La pieza clave de los Kirchner en el intento por reflotar el plan del 2011

Por: Eduardo van der Kooy

El matrimonio cree que domesticando a la prensa volverán sus posibilidades políticas y electorales.

El apuro de Néstor y Cristina Kirchner para darle sanción a la ley contra los medios pareciera tener, a primera vista, dos motores. Uno de esos motores es el proyecto político que el ex presidente está dispuesto a conducir para volver a ser protagonista, directo o indirecto, en el 2011. El otro tiene que ver con las instituciones y la transición: el matrimonio presidencial necesita un trámite expeditivo en Diputados porque conoce que no todos los vientos soplarán a favor cuando el proyecto aterrice en el Senado.

Lo del proyecto político para el 2011 no constituye ninguna fantasía. Al menos en las cavilaciones de Kirchner. Lo verbalizó la semana pasada, en Olivos, delante de una veintena de intendentes del conurbano. Cobijado en la esperanza de un repunte de la economía y en ciertas encuestas a medida que alimentan su ilusión, disparó delante de aquellos dirigentes: "No se desanimen que en el 2011 vamos a estar".

Esos intendentes observaron a un Kirchner calmo pero decidido, dispuesto a no ceder la batuta. Que ni siquiera se ocupó de disimulos: "Cualquier problema que tengan me llaman a mí", ordenó, soslayando el papel de su mujer, la Presidenta, y del gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli. Algún incauto le aclaró que las mayores dificultades del presente tienen que ver con la falta de plata: "Me ven a mí", repitió. No fueron necesarias más palabras.

No todos los intendentes están convencidos de que Kirchner persiga para el 2011 el segundo período presidencial que en el 2007 depositó en manos de Cristina. Algunos interpretan que todos sus gestos de concentración política obedecen al imperio de apuntalar un Gobierno debilitado después de la derrota electoral de junio.

Pero más allá de esas miradas diferentes, coinciden en que el ex presidente continuará siendo protagonista principal en la medida en que el peronismo no comience a construir desde el año que viene otra alternativa. Para el año que viene no falta tanto, pero el avasallante ritmo kirchnerista torna esa espera excesivamente larga. Es lo que piensa Eduardo Duhalde; no tiene la misma percepción Carlos Reutemann.

Aquel proyecto de Kirchner no tendría destino, a su entender, si no lograra alterar algunas composiciones de la realidad. Una clave es la de los medios de comunicación. Mas importante, incluso, que el desafío que hace un año planteó con sus demandas el campo y que estropeó a la administración de Cristina. El ex presidente está convencido de que ese conflicto existió -y aún existe- sólo porque el periodismo le da cabida.

Podría haber en esa lectura un grado de enajenación. También un exceso de arbitrariedad: con la misma realidad mediática Kirchner redondeó sus cuatro años de Gobierno. Pero entre la supuesta enajenación y la segura arbitrariedad se filtra también la convicción: los Kirchner suponen que todas aquellas cosas que no se difunden simplemente no existen.

Hay antecedentes viejos y nuevos. El matrimonio siempre creyó que los desbordes piqueteros que atravesaron al país desde el 2003 al 2007 obedecieron a la difusión que le dieron los medios. También creyeron, hace pocos meses, que las epidemias del dengue y de la Gripe A formaban parte del sensacionalismo periodístico. La ex ministra Graciela Ocaña debió lidiar contra ese muro de incredulidad.

Los Kirchner concluyeron, además, que la derrota de junio sucedió por la actitud crítica de los medios de comunicación. El nuevo proyecto de radiodifusión apuntaría justamente a mochar esa percepción crítica de los medios y posibilitarle levantar vuelo, otra vez, al proyecto kirchnerista. Asusta la subvaloración que el matrimonio tendría de las conductas colectivas, que suelen poseer su expresión más acabada en el momento de votar.

Observada de ese modo la realidad, se entendería -nunca se justificaría- la premura para sancionar la ley contra los medios. Ahora o nunca: el 10 de diciembre cambiará la conformación del Congreso y el oficialismo dejará de tener las mayorías en Diputados y el Senado.

Los emparches de última hora al proyecto (marginación de las telefónicas para competir en el mercado de la TV por cable y cambios vidriosos en la autoridad de aplicación de la norma) denunciarían el apuro de los Kirchner y los fantasmas que vuelven a sobrevolar el Senado frente a las ambiciones de ellos. Como ocurrió con la resolución 125 de las retenciones móviles.

El matrimonio presidencial pretende una aprobación rotunda en Diputados que, hasta que no garabatearon la ley el lunes, parecía muy incierta. Cualquier aprobación apretada y traumática pondría en vilo al Senado. En esa Cámara, más allá de las últimas modificaciones, el clima no es propicio para los Kirchner. Ese clima no está caldeado sólo por la ley contra los medios: reina también cierto espíritu de resistencia política.

Esa resistencia no parece corporizada únicamente por Julio Cobos, como pretendería instalar el kirchnerismo. El vicepresidente expresó su opinión negativa sobre el proyecto. Pero no pondrá obstáculos a su avance en el Senado, en la medida que se respeten los tiempos de las comisiones y, tal vez, de alguna audiencia pública.

La resistencia también aflora entre aliados y en las propias filas oficiales. Por esa razón Cristina giró $ 6 millones a Chubut. El gobernador Mario Das Neves ejerce influencia sobre cinco diputados provinciales y dos senadores. Esos votos no estarían abrochados y cualquier método valdría para conseguirlo.

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