El plan bélico de Obama, cuestionado

En el Congreso de EE.UU. hay escepticismo sobre el plazo para el repliegue militar y Europa se muestra renuente a enviar más tropas
WASHINGTON.- Llegan malos días para el presidente Barack Obama. Su arriesgada decisión de lanzar una escalada en la guerra de Afganistán con un aumento del 30 por ciento en las tropas norteamericanas que combaten en ese país tropezaba ayer con dificultades de todo tipo.

De resistencias políticas internas a tibios apoyos de Europa, cuando no la burla directa de los talibanes, que dijeron que el plan de Obama los "fortalece" (ver aparte), la estrategia del mandatario norteamericano genera dudas y reservas, además de la reacción adversa de una población que, en forma creciente, rechaza la idea de permanecer en un frente lejano que en ocho años de combate se llevó la vida de más de 900 norteamericanos y 150.000 millones de dólares. Todo ello, sin victoria a la vista.

Una de las tibias señales de aliento vino de los aliados de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), que prometieron un aporte de 5000 efectivos y que "probablemente sean varios miles más", según declaró en Bruselas el secretario general de la organización, Anders Fogh Rasmussen, que no aclaró cuántos de esos soldados provendrían de Europa, renuente a contribuir con más tropas.

Washington confía en tener una contribución de 10.000 efectivos de países aliados, de modo de poder completar el requerimiento del comandante de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán, el general Stanley McChrystal, quien pidió 40.000 hombres. De eso, hasta ahora, Obama anunció la movilización de 30.000.

Hubo otras expresiones de adhesión para Obama, entre ellas de la ONU y de Moscú, que reaccionó "positivamente", según un comunicado difundido por su cancillería. Expresiones similares se escucharon en el bloque europeo, pero hubo pocas ofertas concretas de enviar más soldados. Tanto Francia como Alemania indicaron que una medida de ese tipo sólo sería abordada después de la conferencia de Londres sobre Afganistán, que se realizará a fines de enero.

McChrystal señaló justo lo contrario. "El presidente me ha dado una misión clara y los recursos para cumplirla", afirmó, sin hacer mención a la brecha de 5000 hombres que existe entre los recursos adicionales que pidió y los que hay hasta ahora.

En su discurso de anteayer, el propio Obama anticipó respuestas a algunas de las críticas que, sabía, cosecharía su estrategia, que puede signar su presidencia. Y las dudas, de hecho, empezaron ayer mismo en el Congreso, donde legisladores demócratas y de oposición mostraron perplejidad. Especialmente sobre la declarada intención de Obama de enviar 30.000 hombres más para, apenas 18 meses después, empezar a retirarlos con "la tarea ya cumplida".

Ese punto, el del comienzo de la retirada a mediados de 2011, es el que más dudas despierta en medios políticos locales, al punto de poner en duda todo el esquema. "Esa fecha es arbitraria y lanza una señal peligrosa tanto a nuestros hombres como a nuestros adversarios", dijo el senador republicano John McCain.

El debate se abrió a partir de los informes que ayer dieron en el Congreso la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el secretario de Defensa, Robert Gates. De hecho, el jefe del Pentágono confirmó ayer que la promesa de Obama de retirarse a partir de julio de 2011 era "relativa". .

"El objetivo de empezar a transferir la responsabilidad de seguridad a los afganos en julio de 2011 es alcanzable", dijo Gates. Pero también señaló que eso no ocurrirá si la situación de seguridad es, para entonces, insostenible. "No vamos a tirar a estas personas a la pileta y luego irnos", dijo.

Gates, que anunció que las primeras tropas adicionales llegarán a Afganistán en dos o tres semanas, alertó que un fracaso del plan de Obama podría significar la conquista de ese país por los talibanes, lo cual tendría "graves consecuencias para los Estados Unidos y para el resto del mundo´´.

El jefe del Pentágono no descartó la reanudación de la guerra civil en Afganistán y apuntó: "Las áreas dominadas por los talibanes podrían convertirse, nuevamente, en un refugio para Al-Qaeda, al igual que una zona de acantonamiento de renacientes grupos de milicianos para una ofensiva en Paquistán".

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