Le pidieron la renuncia desde el oficialismo, pero sigue mirando para otro lado

El ministro de Seguridad de la provincia fue señalado por los familiares de Nuria Lezcano -la pequeña fallecida tras ser atropellada por un patrullero- pidieron su renuncia con nombre y apellido.
A eso se le sumó la diputada oficialista Alicia Arrieta que cree que la gestión del militar que actuó en el operativo Independencia ha fracasado. La acompañarían otros diputados en el pedido. El ministro, como el López de la historieta, abrió otra puertita y volvió a su mundo de ficción señalando con el dedo al que manejaba el patrullero que él con su falta de políticas puso en manos equivocadas. Ahora dice que espera que el juez condene al policía.

Según lo que manifestaron los parientes en la dolorosa marcha de silencio que realizaron el día que la sepultaron, lo primero que hizo el militar cuando se enteró del acontecimiento "fue intentar taparlo". Luego, cuando el caso tomó estado público y la indignación de la población fue generalizada, hizo un cambio de figuritas, sacando al responsable del Comando Radioeléctrico y poniendo a otro en su lugar. Un maquillaje.

"No voy a introducir cambios en la cúpula, ya hice los cambios que tenía que hacer en los niveles necesarios. Los cambios de mucha gente no favorecen, los cambios se hacen en calidad, no en cantidad-, respondió el ministro", según transcribe El Diario de la República en una nota en que el ministro sin ponerse colorado dice que espera que el juez entienda lo mismo que él, que el policía iba corriendo una picada.

Pero las picadas se corren entre dos y en el otro auto se sospecha que también iba otro policía y que el vehículo, aunque particular o sin identificación, también estaría bajo la órbita de la fuerza. Los demás ocupantes, que se bajaron rápidamente del patrullero y pasaron al otro protagonista del incidente, todavía andan por allí sueltos. De esto López ni habló.

El gobernador, por su parte, se acercó a la familia para expresarles su dolor. Suena como una hipocresía cuando mantiene a un ministro altamente resistido por la sociedad -incluso por sus pares en el gabinete- y no toma medidas de fondo con la policía, cuya cúpula también permanece inalterable, a pesar de hechos de la gravedad que ocurrieron en San Luis y Villa Mercedes, que se llevaron la vida de una niña y un adolescente, víctimas no de la fatalidad, sino de la negligencia. Negligencia que tiene nombre y apellido a partir de las políticas que implementa.

Expresar dolor, indignación, molestia y pedir a los jueces un castigo ejemplar, como hizo Rodríguez Saá, no alcanza. Tanto el ministro como la cúpula policial deberían haber renunciado por una cuestión de dignidad y no lo hicieron. Pero el gobernador tampoco pidió las renuncias y sostiene a personas severamente cuestionadas. Aunque tuviesen la dignidad de renunciar los máximos responsables de la inseguridad que padecemos, se deberían también dejar de lado los principios que han regido a la institución policial hasta este momento y pensar seriamente en una política de seguridad que nos proteja a los habitantes de esta provincia. Sino, estas muertes habrán sido en vano y las expresiones de dolor, una hipocresía.

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