"Si a Pipo no le traen refuerzos, que se venga para Aruba".

"Si a Pipo no le traen refuerzos, que se venga para Aruba".
Marcelo Muñoz, el técnico de la selección de Aruba, jugó en las Inferiores de River y, desde el paraíso, le aconseja a Gorosito: "No problem...".
Esto es único. Me levanto, camino unas cuadras y ya estoy en la playa. Después vuelvo a casa, como, prendo la compu para revisar mails o leer Olé, Clarín y El Tribuno, el diario de mi ciudad, y cuando el sol empieza a caer, arranco para los entrenamientos o me preparo, si es el caso, para dar algún curso. No tenés tiempo para aburrirte. Es ideal". El que habla se llama Marcelo Muñoz y puede convertirse en uno de los ídolos de Néstor Gorosito. No por haberse formado mirando cómo el Flaco Menotti le daba forma al Huracán del 73. Tampoco por haberse perfeccionado en el Real Madrid que ganó la Liga de la mano de Valdano y Cappa. Y menos por haber podido conocer de primera mano las ideas de un tal Frank Rijkaard. Lo que convierte en un caso especial a este salteño de 48 años, que sigue al equipo de Pipo entre palmeras, un mar turquesa y playas de arena blanca, es que se trata del DT de... ¡la selección de Aruba!

"Vivir en este lugar no se compara con nada. Por eso, en vez de hacerse mala sangre, si a Pipo no le traen los refuerzos que pidió, que se venga para acá, al paraíso. No problem...". El Profe dice que no exagera cuando jura que conoce lo que es River. Porque su vínculo con Núñez va más allá de la Isla y aquella afirmación de José María Aguilar. "Yo jugué en las Inferiores del club. Llegué desde Salta en el 71 y me probaron Delem, Osvaldo Diez y Rodolfi. Como no tenía plata, me vine a dedo, en un camión de verduras. Pero valió la pena el esfuerzo", recuerda. "Era arquero, entré en Octava y tenía de compañero, por ejemplo, a Omar Labruna. Fue un sueño. Vivía en la pensión y tuve el gusto de conocer al Beto Alonso, que muchas veces se quedaba a almorzar con nosotros, los pibes del Interior".

La competencia, un par de lesiones y una propuesta concreta para pasar a Huracán lo alejaron de Núñez y le permitieron ver de cerca el tiki tiki con el que el Globo revolucionaría el fútbol argentino. "Fueron años muy lindos también. Porque a aquella gran campaña de Huracán le siguió la preparación de la Selección para el Mundial del 78. Como se entrenaban en Parque Patricios, miraba todo y aprendía". Fue ahí cuando decidió que si no iba a tener chances de llegar a Primera, debía prepararse en serio para convertirse en entrenador. Por eso hizo el curso y empezó a probar suerte en Gimnasia y Tiro de Salta y en el Real Santa Cruz de Bolivia. "Con el tiempo me di cuenta de que necesitaba perfeccionarme y me fui seis meses a Europa a ver trabajar a Valdano y Cappa", cuenta. Pero aún faltaba lo mejor. Aruba, sí.

De vuelta en la Argentina, Muñoz tenía todo listo para regresar al Lobo salteño. Aunque en el 2003, navegando por la web, se encontró con un aviso llamativo. "Era de la Federación de Fútbol de Aruba, que buscaba un entrenador para su selección. Y si bien pensé que era imposible, mandé mi currículum". Por Internet, sí. Y se le dio. "A los dos días me llamaron y me dijeron que era el elegido. Fue muy loco. No había visto ni una foto de Aruba, no tenía idea de nada, pero me vine", explica. Un año y medio de trabajo le alcanzó para conocer un fútbol totalmente distinto. "Nada que ver con River, Huracán o los clubes que había dirigido", dice. "Acá todo es muy light, relajado. Los jugadores son amateurs, tienen otra actividad. Algunos son empleados de la compañía eléctrica del estado, otros de la refinería de petróleo y otros tienen sus negocios: un bar, una agencia de turismo...", aclara. Y es por esa manera de vivir y entender el fútbol que los primeros días no fueron fáciles. "Como todos tienen un buen pasar, de entrada choqué con los más grandes al exigirles disciplina. Pero me saqué las ganas con los más chicos, a los que es más fácil hacerles entender que para alcanzar grandes objetivos es indispensable trabajar".

Como la Isla formó parte de las Antillas holandesas hasta 1986, la llegada de técnicos holandeses le impidió a Muñoz renovar su contrato. Y otra vez pegó la vuelta para su casa. Pero tendría revancha. "En el 2006 me volvieron a ofrecer el cargo por tres años (por ley los extranjeros no pueden pasar más tiempo en la Isla). Y aquí estoy, aunque sepa que en diciembre deberé marcharme, luchando para hacer crecer a este fútbol". Una misión nada fácil. Ubicada en el puesto 195 (entre 203) en el ranking FIFA, sería mentira decir que la selección de Aruba es una potencia. Pero no que crece lentamente. "Soy un enamorado del toque. Y eso es lo que trato de inculcarles. Se hace difícil jugar a un toque cuando entrenamos en la playa, je, pero igual lo intentamos", acepta Muñoz. Aunque admite que lo más complicado hasta ahora fue hacerse entender. "El idioma oficial es el holandés, pero lo que más se habla es papiamento y si bien me las rebusco, se hace duro traducir indicaciones futboleras como 'andá, cerrá, apretá' y cosas así". Es por eso que a la distancia, a Muñoz se le hace inevitable añorar River. "¿Sabés lo que daría por tener jugadores como Alonso, Jota Jota, Luque o Francescoli?". Y antes de esperar una respuesta, sueña en voz alta. "Además de decirle a Gorosito que se venga, si pudiera me encantaría nacionalizar a Buonanotte, Augusto, Gallardo, Ortega... Un montón de jugadores de River. A mí me vendrían muy bien. Y ellos la van a pasar genial. No me pueden decir que no: los invito al paraíso, ja, ja"

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