La pista que lleva a la eterna sospecha

El juicio a una narcotraficante derivó en una investigación sobre la Policía provincial, Federal y Prefectura. Hallaron registros de las coimas con las que la mujer compraba impunidad.
Dos cuadernos de una abuela, de 58 años, condenada el pasado miércoles 20 a cinco años de prisión por narcotráfico, comprometen a un abanico de fuerzas de seguridad –Policía Federal, Provincial y Prefectura Naval Argentina–, algunos de cuyos hombres habrían cobrado coimas a cambio de encubrir la actividad de esta mujer, apresada en febrero de 2008 en un control rutinario cerca del peaje de General Lagos.

En esos dos cuadernos que fueron remitidos por el Tribunal Oral Nº 1 –integrado por los jueces Laura Cosidoy, Ricardo Vásquez y Otmar Paulucci– al juzgado de Instrucción Nº 4, a cargo de Marcelo Bailaque, figuran anotaciones que involucran a estas fuerzas de seguridad. Bajo el rótulo de "gastos" y "arreglo", los libros incautados en uno de los domicilios de María Graciela Arenas contienen un listado de dinero que –se sospecha– esta mujer suministraba a estas fuerzas a cambio de que la dejaran continuar con una actividad que parecía redituable, según esos cuadernos: la venta de cocaína.

En el de tapa roja figura: "Federal 600", "Prefectura 500", "Gringuito 1.000", "Dorrego 1.000", "Investigaciones 500". En otro cuaderno de tapa azul se repite la anotación "Dorrego 1.000" y aparece "La Paz 1.000 $". Estos nombres y cifras, según interpretan en los tribunales federales, tienen una connotación muy fuerte, más allá de los obvios, como Federal y Prefectura. "Dorrego" –según sospechan– haría alusión a la sede de la brigada operativa de la ex Drogas Peligrosas, mientras que "La Paz" a la calle donde se encuentran las oficinas del área de Inteligencia de esa dependencia policial. Y, según atan cabos, "Gringuito" sería el apodo de un ex jefe de la brigada de Inteligencia, vinculado también a la violación a los derechos humanos en la época de la dictadura militar.

Esos documentos hallados en la vivienda de Arenas, quien estaría ubicada en el tercer escalón de la estructura del narcotráfico, podrían ser fundamentales para que la Justicia Federal avance con pasos concretos en las vinculaciones entre las fuerzas de seguridad y el narcotráfico. Según fuentes de la investigación, Arenas habría estado vinculada a Miguel Ángel Cobelli, conocido como El Pintor, de 68 años, detenido en agosto de 2008 en el marco de una serie de operativos en Fighiera y Arroyo Seco, donde se presumía había una banda que controlaba el narcotráfico en el sur santafesino y el norte bonaerense.

La caída de la abuela. El 23 de febrero de 2008, la Policía Federal detuvo en el kilómetro 12 de la ruta 21, a la altura de General Lagos, a María Graciela Arenas, de 58 años. La detención de esta mujer se produjo en un operativo de rutina de la Policía Federal. Arenas se puso nerviosa cuando el agente detuvo el Peugeot 405 en el que transitaba desde Buenos Aires. Empezó a temblar e intentó tapar un bolso que llevaba en el asiento del acompañante. Arenas iba junto a su nieta de dos años. Los efectivos policiales revisaron el bolso y hallaron diez trozos de cocaína de máxima pureza (fraccionada en envoltorios de nylon negros), que tenían un peso total de 269 gramos. De acuerdo al peritaje de Gendarmería Nacional, la cocaína incautada representaba 2.757 dosis de esa droga.

La policía también secuestró las sumas de 2.800 pesos y 100 dólares, por lo que se deduce que Arenas volvía a Rosario después de realizar el reparto de la droga que comercializaba.

A las 23 de ese mismo día, efectivos de la Delegación Rosario de Policía Federal concretaron el allanamiento del domicilio de Arenas en Felipe Moré 3268, donde esta mujer se acababa de mudar.

Los investigadores se llevaron de allí algunos ravioles de cocaína (unos 8,5 gramos) y envoltorios para fraccionar la droga. En una caja en la cocina hallaron una billetera que era de la hija de Arenas, con dos envoltorios con cocaína.

Poco menos de una hora después, los pesquisas se trasladaron a Cerrito 5566, donde en teoría había residido esta mujer hasta mudarse a la casa de calle Felipe Moré al 3200. En ese edificio, la Federal incautó una balanza digital (marca Ohuas LS 200) con restos de cocaína, papeles metalizados y unos cuadernos con anotaciones.

En el fallo, los jueces que integran el Tribunal Oral Nº1, concluyeron que "Arenas no sólo fraccionaba la droga, sino que además se encargaba de la comercialización" de estas sustancias.

Pero lo más jugoso surgió en el allanamiento de la vivienda que la mujer tenía previsto abandonar, en Cerrito al 5500. En los cuadernos que los efectivos de la Federal pusieron en una bolsa negra para llevar a los tribunales federales había varias sorpresas.

En la penúltima página de uno de los libros de tapa roja aparecieron anotaciones que llamaron la atención a los magistrados. Dividido en columnas, muy prolijamente escritas, alguien –se supone que Arenas– escribió "Federal 600", "Prefectura 500", "Gringuito 1.000", "Dorrego 1.000", "Investigaciones 500". En el otro cuaderno, de tapa azul se repite la anotación "Dorrego 1.000" y aparece "La Paz 1.000 $". Estas anotaciones tienen títulos muy sugerentes, como "Arreglo" o "Gastos".

"Estas referencias coinciden con el nombre de alguna fuerza de seguridad o con la calle donde está la sede de fuerzas policiales locales", advirtieron los magistrados en el fallo.

Al surgir claros indicios de una posible vinculación de esta mujer –condenada a cinco años de prisión– con las fuerzas de seguridad, el Tribunal Oral Nº 1 remitió el caso al juzgado federal Nº 4, en turno, que tendrá que seguir con la investigación del posible "delito de cohecho que pudiera surgir de las anotaciones".

Según fuentes ligadas a la investigación, cuando la Policía Federal realizó los allanamientos no se percataron de las anotaciones que tenían los dos cuadernos, el azul y el rojo. Por lo que se presume, revisaron rápidamente las primeras hojas y lo pusieron en la bolsa negra en la que guardaron los objetos sospechosos y que podrían contener algún interés para la causa. Las fuentes sacan esas conclusiones porque en las anotaciones figuraba la propia Policía Federal, que fue la fuerza a cargo del allanamiento que acabó por comprometerla.

En otras partes de esos cuadernos figuran también la cantidad de droga que habría manejado esta mujer. Y causó sorpresa en el Tribunal el caudal de dinero asentado en esos libros, con montos que superan los 80 mil pesos por transacción. A cuento de eso, a los jueces también les asombró que, pese a la envergadura de las operaciones en las que participaba la mujer, no se la tenía identificada como una traficante trascendente en la ciudad, salvo antiguas vinculaciones con El Pintor Cobelli. Y ahí las conjeturas apuntan a que el supuesto "desconocimiento" de las fuerzas de seguridad sobre el accionar de Arenas tiene que ver con las anotaciones, y más específicamente, con el dinero que supuestamente suministraba a cambio del silencio y la vista gorda.

Comentá la nota