Un plan anticrisis muy conservador, que deja dudas sobre su efectividad

Varios anuncios están ligados al endeudamiento. Y la gente suele evitarlo en épocas recesivas.
En línea con el Fondo Monetario Internacional, que viene reclamando que los Estados gasten más para evitar la "Gran Depresión", el Gobierno argentino anunció nuevas medidas de impulso al consumo. Sin embargo, las medidas adoptadas aquí son muy conservadoras y apenas mueven la aguja de una economía que viene gritando "socorro" desde distintos rincones.

La cuota extra de entre $ 100 y $ 200 a 7 millones de jubilados, pensionados y beneficiarios de planes sociales suma $ 1.300 millones; y la derogación de la "tablita de Machinea" llega a otros 1.300 millones repartidos a lo largo de 2009 para 360.000 asalariados y autónomos de ingresos medios y altos.

Fuera de estas entregas, el resto de las medidas oficiales apuntan a que los consumidores se endeuden, pero las grandes dudas son si lo harán en medio de un clima económico, internacional y doméstico, lleno de interrogantes; si las disposiciones son para cuidar las fuentes de trabajo y evitar así mayor conflictividad social o bien para defender sectores productivos con eventuales balances en rojo. Tampoco se sabe si la ayuda dará vuelta estructuralmente el origen mismo de la crisis o sólo será un salvavidas de corta duración.

Para algunos economistas, el Gobierno se ocupa del segmento medio de la población y descuida, con sus planes, la protección de los desamparados. Otros expertos bregan por modificaciones impositivas, como el achique del IVA, que golpean el bolsillo día a día.

En general, la gente apela al crédito en épocas de prosperidad económica, nunca frente a amenazas o climas de trabajo adversos.

Distinto es el caso del impulso a la construcción, porque promover empleo e ingresos puede ayudar a mitigar la situación. Pero hay que tener cuidado porque si las obras se paralizan por falta de financiamiento el costo termina disparándose, como sucedió con grandes emprendimientos en el país.

El FMI, que no previó la crisis mundial desatada cuando la fantasía se hizo añicos, ahora teme a una posible y profunda recesión. A este pronóstico se suma el de la OCDE --que agrupa a países desarrollados y de desenvolvimiento medio--, que estima que la recuperación recién llegaría bien avanzado el 2011, contradiciendo augurios optimistas que prevén que la tormenta cesará en 2009.

Si se cumple la previsión de la OCDE habrá que atravesar dos años de retrocesos, con fuerte impacto en el empleo. Esta desgracia ya se advierte en el aumento de la desocupación en España, tomando en cuenta los datos de pobreza en Italia o la caída de Inglaterra.

Además, las nuevas economías "estrella", como Irlanda, India o Australia, están sumidas en una fuerte recesión. En Irlanda, presentada como "modelo" de los emergentes, el Gobierno dio por tierra con un país ideal para que forjaran nuevos proyectos los profesionales de Europa del Este --ex comunista-- que, emigrados, aportaban en materia de tecnología e ingeniería. Los mismos países nórdicos, que eran muestra de estabilidad, demuestran multiplicación de problemas.

El FMI dejó de lado su ortodoxia y ahora incluso cuestiona a los gobiernos por ser "timoratos" a la hora de pergeñar el rescate presupuestario y por no admitir un mayor déficit fiscal con el objetivo de reanimar la economía. Además, no se descarta que la nueva administración de Obama deba incrementar aún más el déficit fiscal si quiere poner freno a la profundización de la crisis.

El problema argentino es que no tiene financiamiento externo, los precios internacionales están en baja, la recaudación puede ser dañada y está apegado al cumplimiento de una fuerte deuda externa que vence en 2009 y 2010.

O sea, tiene que atravesar los próximos dos años recesivos sin recursos extraordinarios, expuesto a pagar altos precios políticos. Por eso, varios economistas sugieren que la ayuda para el país tendrá que llegar de afuera. ¿Otro país o alguna de las instituciones financieras mundiales que fueron severamente criticadas?

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