Soy petiso y te la piso.

VELEZ 2 - NEWELL'S 0: Su equipo es un relojito que aplastó a un flojo rival. Y él, sin brillar, dio una asistencia y clavó el 2-0. Maxi Moralez llevó a Vélez a la punta y crece la ilusión en el Fortín.
Vélez cumple, Moralez dignifica.

Había pasado apenas un cuarto de hora y, si bien en la tribuna habían festejado un par de veces, en la cancha todo era un cauteloso draw. Hasta aburrido. El más necesitado que no encontraba la pelota. El menos urgido la manejaba, siempre lejos del arco rival. En una de ésas, con Newell's disponiendo el útil por la derecha, Moralez acompañaba el retroceso por la zona izquierda, y el Flaco Gareca, enfundado en su imprescindible campera negra, saltó del banco, meneando el brazo derecho: "Para adelante, Maxi, para adelante". Maxi subió y ya no bajó.

Un rato después llegaría el tercer festejo del Fortín. En realidad, el cuarto: ya Arsenal demolía a Lanús, hacía rato, mientras Vélez mantenía la calma, no se desesperaba por no aprovechar el convite ni por estar jugando poco convincentemente. Pero ese petiso que se movía mucho, pero que pesaba poco -en realidad, como todo su equipo hasta entonces- inauguró el minuto fatal de un Newell's fatal, que a partir de allí nunca más fue lo que era. Los rosarinos se tomaron el Globo (que hasta ese momento se regodeaba con los resultados sabatinos). Sus defensores, insólita actitud, lo dejaron solito y solo al chiquitín ante un Peratta que salió como enfrentando a un pelotón de fusilamiento. Pero Moralez no es de los que ejecutan sin pensar y la puso en el corazón del área, donde Hernán Rodrigo López es el que desenfunda. En realidad, le pegó como la mona. Le salió un disparo de salva, suficiente para herir de muerte al rival que tenía enfrente...

En ese minuto, además, los rosarinos empezaron a alimentar las suspicacias: parecieron más preocupados en disimular de qué mejor modo podrían empezar a dejarle la cena servida al San Martín que pelea con Central la permanencia, y que enfrentarán la semana que viene, que en procurar salir airosos anoche en Liniers. Tal vez, salir airosos, para ellos, significaba el insulto de Bernardi en las narices del árbitro, que se pareció más a una acción premeditada que a una chambonada. O el inverosímil enojo de varios, proclives a repartir patadas para ganarse las amarillas liberadoras. O el teatral arrojo de un Schiavi de sonrisa fácil, lanzando a buscar vaya a saber qué cosa a la ofensiva. O el papelito que significó cada arresto de sus delanteros. Ante ese rival que lo fue sólo durante media hora, cómo no se iba a asentar Vélez, cómo no iba a aprovechar un nuevo rebote que lo dejó solo al petiso que es Maxi con la pelota, con tiempo para perfilarse, medir a Peratta, clavarla allá arriba, y si lo hubiera querido, para fumarse un faso y tomarse un whisky en medio del área...

Pero, cuidado... Que su oponente fuera lo que fue, no le quita méritos a Vélez: batalló el partido cuando hubo que hacerlo; lo jugó en el rato en que necesitó, afirmado en las crecientes figuras de Zapata y Cubero para hacerse dueños de la franja central; lo definió con decisión y sentido de la oportunidad; lo reguló, ejerció una impecable retención de pelota, y le bajó la cortina al partido en el momento más adecuado. Y por las dudas tuvo a un muy sólido Otamendi.

Que tiene un técnico que sabe muy bien que los dos lances que le quedan no serán tan sencillos y que allí deberá reaparecer el Vélez que sume brillo a la eficiencia para acertar con los dos saltos que le faltan hacia la gloria...

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