Pinky, la estrella que volvió a brillar

Pinky, la estrella que volvió a brillar
Increíble, pero real: ayer a la tarde, la Señora Televisión se convirtió en la Señora Presidenta.
En efecto, quien a partir de 1956, muy jovencita, se transformó en una de las caras más emblemáticas de la pequeña pantalla hasta convertirse en una verdadera leyenda que atravesó décadas y canales como protagonista de infinidad de comerciales, magazines, noticieros y programas de entretenimiento, tuvo ayer su papel de mayor compromiso: conducir la Cámara de Diputados en la hora cero de su más notable viraje político de los últimos años.

"Habiendo quórum, queda abierta la sesión", señaló Lidia Elsa Satragno, la diputada macrista, que antes fue radical y que por culpa de un fallido pronóstico de "boca de urna" se apuró a declararse triunfante intendenta de La Matanza en 1999, por la Alianza, cargo que finalmente perdió entonces a manos del actual vicegobernador bonaerense, Alberto Balestrini.

Diez años después de ese mal trago, a pesar de la tensión que reinaba ayer en el Congreso, Pinky pareció disfrutar serenamente que todos los ojos se volviesen hacia ella como en las épocas gloriosas de los ratings inalcanzables que la distinguían.

Sentada en el principal sitial de la Cámara baja por ser la diputada de mayor edad, nunca perdió el control de la situación. Presidió la sesión preparatoria durante la cual juraron los 127 diputados elegidos el 28 de junio. Y salió airosa.

Ayer ordenó el izamiento de la Bandera y luego, con el mismo pulso con el que, junto a Jorge Fontana, condujo en 1982 la polémica maratón Las 24 horas de las Malvinas (que pretendía reunir fondos para los soldados que peleaban en esos momentos en las islas contra Gran Bretaña), fue llamando a los distintos legisladores para que prestasen el juramento de rigor.

"Es para mí un orgullo ocupar esta presidencia. Me gustaría que fuera más calma la sesión", pidió con amabilidad, pero sin temor.

Los palcos estaban demasiado cargados de vivas y silbidos y los diputados también se encrespaban cuando tironeaban de los cargos. Pinky no desfalleció nunca.

La situación no podía estar más lejos en el tiempo y en el estado de ánimo de aquellos felices años 50 en que, enfundada en un pijama, cortaba la respiración de los hombres que esperaban ávidos sus buenas noches de cada día por Canal 7.

Sin perder la sobriedad, supo ser firme y no se dejó amilanar por las barras que la miraban desde arriba. "¡¡¡Silencio!!!", debió pedir con autoridad en varias ocasiones, con esa voz tan característica con la que el 1° de mayo de 1980 anunció el comienzo de la TV color en la Argentina.

Casi 30 años después, ayer, Pinky miró otra vez a cámara y, segura de sí misma, volvió a sonreír.

Comentá la nota