Pincha garpa.

INDEPENDIENTE 1 - ESTUDIANTES 5: Estudiantes es una fiesta: con mayoría de suplentes, le pegó cinco bifes a un Rojo espantoso. Por el equipo de Sabella se justifica pagar la entrada.
Pedile un número a Sabella. Jugalo tranquilo a la cabeza en cualquier quiniela o ponele un pleno en la rula. El Pincha, su Pincha, garpa.

Om. Om. Recomendale un instituto de yoga o un libro de budizmo zen a Gallego. Ayer, por cierto, ya estuvo practicando algunas técnicas: ni levantó la cola del frío banco de suplentes en todo el segundo tiempo. Independiente (¿su Independiente?) lo obliga a esta suerte de terapia del asiento en vez de probar con el hara-kiri.

No es caprichoso entrarle al análisis por la foto de ambos entrenadores. Desde la llegada de Alejandro, tipo simple si los hay, Estudiantes asimiló lo que expresó ayer en su 13° encuentro como invicto. O sea, inteligencia para trabajar los partidos. Voluntad de titulares y suplentes (anoche hubo mayoría de estos últimos). Concentración para presionar a partir de la línea de delanteros. Velocidad en esas transiciones que cambian defensa por contraaques fulminantes (Salgueiro). Movilidad (Galván). Liderazgo (Sánchez Prette, quien desterró ese dicho que indica que el Pincha sin Verón es como un chocolate Jack sin sorpresa).

Contundencia (el primer tiro al arco de Assman que fue gol). Voluntad (absolutamente de todos los players). Mística (ídem). Belleza (el remate de Galván). Y maximización de errrores rivales (Federico Fernández en varias ocasiones). En el Tomas A. Ducó, este equipo no tocó la pelota como los tenores de Cappa. Sí dio un show de heavy metal en el que se transpira, se corre y se baila en dosis parejas.

La contracara de este equilibrio, como se decía, resultó ser el mensaje esquizofrénico con el que Américo Rubén pensó el partido. Desde el vamos advirtió una máxima de Menotti: con más de cinco cambios ni pensés en empatar. Hizo seis. Lo golearon. ¡Y cómo! Esa laringitis con la que se había justificado para no declarar en la semana le afectó otros órganos vitales. Parece que se transformó en conjuntivitis. Es cierto que el Tolo siguió cambiando sobre sus cambios anteriores (condenó a Moreira a los 27'). Tan cierto como que los otros jugadores luego hicieron lo imposible para profundizar un soberano dolor de ojos. Y ojos que ven, corazón que siente.

Las modificaciones, claro está, no explicaron la esencia de la goleada: Estudiantes ensayó cuatro con respecto a la fecha anterior. Pero, acaso, el Tolo puede encontrar las razones en otro dogma de Menotti: el inodoro en el baño y la heladera en la cocina. El visitante fue orden. El local (sacrilegio para el verdadero dueño de casa), desorden. Maximiliano Núñez y Galván llegaban libres a espaldas de los laterales que picaban hacia la nada. El otro Núñez (Leonel) se paraba en el ST como ¡doble cinco! Germán Re entraba e intentaba picarla al segundo palo del arquero. El habilidoso Depetris ingresaba para bajar e insultar a Iberbia. Rojo y Cellay se turnaban para anticipar a Montenegro y/o Gandín. Ledesma y compañía, para quedar mal parados...

Estudiantes, con este aplomo, suma para las próximas Copas y sueña con la que está jugando. Independiente... ¿Es lo que hay? Un consuelo: se viene River. El hambre y las ganas de comer. Om. Om... El relax lo paga el Pincha.

Comentá la nota