Piñera, entre la presión empresarial y la gran deuda social de la derecha

El presidente electo chileno prepara su plan de gobierno. La seguridad, tema clave.
Han sido siete días para la historia. La febril y polémica actividad bursátil por los más de US$ 1.500 millones que saldrán al ruedo con la venta de las acciones del presidente electo en Lan, fueron una tibia señal de los cambios que se avecinan. El triunfo de la derecha que puso fin a 20 años de gobiernos de la Concertación, catapultó a Sebastián Piñera, un volcán en permanente erupción, como nuevo piloto del país.

Y la primera consecuencia es que casi mil profesionales, los que integraran el primer batallón de la derecha en un gobierno democrático en más de 50 años, ya no tendrán vacaciones. Así lo dispuso el jefe, quien prepara en completo hermetismo una carta de navegación para cada sector del Estado. Todo debe estar listo el 11 de marzo, cuando reciba el mando de manos de Bachelet. Y quiere sorprender, desde el primer día. Con cambios de fondo y forma y con auditorias a los ministerios que permitan demostrar cuán obsoleta estaba la administración del país en manos de la Concertación. Cuán ineficiente era Bachelet, la primera mujer presidenta y una de las cartas presidenciales para el 2014. El hombre acostumbrado a ganar en las aulas y en las mesas de dinero, esta vez no quiere perder su apuesta fundacional.

Para cumplir con su promesa de crecer al 6%, dar una potente señal antidelincuencia, entregar en marzo un bono de escolaridad de US$80 y crear en el primer año 250 mil nuevos empleos y al mismo tiempo garantizar un ingreso ético familiar de US$500, Piñera impuso su ritmo y sus códigos. La euforia de los partidos de su coalición duró poco. Porque Piñera impuso sus reglas y distancia. De aquí al 29 de enero, fecha prevista para que anuncie su gabinete, el nerviosismo y la angustia es lo que prima en su sector.

La danza de nombres y presiones aumenta. Piñera intenta resistir y decidir todo solo, programas y nombres. Los gremios patronales se agitan. Con premura los empresarios plantean sus aspiraciones y empujan con fuerza sus recetas. Si se quiere crecer al 6% hay que eliminar las indemnizaciones por despido y flexibilizar el mercado laboral. Ni hablar de reponer la negociación colectiva, nada de sueldo mínimo (US$330) y rechazo absoluto al servicio que defenderá a los consumidores de los abusos de los bancos y que Piñera anunció en campaña. Una prueba de fuerzas para Piñera cuya meta es, en boca de uno de sus partidarios, "pagar la deuda social histórica que tiene la derecha con su país".

El hombre cuyo mejor amigo en Harvard fue el ex ministro argentino Domingo Cavallo, sabe que el liderazgo de la oposición se jugará a partir de marzo en torno a esos tópicos. En el momento propicio dará su golpe contra la delincuencia. Diez mil policías más no bastan. La clave será cambiar reglas que hoy permiten dejar en libertad a personas que han cometido delitos en base a su conducta anterior u otras. Encarcelar de golpe a más de 500 personas lo haría ganar puntos en esa clase media llena de aspiraciones y temerosa de que los pobres que bien conocen les arrebaten sus nuevas pertenencias.

El presidente de la Corte Suprema Milton Juica plantó a su vez nuevas reglas. No sólo se mostró escéptico frente a su promesa de eliminar la delincuencia. También hizo cambios fundacionales. El juez que pasó a la historia por resolver uno de los crímenes más crueles de la dictadura, el degollamiento de tres profesionales en 1985, fue la única autoridad que no le rindió honores al ser elegido. Lo hará, dijo, cuando sea presidente.

Para dar el golpe de timón, Piñera sabe que tiene poco tiempo. Que el primer año es fundamental. Y este año no podía ser mejor. El Mundial de Fútbol le brindará un clima de fervor y adormecimiento político. En un símil de lo que vive la derecha por estos días, millones de chilenos vibrarán después de haber sufrido el exilio de esa fiesta a la que llegamos de la mano del argentino Bielsa. Piñera quiere ser el protagonista. Por eso esta semana hizo un alto en su agenda y viajó al norte para presenciar un partido de la selección. Y no venderá el 13,7% de las acciones de Colo Colo, campeón del último torneo, al que también puso una meta: tráiganme la Copa Libertadores de regreso a Chile.

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