Un piquetero llamado Bullrich

Si la noche del 24 de octubre de 2006 el abogado, aviador, empresario y artista plástico Héctor Guillermo Bullrich, alias Bony, no hubiera estado ahí.
Pero estaba. Curador de esa edición de Alvear Fashion and Arts, que dispone obras de artistas reconocidos en las tiendas más lujosas de la avenida, recorría una de las muestras cuando oyó los gritos. Detrás de un cordón policial y ante las cámaras de TV, Raúl Castells, líder del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), intentaba montar una olla popular contra la desnutrición infantil y el trabajo esclavo.

?Era un descontrol. Policía, autos, el público. La gente decía: "¿Por qué Castells no pide el espacio y hace su olla popular con una autorización?". Y yo pensaba: "Porque nunca le van a dar autorización para hacer una olla popular en Recoleta".

Sin pensarlo mucho atravesó el muro de policías, se paró frente a Castells, extendió la mano y dijo: "Hola, Raúl, usted no me conoce, yo soy Bony Bullrich, curador de la muestra, y quería invitarlo a que la visite".

?Castells me miró y me dijo: "¿Cómo vamos a estar invitados si hay tres filas de policías que no nos dejan pasar?".

Y eso, así, transformó la noche de un día cualquiera en la noche en que todo cambió.

* * *

Este es el origen de todo: Adolfo Bullrich, fundador de la casa Bullrich (donde hoy está el Patio ídem), intendente de Buenos Aires entre 1898 y 1902, fue padre de tres varones: uno de ellos, bisabuelo de Bony, que tuvo un hijo -abuelo de Bony- que tuvo un hijo -padre de Bony- que tuvo un hijo, que fue Bony. De modo que Bony es eso: último varón de una estirpe de varones únicos, patrios.

Son las tres de la tarde. En el subsuelo del teatro De la Piedad hay humedad, olor a tabaco rubio, varias obras -un par de retratos de Audrey Hepburn intervenidos por párrafos del Santos Vega-, mesas bajas, barra de tragos, un escenario. Este sitio, propiedad de la familia, fue su atelier y ahora es un espacio para charlas, obras, cantantes. Esa, así -charlas, obras, cantantes, cócteles y páginas sociales de todas esas cosas- era la vida de Bony: su vida antes de Castells.

- La verdad es que aquella noche sentí un poco de vértigo cuando me iba acercando a Raúl, porque él no me conocía. Recorrimos la muestra y, en un momento, me preguntó si yo me sentía capaz de hacer algo así en un barrio popular. Le dije que me comprometía a hacerlo. Le pedí el teléfono y al día siguiente lo llamé.

Así empezó todo: el 7 de diciembre de ese año se organizó Matanza, Arte, Moda y Cultura Popular, y a eso siguieron Lanús, Arte, Moda y Cultura Popular, Quilmes, Arte, Moda, y Cultura Popular. En cada una de esas ocasiones, sobre alfombra roja, desfilaron artistas de Recoleta, La Matanza, Lanús y Quilmes, modelos de Ricardo Piñeiro, Marikena Monti cantando en francés, chicas suburbanas con atuendos bolivianos y diseños de A.Y. Not Dead.

-Lo que yo quise hacer es integrar, revertir paradigmas. Uno podría pensar que, si me voy con Castells, me estoy poniendo en contra de los míos, pensando en "los míos" como en la oligarquía agrícola-ganadera. Pero el mundo cambia. Mis problemas y los de Castells son más parecidos entre sí que mis problemas y los del gerente de una multinacional. Desde el arte, la idea de mostrar la imagen de Bullrich y Castells es decir "cambió el paradigma". Unir políticamente lo culturalmente diverso.

-¿Y no podría pensarse que podés tanto que incluso podés esto: adueñarte de la protesta de otros?

-Sí, y que hagan artículos periodísticos que cuenten cómo eran las cómodas de mi tatarabuela. Pero un artista mide las cosas de otra manera. A mí no me importa ridiculizarme.

Durante mucho tiempo, en el teatro El Victorial, de San Telmo, lugar donde se montó la obra Tamara y que pertenece a su familia, ofreció un espacio para realizar cada semana reuniones presididas por Castells, en las que se hablaba de cuestiones de agenda política. Todos los sábados por la mañana, además, partía en moto hacia Villa Albertina, la sede del MIJD en el conurbano, para participar de una asamblea, y su departamento de Recoleta mutó en sede del partido, donde cada jueves se reunían de diez a 40 militantes. Todo eso, claro, sin mencionar que fue candidato a vicejefe de gobierno por el MIJD en las elecciones del 3 de junio de 2007, en una lista encabezada por Rubén Saboulard.

-Un día, en la Asamblea, Raúl dijo de presentarnos a las elecciones de Capital. Propusieron mi nombre y me votaron todos. Te juro que me puse a llorar. Me asusté, pero no tenía sentido decir que no. ¿Para qué decirle que no a una cosa simbólica? Sabía que no íbamos a ganar. Salimos decimoctavos.

-¿Qué hubiera pasado si ganabas?

-¡Qué susto! No; no había chances. Pero lo único que puedo decirte es que desde que conocí a Castells, todo eso que yo leía en los diarios que les pasaba a los otros, ahora les pasa a mis amigos. Los que perdieron a su hijo, víctima del gatillo fácil, los que no tienen gas, luz, agua; los que no tienen trabajo son mis amigos. Ya no son estadística. Nos rasgamos las vestiduras frente al piquete diciendo: "Nosotros somos personas irreprochables, que tenemos que llegar temprano al trabajo y no podemos tolerar el piquete". Decimos: "En Estados Unidos no habría piquete; en Europa no habría piquete". Perdón, pero yo no me imagino a un francés llegando a su casa por calles de tierra a un lugar, donde no tiene techo ni plata para pagar la comida de sus hijos. Si en Europa hubiera, como hubo acá después del gobierno de Carlos Menem, 51 por ciento de pobres, no habría piquetes: habría una revolución. Menos mal que sólo hacen piquetes.

-Entonces, lo que te da es miedo: mejor integrarse porque, si no, te arrasan.

-No, no. Lo que me da es asombro la paciencia del pueblo argentino, que soporta semejantes niveles de exclusión sin sublevarse, y que simplemente corta una calle.

-¿Tu madre qué dice de tu actividad política?

-Ahora ella tiene un problema de salud, pero antes le preocupaba. Y yo le decía: "Mamá, me parece demasiado pasteurizada la idea de integración del dueño de una estancia que en Navidad hace un asado con los peones".

* * *

Nieves Bosco de Bullrich quedó viuda demasiado joven: tenía 38 años, cuando su marido murió de un paro cardíaco.

-Mi viejo tenía 40 y yo, uno. No tengo ningún recuerdo de él. Crecí en casa con mamá; hijo único, nieto único, sobrino único. Vivíamos los dos ahí, y después vino la abuela. Mamá no se volvió a casar jamás. Supercatólica, una persona muy cerrada. Había una época en que a mi casa no se invitaba a cenar a gente divorciada. A mí siempre me pareció un disparate, pero mamá tenía sus principios muy arraigados.

Hijo único, nieto único, sobrino único, estudió en el Colegio Champagnat, pasó los veranos en el campo de sus tíos, los Ayerza, y viajó por Europa comprando géneros con su adorada tía, Guillermina Ayerza, que tuvo una casa de alta costura emblemática.

- Yo quería ser viajero, aviador, artista plástico. Pero a los 12 años dejé eso de lado. Me pareció que le hubiera producido una gran decepción a mi familia. No había ningún artista en la familia. En un momento, incluso, pensé que mi destino era el sacerdocio. Pero, a los 16, me saqué el problema de encima y dije: "Ni loco". En mi familia, todos proyectaban cosas en mí. Mi abuela materna llegó a decir: "Este chico va a ser papa". Ni siquiera cura: papa. Me acuerdo de que un día comenté que me gustaba la idea de ser embajador y todos dijeron: "¡Pero no! ¿Cómo vas a ser embajador? ¡Ser embajador es ser un empleado público!". No eran proyectos fáciles los que había para mí.

Y no fue papa ni embajador, sino abogado: como su padre había sido, como su abuelo.

-Estudié en la UBA; me recibí en 1987. Y después escapé. Porque, como decía Sartre, el único ser del planeta que primero existe y después es, es el ser humano. Yo sentía que en Buenos Aires me costaba esenciarme, porque mi familia es muy rígida. Mi sueño era vivir en una ciudad donde la libertad fuera lo máximo. Y me fui a Nueva York.

* * *

Es un día de furia en la ciudad. Los subterráneos andan mal; el tránsito es un nudo caliente en cada esquina, y Bony, en Acoyte y Rivadavia, debe llegar, en menos de media hora, a Diagonal Norte y Perú. Fuma, detiene un taxi, se sube; le da al chofer alguna instrucción vaga; dice que los militantes del MIJD no pretenden haber encontrado la verdad, que sienten curiosidad por buscarla.

-Pero la gente no ve a Castells como lo veo yo. Para mí, Castells es un hombre muy sabio, muy serio. Y es mi amigo. Ahora me siento en deuda porque no he podido ir a verlo, acompañarlo en su huelga de hambre. El otro día le dejé un mensaje en Facebook, en el que le pedía que me disculpara, que mi mamá tuvo un problema de salud y estoy con eso. Pero la gente me dice: "Te hiciste comunista". Y la verdad que no tiene nada que ver con ser comunista.

Entonces, el chofer, en plena zona de Once, advierte:

-Maestro, está todo cortado. Le va a convenir irse en subte.

Cinco minutos más tarde, Bony baja las escaleras de la estación Plaza Miserere y pregunta: "¿Tenés fichas?" -dice eso: "fichas"- y dice que, cuando vivía en Nueva York, el metro era lo más.

-Ni siquiera me iba en taxi del aeropuerto a casa. Llegaba y me zambullía en el metro, para empezar a sentir Nueva York ya, ya.

El currículum dice que es Master of Business Administration por el Dowling College de Nueva York 1992; profesor de Estudios Sociales del New York City Board of Education 1989; consejero multicultural del New York City Board of Education entre 1989 y 1992; analista de mercado del grupo Alitalia Nueva York 1992-1994.

-En Nueva York hice una especialización en aviation manager . Soy piloto privado, y conseguí trabajo como analista de mercado en Alitalia. Después apliqué para una posición que era el sueño de mi vida: gerente comercial de Martinair Holland, una empresa de aviación de cargas y chárteres de turismo. Y me contrataron. En ese momento me llamaron de Buenos Aires para ofrecerme ser asesor externo de municipalidad y yo dije: "No, gracias".

Pero justo mi tía se enfermó de cáncer, mi mamá tuvo un problema de salud, y ¿quién las iba a llevar a la clínica, cuidarlas? ¿Cómo no iba a estar en semejante debacle sanitaria? Y era mejor volver con trabajo que volver sin nada y fundirme en el proyecto de la familia. Pero el último día, en Nueva York, lloraba, pensaba cómo no me había dado cuenta de que mi destino inexorable siempre había sido Buenos Aires. Acá estaban las propiedades de la familia y alguien iba a tener que ocuparse de todo. Cuando se abrieron las puertas de Ezeiza, no podía creer lo que había hecho. Decía: "Era el sueño de mi vida, y lo dejé por mi familia".

Poco tiempo después, su tía murió, su madre se puso mejor, y Bony siguió allí: ni embajador ni papa ni gerente de Martinair Holland, sino asesor externo de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y viajero frecuente gracias a su cargo como consultor del programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Venezuela, Uzbekistán, Uruguay y Argentina entre 1995 y 1998, con financiamiento del Banco Mundial.

-Esos viajes me servían para irme sin irme. En Uzbekistán fue duro. No conocía a nadie, así que bajaba al lobby del hotel y me ponía a hablar con el barman, que no tenía idea de dónde quedaba Sudamérica, pero conocía a Lolita Torres. Así que hablábamos de Lolita Torres.

De regreso a Buenos Aires, conoció a Federico Thyssen, devino su mano derecha y terminó como director de las empresas del grupo Zichy-Thyssen, entre 1999 y 2001.

-Pero después, mamá me pasó el mando de las cosas de la familia y dije: "Bueno, ahora voy a empezar a trabajar en lo que quería". Y empecé a hacer arte. Empecé a hacer las Zonas Liberadas.

Las Zonas Liberadas fueron instalaciones cuyo objeto era retratar la esencia de alguien a través de muebles, objetos, obras de arte. Su propia zona liberada se inauguró en septiembre de 2004 en el sótano del teatro De la Piedad: un ojo enorme, un avión de chapa.

-Después hice una muestra, Neodieciochoismo, que consistía en tomar elementos del siglo XVIII y traerlos al siglo XXI, haciendo de cuenta que el siglo XX no había existido. En la muestra del Alvear Fashion puse una obra mía y, además, fui curador. La obra eran dos Torres Gemelas, una con pescados vivos, que representaba la vida, y otra con una bolsa de basura, latitas de gaseosas aplastadas, el símbolo del territorio y el no territorio.

* * *

Su departamento, noveno piso. Recoleta todo alrededor, es chico: tres ambientes, un living con sus esculturas, sus cuadros, sus muebles: una mesa de luz de cristal con extraños tubos que salen del cuerpo achaparrado. Bony despliega las fotos de su album familiar.

-Esto es Moscú; esto es Nueva York; esto es en el departamento que compró mi tía en Nueva York. Esto es París, Samarkanda, Venecia. Durante buena parte de 2007, Bony fue, cada noche, al estudio de Canal 13, donde se grababa la edición de "Bailando por un sueño", en la que Nina Pelozo fue una de las participantes.

-Al principio no quería ir, pero Castells me dijo: "Si Nina se puede exponer, ¿por qué usted no se puede exponer? ¿Porque es Bullrich? Si usted cree en lo que hace, tiene que ir y aguantar el chubasco y llevar su cartel". Para mí, la política siempre llegó al espectáculo. Aristófanes se mofaba de Sócrates en el teatro de Dionisos. Y, de alguna forma, "Bailando por un sueño" es el teatro de Dionisos. Por otra parte, el artista no se cuida tanto. Es mi obra, mi performance. Mi lugar en la sociedad ahora es unir políticamente lo culturalmente diverso. Creo en eso y voy a ir hasta las últimas consecuencias.

-¿Y Castells sabía que estabas haciendo una performance?

-No sé. Pero es una performance del corazón.

Desde entonces, participó en la intervención urbana de la Carpa de Refugiados de las Naciones Unidas, organizada por la Secretaría de Derechos Humanos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Acnur (Alto Comisionado de las Nacionaes Unidas para los Refugiados); expuso en el Museo Sivori en el marco de la muestra Universales, organizada por Amnesty International, y montó, en el que fue el comedor comunitario de Castells, en Puerto Madero, en abril de 2009, una muestra de artistas para la que un empresario ofreció varias obras de Quinquela Martín, Carlos Alonso y Antonio Berni, expuestos junto a obras primerizas de pintores ignotos.

A raíz de eventos como ese -a los que llamó piquetes culturales- una ONG que trabaja con chicos de la calle logró que un grupo de mujeres de Recoleta les alquilara un predio para su funcionamiento. Bony puso, durante todo el año, el teatro De la Piedad a disposición del movimiento, y se montó allí una obra para chicos, a la que fueron decenas de infantes del conurbano. Cuando a fines de año instaló una obra en Casa FOA, llevó a todos sus amigos del movimiento en ómnibus, y corrió con todos los gastos, con entradas a 18 pesos, incluidas.

-Yo no soy el mismo, y ellos, tampoco. Todos salimos ganando.

* * *

Esto sucedió un lunes. Fue hace tiempo y fue así: cada vez que sonaba el timbre del teatro El Victorial, Bony -campera roja Marlboro, cigarro en la boca- bajaba corriendo y regresaba con una, dos, diez personas: señores con los dedos engordados a fuerza de revolear ladrillos, adolescentes con rastas. En un salón, entre volutas doradas, cortinados de terciopelo azul, alfombra roja y sillas de pana, en torno de una mesa larga de madera, se acomodaban señores y señoras, y Castells, suéter azul, el poncho rojo, que hablaba de sus treinta y seis años de militancia socialista.

-Nunca pensé que iba a ver esto. Este era un movimiento de desocupados y jubilados, y ahora hay abogados, profesionales, comerciantes. ¿Se acuerdan de que yo decía que íbamos a incendiar la Recoleta? Ahora, ¿cómo vamos a hacer eso, si tenemos un montón de compañeros en la Recoleta?

Aquel día, cuando se votaron las propuestas -y ganó la de hacer una marcha por la avenida Santa Fe-, Bony levantó un dedo y sugirió que la marcha fuera larga, pero angosta, para que pudieran circular los autos y no se entorpeciera el tránsito, un punto tan sensible para la opinión pública: cortar, pero poquito. Y a todos, lo que dijo Bony les pareció bien.

HECTOR GUILLERMO BULLRICH

Abogado, piloto, analista de mercado y militante del movimiento de castells

Quién es: descendiente de una de las familias más tradicionales del país, vivió en Nueva York y Uzbekistán como consultor del programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, entre otras cosas.

Qué hizo: en 2006, en la muestra Alvear Fashion and Arts de la que era curador, se topó con Raúl Castells, líder del MIJD, que intentaba organizar una olla popular en ese mismo momento, en plena Recoleta. Ese encontronazo terminó con Castells visitando la muestra y en una amistad entre ambos que aún perdura y que se ha concretado, por ejemplo, en la candidatura de Bullrich como vicejefe de gobierno por el MIJD en 2007, y en diversos actos políticos en los que Bullrich intenta acercar dos mundos separados: el de lo que él llama la oligarquía agro-ganadera y el de los que menos tienen.

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