.
Lo que resulta imperdonable es que el kirchnerismo está jugando con las necesidades de los sectores populares y de clase media, a los que cada vez se les hace más difícil cumplir con el sueño de la casa propia. Problemas tan complejos requieren verdaderas políticas de Estado que se podrían elaborar a partir de planes estratégicos que contemplen, por ejemplo, iniciativas para desarrollar la industria de la construcción y para direccionar la exorbitante renta financiera hacia créditos accesibles que hoy brillan por su ausencia.
ue hoy brillan por su ausencia.
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