"Que Pipo me ponga donde quiera".

Ortega arrancó su cuarta etapa en el club: se entrenó en Ezeiza y ya se puso la camiseta. "Volví a mi casa, acá soy feliz", dijo el Burrito, quien tendrá un plan especial de trabajo.
Acaso puede decirse que volvió Ortega? Si nunca se fue. Si siempre está volviendo...

Y no se fue porque jamás quiso irse. Porque lo empujaron hacia un exilio que habrá sido físico pero nada más. Tan sólo eso. Tampoco se fue porque los hinchas de River nunca aceptaron su partida y, entonces, el Burrito, el último ídolo del club, no habrá estado en cuerpo pero sí en alma, evocado en ese grito de guerra que tronaba en el Monumental cada vez que el equipo se hundía, cada vez que se sentía la ausencia de "Orteeeega, Orteeeega". Ahora, esa gente ha recuperado parte de la ilusión, siente una caricia en el corazón y espera con otro entusiasmo el inicio de un nuevo torneo, de una nueva era. Porque los compromisos dirán que el cuadro de Gorosito jugará el domingo en Mendoza. Pero, hoy, lo importante, lo relevante, es que Ortega ya no está en Mendoza.

Cierto, no es ninguna novedad decir que en el Apertura se verá al jujeño otra vez con la banda roja. Sí, en cambio, observarlo ayer con la pilcha de entrenamiento, bien abrigado, corriendo cerca de sus compañeros en una fría mañana en Ezeiza. No fue el primero ni el último en llegar al predio y a las 8.15 mantuvo una breve conversación con Pipo antes de que el técnico diera la habitual charla que antecede a la práctica. Y en esa rondita no hubo presentación ni aplausos, total, no se trataba de alguien desconocido. "Siempre dije que es como si nunca me hubiese ido. Porque acá conozco a todos, me siento comodísimo. River es mi casa, es donde me siento feliz, donde me río, donde me pasan las mejores cosas", refleja Ortega, quien hace una semana firmó la rescisión de su contrato con Independiente de Rivadavia.

Su presencia en la práctica se arregló la noche anterior y, por ende, hasta sus compañeros se sorprendieron al encontrárselo. "En los últimos días le había mandado un par de mensajitos para saber cuando venía, pero se apareció de repente, sin avisar", cuenta Augusto Fernández, fiel compinche de Ariel. Aunque los saludos y las sonrisas, las bromas de ayer y las que vuelven a ser de hoy, no se agotaron con el Negro. Pasaron los utileros, los médicos y kinesiólogos, que siguen siendo los mismos, más jugadores y un fuerte y sincero abrazo con Gallardo, ladero en épocas de gloria y con quien ansía trasladar esa química al verde césped. ¿Si pueden jugar juntos? No vamos a empezar con eso desde tan temprano. En todo caso, ¿cómo podrían encajar en el 11 de Pipo? ¿Como doble enganche? ¿Con el Muñeco de lanzador y el Burrito más de punta? En fin... Que responda el personaje del día, ése que se paró en la puerta del predio para hablar en una jornada que no había atención a la prensa pactada. "Estando bien puedo jugar en cualquier posición, de delantero o de enganche. Que Pipo me ponga donde quiera", invita el Burrito y se ríe cuando se lo consulta sobre su estado físico: "Estoy mal, qué querés, je. Si hace un montón que no hago nada".

La idea es que llegue con buen ritmo a la pretemporada y para eso tendrá una rutina ajena a la del plantel, a cargo de los PF y que variará de acuerdo a cómo se vaya sintiendo el Burrito. Por eso no tendrá asistencia perfecta en las prácticas, quizás algunas veces descansará, otras irá a correr por Palermo. Todo para que este tercer regreso termine como él tanto desea. "Con un retiro como el de Francescoli".

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