Piedras en el camino

Por el Ing. Juan Carlos Perucca (*). - Antes de comenzar mi exposición, considero un deber ineludible rendir mi modesto homenaje a quienes hicieron posible esta actualidad de una San Juan líder entre las provincias mineras del país:
Quienes pergeñaron y dieron la puntada inicial para la exploración sistemática de nuestra cordillera: el Ing.

Juan Victoria y el gobernador Dr. Américo García. Con su empuje y apoyo incondicional iniciamos en diciembre de 1959 la cobertura aerofotogramétrica de Iglesia, Calingasta y Valle Fértil, venciendo serios inconvenientes porque no había experiencia en el país y fue preciso traer un avión especial desde Estados Unidos. Su resultado con el siguiente apoyo terrestre fue la detección de anomalías y la creación de áreas de reservas mineras provinciales cuyos beneficios hoy disfrutamos.

"La minería es tan vieja como el hombre, más que la ganadería y más aún que la agricultura, pues aún los más antiguos humanoides comprendieron rápidamente el valor de un sílex afilado o extrajeron piezas llamativas para adornarse. Más aún, cuando el hombre rompió el primer fragmento de ónix o ágata comprendió que tenía cualidades diferentes a las otras rocas comunes y se dispuso a aprovecharlas: con este simple acto inauguró la minería.

Las diversas épocas del desarrollo humano, definidas como "edad de piedra", "edad del bronce", "edad del hierro", están señalando la íntima relación que vincula el progreso de la humanidad con el aprovechamiento de rocas y minerales. Las civilizaciones antiguas alcanzaron su máximo esplendor cuando aprendieron a dominar las técnicas de explotación minera y metalúrgica. Babilonios, egipcios, griegos y romanos fueron grandes mineros al igual que aztecas, mayas e incas.

Hoy el hombre depende de los minerales para sostener su estándar de vida, ya que nos resulta imposible imaginar nuestro bienestar sin acero, cobre o aluminio, o el respaldo de nuestra moneda sin acopiar oro en el Banco Central. La riqueza de muchas naciones (algunas de ellas vecinas) se basa fundamentalmente en la posibilidad de beneficiar minerales básicos y son numerosos los ejemplos de la Historia donde se detecta la existencia de yacimientos de minerales estratégicos como razón de guerras famosas.

Pese a estas claras enseñanzas de la Historia, hoy asistimos en nuestro país a una extraña campaña en contra de la minería, aún sabiendo que son numerosos los países cuya riqueza se basa en la existencia dentro e sus territorios de grandes yacimientos de cobre, o de hierro, de oro o de bauxita. Pareciera que en ciertos ambientes existe el criterio de que "allá pueden hacerlo, pero aquí no podemos".

Chile es minero, Perú es minero, Estados Unidos, Canadá, Brasil, México, son países hermanos donde la minería tiene un peso fundamental en su potencial económico. Pero para determinados grupos "los argentinos no podemos".

Pocas actividades humanas han comprendido el valor del medio ambiente como lo ha hecho la minería moderna. En nuestro país, al igual que en todos los ya mencionados, la actividad minera está regulada por Leyes específicas y para cada etapa, desde la prospección hasta el abandono final de un yacimiento, existen regulaciones concretas que deben respetarse. Si esto es así y todos lo sabemos ¿por qué enfrentamos hoy una virulenta campaña en contra de la minería argentina? ¿A quién molesta que desarrollemos nuestros propios recursos minerales, facilitando así el desarrollo económico y social de provincias periféricas que carecen de las llanuras fértiles propias de la pampa? ¿A qué se debe que organizaciones ecologistas foráneas estén siempre atacando cuanto emprendimiento en pos de la modernización y el afianzamiento económico del país se programe o inicie?

Ya ocurrió con la soja, aquí es mala y debe ser combatida, pero es la riqueza de los agricultores de Oklahoma o Kansas: allá se puede, pero aquí los argentinos no podemos. Otro muy buen ejemplo lo constituyó en su momento el tema nuclear, cuando una organización ecologista extranjera atacó con máxima dureza nuestra tecnología justo en momentos en que habíamos ganado una licitación internacional a tres países del norte para venderle un reactor a Australia. Aquí un reactor es malo, pero allá en el norte todo está bien, y si miramos a Francia por ejemplo, vemos que con una superficie apenas superior a una vez y media la provincia de Buenos Aires tiene nada menos que 59 reactores generando energía y respaldando su economía.

Hoy el ataque se concentra en la minería, para que nuestro país siempre deba importar los metales necesarios para su desarrollo sin alcanzar nunca el imprescindible autoabastecimiento y, mucho menos aún, salir a competir en el mercado mundial con las grandes potencias del norte.

Allá pueden hacerlo sin poner en peligro el medio ambiente ni eventuales glaciares imaginarios, pero aquí los argentinos no podemos.

Frente a estos detractores de nuestra capacidad técnica, nuestra filosofía elemental como argentinos que amamos nuestra tierra y no nos sentimos inferiores a ninguna otra nación, es que nuestras riquezas naturales como los yacimientos mineros, deben explotarse en un marco de respeto al medio ambiente y en estricto cumplimiento de las Leyes respectivas, sean éstas tanto Nacionales como Provincia.

DEBEN EXPLOTARSE

Así como lo hacen en Arizona o Colorado, en Chile, Australia o Canadá aquí también los argentinos podemos hacerlo, pues ya se ha demostrado en múltiples situaciones la capacidad tanto de nuestros profesionales universitarios como de nuestros capataces y obreros. No obstante, es evidente que para estos grupos de ecólatras, como muy bien los denominara José Saramago, nuestras Universidades no están a la altura de las circunstancias, o bien nuestros profesionales son todos ineptos y nuestros organismos estatales son ineficientes. Y así nos va.

Tenemos las riquezas naturales y el capital humano para desarrollar adecuadamente nuestra minería, sin postergar el bienestar de vastas regiones montañosas o áridas del país, y sin poner por ello en peligro el medio ambiente que nos rodea. La palabra clave para que esta condición se cumpla es sustentabilidad, un claro concepto definido como "aquel que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer las posibilidades de las futuras de satisfacer las suyas".

Al mismo tiempo, es responsabilidad de las Empresas mineras aprender a comunicarse con el público común, desconocedor de estos emprendimientos que hablan de miles de toneladas diarias explotadas a cielo abierto.

Es normal en las grandes Empresas contratar muchos Ingenieros, Geólogos, Químicos, etc., pero fallan a la hora de buscar comunicadores sociales, siendo éste un aspecto que exige adecuada atención ante pobladores para quienes este ritmo de extracción es gran novedad.

Creo que poco a poco en San Juan, provincia minera como ya Don Domingo F. Sarmiento lo tenía bien asumido, estamos dando el ejemplo de actuar siguiendo el camino correcto, convencidos al igual que el Gran Maestro que las cosas sí o sí hay que hacerlas, porque... los argentinos también podemos".

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