Pide Kirchner reforzar las candidaturas testimoniales.

Exige que ministros y diputados integren las listas bonaerenses.
A un paso de hacer pública su candidatura, Néstor Kirchner profundiza el plan con el que cree que garantizará su triunfo el 28 de junio: reforzará al máximo las "candidaturas testimoniales". El líder del PJ no sólo quiere que los intendentes se postulen para concejales. Ahora pretende, también, que funcionarios y dirigentes nacionales "den testimonio" y se conviertan en candidatos a legisladores provinciales.

El objetivo es fortalecer el "segundo cuerpo" de las boletas, según confirmaron a LA NACION dos ministros de trato diario con el ex presidente. En el primer cuerpo se verá a Kirchner y al gobernador Daniel Scioli; en el tercer cuerpo, a los intendentes. Para el segundo ?dedicado a los candidatos a ocupar bancas en la Legislatura bonaerense?, el líder peronista evalúa nominar a dirigentes regionales, a diputados nacionales y hasta a ministros del gabinete para "hacer jugar sus apellidos", fortificar el poderío electoral y mantener viva la llama de su proyecto político.

Para los intendentes reticentes se acabaron las concesiones. "Vamos a pedirles a todos que jueguen", dijo a LA NACION un funcionario con entrada diaria a Olivos, donde Kirchner garabatea anotaciones y apunta nombres, sección por sección. La lista de candidatos testimoniales allí se engruesa con el correr de las horas.

El jefe de Gabinete, Sergio Massa, podría bajarse de la lista de diputados nacionales y postularse como legislador provincial en la primera sección, al norte del conurbano. En la tercera, al sur del Gran Buenos Aires, Kirchner pensó en el vicegobernador Alberto Balestrini. El hombre fuerte de La Matanza se niega: pretende un lugar en la lista nacional para volver a ser presidente de la Cámara de Diputados.

En la cuarta sección, el primer anotado para ser legislador bonaerense podría ser el ministro del Interior, Florencio Randazzo. En la quinta y en la sexta se habla de los intendentes de Mar del Plata, Gustavo Pulti, y de Bahía Blanca, Cristián Breitenstein (que también se resiste). En las tres regiones, el oficialismo teme por su suerte electoral, luego del enfrentamiento con el campo.

En la segunda sección electoral, algunos ya piensan en el diputado nacional José María Díaz Bancalari. "Nadie me lo pidió. Ya estuve dos veces en la Legislatura. Pero si hay que jugar, jugaré", aseguró ayer a LA NACION.

Poder para el jefe

Los rumores acerca del avance de la estrategia oficial circularon en reserva, ayer, entre los asistentes al Congreso del PJ bonaerense, en Tres de Febrero, que en un trámite veloz autorizaron la conformación de alianzas, suspendieron las internas y, lo más importante, habilitaron al Consejo para que conforme las listas. Una sutil manera de entregarle el poder a Kirchner, que hace rato que está obsesionado con esa tarea: pasa horas encerrado en Olivos con intendentes de toda la provincia. Los adoctrina, pide y muestra encuestas y exige fidelidad. Promete repetir la mecánica con todos los jefes territoriales bonaerenses.

Muchos de ellos -sobre todo del conurbano- iban y venían ayer en el Congreso del PJ. Ni siquiera los más rebeldes se animaron a hablar en contra de las "candidaturas testimoniales". Empiezan a temer que no haya alternativas. A algunos se lo adelantó Scioli por teléfono. Otros se encolumnan a regañadientes. "Si lo exige Kirchner, vamos a ser soldados de la causa", dijo ayer, con poca gracia, uno de los que caciques que una semana antes combatía la idea.

Los operadores electorales, temerosos de las fugas distritales al PJ disidente, lo repiten sin problemas: "Hay que comprometer a todos, y que traccionen de abajo hacia arriba". Insiste a diario un ministro entre sus colaboradores: "Tenemos que poner todos los hombres que garanticen el mejor resultado".

Por eso, Kirchner conduce con férrea decisión la ingeniería electoral. Cada nombre que encabece cada cuerpo de las boletas bonaerenses deberá tener peso propio.

El jefe peronista despliega la profundización del plan, mientras se divierte apostando al misterio sobre su candidatura. Dicen en filas kirchneristas que sostener la atención también es parte del juego.

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