Pipi fútbol

SAN LORENZO 2 - ESTUDIANTES 2: Romagnoli revivió a un San Lorenzo herido con un golazo. Estudiantes era más y el Ciclón no tenía orden ni juego. Hasta que el 10 despertó a todos.
"Es una tentación ponerlo desde el inicio", confesó, aliviado, Diego Simeone. Hablaba, claro, de Leandro Romagnoli. Señores, si alguien tenía dudas del estado del Pipi, quedaron enterradas en la tarde en el Pedro Bidegain. El golazo del 10 tiró las incógnitas a un foso, su fino pase a Menseguez en la previa del segundo fue la primera palada de tierra y la tremenda lucidez para cambiarle la cara a su San Lorenzo ofició de Amén final para los pájaros de mal agüero que no lo veían para jugar ya. Y el coro de ángeles fue Ave María de bienvenida, de reencuentro, atronando bajo la llovizna al ritmo de "Pi-piii, Pi-piii". Todo en 45 minutos. Y si su presencia desde el vamos era la manzana del deseo para el Cholo antes de este 2-2 ante el Pincha, vaya dilema que tendrá el entrenador después del soberbio retorno de Romagnoli a su cuna futbolística.

Luego de los dos partidos de San Lorenzo en el Apertura (victoria sin chiches ante Atlético Tucumán y preocupante empate visitando a Godoy Cruz) y del debut en la Sudamericana (caída ante Tigre), todos las miradas apuntaron al Pipi en busca del revulsivo que le sacara la cabeza del agua al Ciclón. Incluso, el propio jugador ganó una pulseada, gracias a la necesidad de su equipo: él quería jugar un tiempo, pero la idea del cuerpo técnico era darle entre 20 y 25 minutos. Y menos mal que se salió con la suya. Tanto, que él mismo admitió, entusiasmado: "Si jugábamos cinco minutos más, por ahí lo ganábamos". Puede ser, seguro que sí. Sobre todo por él. Y por su pegada. Sin embargo, fiel a su personalidad, no se dejó encandilar por los flashes. A la europea, con cordialidad para atender a todos los periodistas y también firmar mil y un autógrafos, se embarró como en la cancha para minimizar su joya: "Vi el espacio para pegarle y le pegué, no voy a decir que la quise meter ahí". Mirá cuando apunte, entonces.

Después de ese toque de "mala puntería", hizo de las suyas, aun sin estar "al 100%": pincelada en el segundo, pases de cabeza como si estuviera tocando con la diestra y varios quiebres de cintura que alzaron suspiros. "Está de vuelta", dijeron algunos incrédulos. Sí, pero no porque ya esté para el retiro, sino porque Romagnoli demostró, en sólo 45 minutos, que el fuego sagrado arde en su ser. "Pi-piii, Pi-piii".

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