La piratería acecha a la región

Por Andrés Oppenheimer

MIAMI.- Cuando recientemente le conté a un visitante latinoamericano que acababa de ver la película Slumdog Millionaire, me miró como si yo viviera en la Edad de Piedra: él la había visto hacía meses, en un DVD pirata.

No debería haberme sorprendido: un nuevo ranking de respeto por los derechos de propiedad intelectual en 115 países, publicado la semana pasada por la Alianza de Derechos de Propiedad, grupo no gubernamental con sede en Washington, dice que varios países latinoamericanos están entre los campeones mundiales de reproducción ilegal de películas, música, libros, medicamentos y otros productos sujetos a regalías.

El estudio, que se realiza por tercer año consecutivo, dice que los países europeos -encabezados por Alemania, Finlandia y Holanda- y Estados Unidos son los más respetuosos de los derechos de propiedad intelectual. Varios países latinoamericanos y caribeños -con las excepciones de Chile (33°), Trinidad y Tobago (41°) y Colombia (45°)- están muy atrás en la lista de 115 países.

Veamos qué lugar ocupan otros países de la región: México está en el puesto 55; Brasil y la Argentina, en el 60; Guatemala, en el 84; Perú, en el 88; Bolivia, en el 94; Venezuela, en el 99, y Paraguay, en el 102, junto con los mayores paraísos de la piratería mundial.

"La situación es tan mala que no podría ser mucho peor", me dijo Federico de la Garza, gerente general de la oficina de México de la Motion Pictures Association. "El 90% de los videos que se venden en México son pirateados. ¿Cuánto peor podríamos estar?"

Como México es el quinto mercado mundial de espectadores de cine, la situación representa una enorme pérdida para la industria cinematográfica. Los estudios de cine pierden casi 600 millones de dólares anuales en derechos impagos.

Típicamente, los piratas filman las películas apenas se estrenan en salas de cine con cámaras de video, y luego venden versiones pirata en la región.

Mientras las leyes estadounidenses condenan a prisión a las personas que graban ilegalmente las películas en los cines, la legislación mexicana tienen grandes lagunas, según De la Garza.

"Las leyes mexicanas exigen que haya fines de lucro para poder mandar a alguien a la cárcel -señaló-. Así que si uno dice que está grabando una película en el cine porque quiere regalársela a su abuelita, nadie lo puede encarcelar."

Lo mismo ocurre en el caso de la música. Se estima que alrededor de 250 millones de CD pirateados se venden cada año en América latina, que representan alrededor de 1000 millones de dólares en derechos impagos, según calcula la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI).

Alrededor de 110 millones CD pirateados se venden anualmente en México y otros 40 millones en Brasil. Eso, sin contar los más de 2000 millones de temas musicales que se bajan ilegalmente de Internet cada año en esos dos países, según los datos de la IFPI.

"Estamos ante una tormenta perfecta", me dijo Raúl Vázquez, director regional de la IFPI. "Primero teníamos altos niveles de piratería física en la región. Después, se sumaron las descargas ilegales de música en Internet. Y ahora, cuanto más profunda se hace la crisis económica, tanto más consumo de productos ilegales habrá."

"¿Qué se puede hacer?", pregunté a De la Garza y a Vázquez. Me dijeron que los países deben aprobar leyes más severas, mejorar la aplicación y el cumplimiento de la ley y, a largo plazo, educar a la gente para hacerle entender el daño que se hace a sí misma al comprar productos pirateados.

Cerca del 75% de las canciones vendidas en América latina son de artistas locales, y un porcentaje menor de las películas exhibidas en la región son domésticas, aun cuando sean distribuidos por firmas multinacionales. Si las industrias del cine y de la música locales son destruidas por la cultura de piratería, habrá menos producciones locales, y la región perderá algunas de sus mayores y más promisorias exportaciones culturales.

Mi opinión: la solución del problema radica, más que nada, en la educación. Hasta que la gente no esté convencida de que la piratería no solamente perjudica a los magnates de Hollywood -y a otros países que hacen películas como Slumdog Millionaire-, sino también a sus propios artistas, escritores e inventores locales, no habrá mucho progreso en este frente.

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