Una pista marcada por el Luminol

Una pista marcada por el Luminol
Los acusados se declararon inocentes. En la casa de uno de ellos, en Videla 631 de Quilmes, el Luminol reaccionó en una serie de manchas. El fiscal apunta ahora contra el autor intelectual del triple crimen. Bidone asegura que está en la pista.
Poco y nada aportaron en su declaración los hermanos Schillaci, Víctor y Marcelo, detenidos el lunes en el marco de la investigación por el triple crimen de General Rodríguez. En síntesis, ayer, ante el fiscal de Mercedes Juan Bidone –que los acusó de ser coautores del secuestro y homicidio de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina–, los Schillaci se presentaron como dos inocentes perejiles. Si bien está dentro de las posibilidades más visibles en el ejercicio de la defensa, tampoco es que públicamente hayan surgido pruebas contundentes que apuntaran contra ellos. En la trama trabajada por Bidone, los Schillaci están más cerca de la autoría material del crimen que los hermanos Lanatta. A uno de estos últimos, Martín, el fiscal lo ubica como entregador del trío, especialmente de Forza. Por el momento, siempre alrededor de la hipótesis de la efedrina como detonante, no aparece claramente el motivo que llevó a las ejecuciones. Existe un quinto participante, según Bidone el autor intelectual del triple crimen, cuya detención no fue admitida por el juez de garantías de Mercedes, Eduardo Romero. Ayer, de algún modo, Bidone vio confirmada la hipótesis de que la casa de Cristian Lanatta, en la calle Nicolás Videla, de Quilmes, fue el lugar donde asesinaron al trío: según fuentes judiciales, al pasar Luminol –un reactivo químico para detectar sangre– encontraron manchas de sangre.

"Vamos por el buen camino, lento pero firme –dijo ayer el fiscal Bidone–. Quizás hay más personas o más eslabones dentro de esta cadena de ejecución y esperemos también llegar a ellos." Y explicó que "este crimen no pueden haberlo hecho solamente cuatro personas; si eran tres los fallecidos, y bastante fornidos –por decirlo de alguna manera– alguno conocía artes marciales, otro tenía armas y demás..., así que estamos hablando de una organización mucho más importante".

Por su lado, Miguel Angel Pierri, abogado de los familiares de dos de las víctimas, sostuvo que había solicitado ampliar los peritajes en la casa de la calle Videla porque "me sorprendió en la vivienda un levantamiento de baldosas, por lo cual sufrieron una modificación para ocultar u obstruir la investigación. Nos encontramos con un taller mecánico que parece más un quirófano". Se refería a los paneles acústicos que recubrían las paredes del taller, en el que Cristian Lanatta preparaba autos de competición. Pierri agregó que Ferrón y Bina no eran el objetivo del ataque, pero que sus muertes quedaron decididas por su sola presencia junto a Forza. "El objetivo principal era Forza –dijo el abogado–. Leopoldo Bina y Damián Ferrón ingresan a este peligro de muerte a partir de una reunión que creemos que es central, donde Forza hace una presentación, entre comillas, en sociedad, y los pone sobre la vidriera. Esa reunión fue el lunes 4 de agosto (de 2008) en un estudio de la Capital Federal –dijo–. Creemos que todas esas reuniones a las que concurrieron en los últimos cinco días las víctimas fueron un armado que se comió Forza. Lo hicieron entrar en confianza y lo citaron a la reunión final, para someterlos y matarlos", agregó el abogado. En ese armado, las sospechas del fiscal apuntan sobre Martín Lanatta, quien el lunes se declaró inocente y ajeno a las acusaciones, pero que reconoció conocer a Forza.

Durante los diez allanamientos realizados el lunes, cuando tuvieron lugar las detenciones de los Schillaci y Martín Lanatta (Cristian Lanatta estaba ya alojado en Sierra Chica), fueron secuestradas 20 armas. Dieciocho se encontraban depositadas en la armería Pizzu, de la calle Eva Perón, de Florencio Varela, y estaban a nombre de Martín Lanatta, que no las podía tener en su poder porque el Renar le había quitado el permiso de portación y tenencia. Son parte de las 29 que Lanatta tenía registradas a su nombre. Las otras dos fueron retiradas de la casa de Cristian Lanatta, en Videla 631, y que fueron enviadas a peritar.

Pierri consideró que el detenido Martín Lanatta trabajaba para alguien. "No tengo duda. Forma parte de quienes proveyeron la logística u ofrecieron la casa donde fueron reducidas estas personas", explicó. Reiteró que las víctimas estuvieron 10 minutos en una reunión en el supermercado Wal Mart de Sarandí, luego, según las hipótesis, se dirigieron a la casa de Videla 631, donde el fiscal supone que los retuvieron y luego asesinaron. "Luego, fueron trasportados en un camión térmico o algo similar a la zona de General Rodríguez", agregó Pierri.

Los peritajes realizados sobre los cuerpos en agosto del año pasado confirman esa hipótesis de la muerte distante de General Rodríguez. Ahora, el hallazgo de manchas hemáticas, según el reactivo Luminol, podría dar una pista que confirme si se realmente se cometieron los crímenes en Quilmes.

Leonardo Churín, abogado de Martín Lanatta, dijo que su defendido no se acordaba dónde estuvo el 7 de agosto de 2008, "pero sí tiene la certeza de que no habló por teléfono ni se reunió con Sebastián Forza en el Wal Mart de Quilmes ni en ningún otro lado". Dijo que Forza tenía que renovar sus credenciales en el Renar y que Lanatta le facilitó el acceso a los trámites. Agregó que Lanatta "negó rotundamente haber tenido en su poder dos o tres teléfonos celulares que se le adjudicaban a él y le dio al fiscal cuáles eran los únicos dos teléfonos que usaba, uno personal y otro a nombre de una sociedad en formación". Dicha sociedad es "de una droguería en formación en la que Lanatta se iba a asociar con el empresario Esteban Pérez Corradi", uno de los investigados como presunto instigador del triple crimen.

Por su parte, Omar Daer, abogado de los hermanos Schillaci, aseguró que "los Schillaci son totalmente inocentes", y desmintió que tuvieran 30 causas penales, que sean integrantes de la barra brava de Quilmes y que estén involucrados en el secuestro de Leonardo Bergara, según una versión que circulaba el lunes.

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