Piden un centro de salud para una escuela albergue

Piden un centro de salud para una escuela albergue
Recibieron camas, ropa, colchones, elementos de cocina y un freezer.

De la rama de un árbol de palo santo cuelga un balde de metal. A las 10 de la mañana, Inés, un niña de 7 años, agarra un palo y golpea. Tras el ruido, similar al de una campana, la monotonía silenciosa se rompe por los gritos de alegría de los alumnos. Es recreo y todos salen a jugar.

En el paraje Trampiadero, distante 15 kilómetros de Morillo, en Rivadavia Banda Norte, está ubicada la escuela albergue Urbana Pereyra. Dos maestras y un director educan a 57 niños de distintos pueblitos y misiones de la zona.

A simple vista se destaca que son chicos con buenos modales, con ganas de progresar. Gendarme, maestro, médico y enfermero, son las profesiones que anhelan para el futuro. Por ahora pasan su doble jornada en las aulas o en la huerta de surcos perfectos. Uno de los niños, apenas escuchó "la campana", corrió en busca de una regadera.

El director Pedro Antonio Burgos cuenta que en el verano les robaron dos placas que capturan la energía solar, por suerte aún continúan en buen estado otras más. "Ahora en otoño e invierno, a veces no tenemos luz. Una vez por mes viene un camión cisterna y nos deja agua", relata el hombre. Con alegría agrega: "Los chicos hicieron un sistema de distribución para la huerta".

Dentro del predio, hay una casilla abandona. "Funcionaba un centro de salud, pero hace más de un año que no viene ningún médico", dice el director. Por su parte, el agente sanitario de Trampiadero, Américo Manzilla, indica que hace falta una radio para comunicarse ante situaciones de emergencias con el centro médico de Alto La Sierra.

Respuesta inmediata

Las necesidades son escuchadas por Jorgelina Bellagamba, coordinadora de Asuntos Institucionales del Gobierno provincial. La funcionaria encabezó una comitiva que llevó decenas de colchones, camas, colchas, almohadas, zapatillas, ropa deportiva, elementos de cocina y un freezer. Hace varios años que esperaban un freezer, dicen.

Los chicos entonaron el clásico: "Les damos las muchas gracias".

Ante el cántico, Bellagamba respondió: "No nos tienen que agradecer nada. Le entregamos cosas que son necesarias e imprescindibles. Ese es nuestro deber. Nosotros somos herramientas del Gobernador, que no pudo llegar hasta este lugar. Estos niños realmente te enseñan a ser felices", agregó emocionado hasta las lágrimas.

Un extracto de vida cotidiana

A la hora del almuerzo un grado se convierte en comedor, Urbana Ruiz, la cocinera, sirve la exquisita preparación.

Conversan, se ríen, conviven en armonía. Los chicos dan vida al establecimiento ubicado a más de 400 kilómetros de la capital salteña, varias leguas adentro, sobre la ruta 81.

La sobremesa es, casi, "un momento artístico". Cristóbal desliza sus dedos en su guitarra. El pequeño crece a medida que puntea cada melodía. Se suman sus compañeros que cantan con voces finas, un halago para el oído.

Coplas

"De Salta somos señores y estamos aquí para cantar", de esa forma arranca una de las canciones que interpretaron.

Las chicas no se quedan sentadas y bailan con sus compañeros. Es un clima familiar que sobresale por las paredes de la escuela. Cuentan que algunas noches, cuando no pueden ver "tele" porque no hay energía, organizan peñas, le cantan a su tierra. Los alumnos de los cursos más elevados comparten el aula.

"Hace falta que designen a otra maestra para que se encargue de los chicos de jardín y segundo grado", sostiene Isabel, una de las docentes. Burgos acompaña el petitorio.

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