Pese a todo, Kirchner piensa en volver

Por: Eduardovan der Kooy

Un peronismo sin alternativas y una oposición fragmentada ilusionan de nuevo a Néstor Kirchner con el 2011. También, la posibilidad de un repunte económico. Su gran escollo es el descrédito en la sociedad. Por eso la ley de medios resulta una pieza crucial de su estrategia.

Néstor Kirchner parece ir detrás de la huella que alguna vez, sin fortuna, intentó marcar Carlos Menem en la política argentina. También, de la propia huella en los prolongados tiempos en que gobernó Santa Cruz. ¿De qué se trata? El ex presidente está más convencido de retornar en el 2011 a la pelea presidencial que de pensar, junto a su mujer, en la definitiva despedida.

Hace tres semanas un grupo de intendentes bonaerenses escuchó aquella insinuación en boca de Kirchner. Bastó para que algunos fanáticos salieran, en forma de coro, a promoverlo. La voz más sonora, sin embargo, provino de un gobernador: Jorge Capitanich, de Chaco, no vaciló en sostener al ex presidente como candidato factible. No fue una señal cualquiera: Capitanich estuvo hasta hace poco en un lote de mandatarios ganadores en las elecciones de junio, que consideran agotado el ciclo del matrimonio presidencial.

Kirchner fue tres veces gobernador en Santa Cruz (91-95-99) hasta que se lanzó a la aventura presidencial. En aquel espejo, precisamente, se había reflejado Menem cuando soñó con una re-reelección que los límites que le estableció Eduardo Duhalde y la derrota en las legislativas de 1997 le frustraron.

Diferencias y parecidos. Kirchner dispone para sus propósitos de una situación en el peronismo más propicia de la que tuvo Menem. El partido permanece desnutrido luego de la derrota, sin liderazgos en ciernes. Duhalde ya no es el que lidió contra el caudillo riojano ni el que condujo un Gobierno de emergencia tras el estallido de la gran crisis del 2001. La oposición de ahora es también más floja de la que por entonces asomaba con la preeminencia de Fernando de la Rúa, Chacho Alvarez y Graciela Fernández Meijide.

El trazado de aquella parábola haría coincidir a los dos ex presidentes sólo en una situación: los bajísimos grados de popularidad. Menem hasta sacaría alguna ventaja: en 1997 no reunía el volumen de rechazo social que hoy tienen Kirchner y Cristina. Siempre conviene recordar algo: Menem, luego de una década de poder, le ganó en la primera vuelta a Kirchner (24% a 22%) aunque desertó de la última pelea porque el ballottaje era inabordable para él.

No todo el peronismo cree que la idea del regreso de Kirchner tiene relación inexorable con su postulación en el 2011. "A Cristina le restan dos años. Debe mostrarle fortaleza al PJ porque si no el Gobierno tendrá problemas", explican algunos dirigentes que apegan su afirmación a una lógica que no suele aplicar el kirchnerismo. Carlos Reutemann es bastante más escéptico.

En la oposición, en ese aspecto, aflora la unanimidad: Mauricio Macri, Elisa Carrió, Hermes Binner y Julio Cobos suponen que Kirchner -o los Kirchner- están lejos aún de la resignación.

Duhalde asegura que antes de fin de año se pondrá a reorganizar el PJ bonaerense. "Sin ese peronismo Kirchner quedará huérfano", se entusiasma. Daniel Scioli hace decir que en el 2011 intentará repetir en la Gobernación, pero en un lugarcito de su alma sigue ilusionado con ser heredero de los Kirchner. Reutemann cavila. Hay dirigentes y gobernadores del PJ que apuntan que esas dilaciones sólo favorecerían los planes de Kirchner.

Felipe Solá se viene reuniendo, más de lo que se sabe, con esos hombres peronistas. Fueron públicos sus encuentros con Reutemann o con el entrerriano Jorge Busti. Transcurren otras citas más discretas.

Solá recoge impresiones peronistas acerca de qué hacer a partir de diciembre cuando el kirchnerismo pierda las mayorías en el Congreso. Empieza a variar también una percepción: ese cambio tendrá una relativa traducción política si los dirigentes que pueden ser alternativa a Kirchner no abandonan sus encierros. Las matemáticas servirían también para ordenar el pensamiento: Kirchner dispondrá de 90 diputados propios; los 166 que tendrá la oposición se repartirán entre varios caciques.

¿Solá, de vuelta al peronismo? El interrogante voló, en especial, después de que sus socios mostraran las cartas: Macri blanqueó que será candidato a Presidente; Francisco De Narváez camina rumbo a la postulación en Buenos Aires. A Solá le quedaría sólo disponible un lugar en la fórmula que encabezará el jefe de Gobierno porteño.

Las esperanzas presidenciales de Kirchner se afincan en aquel paisaje desarbolado del PJ y en la fragmentación opositora. Pero hay otro par de cimientos: la mejora de la economía para el 2010 -cuya verdadera dimensión habrá que ver- y la aprobación de la ley de medios antes de que progrese diciembre. El ex presidente parece persuadido de una cosa: las mejores noticias podrían provocar un viraje en el humor social. El problema pasaría, según su óptica, por noticias más alentadoras y no tanto por mejores políticas.

El Gobierno podría hablar, en tal caso, de la caída de la pobreza que comunicó la semana pasada el INDEC sin ser, tal vez, vituperado o ridiculizado como fue. El anuncio llegó cuando el propio organismo empezó a admitir -recién ahora- la baja de la actividad económica, la suba del desempleo y también del trabajo en negro. Quizás el ejemplo más grosero del desprecio hacia la opinión pública que acostumbra hacer el kirchnerismo.

El tránsito de la ley de medios será por el Senado mucho menos expeditiva de lo que fue en Diputados. Para conseguir esa media aprobación los Kirchner debieron resignar la ambición de incorporar a las empresas telefónicas al mercado de la TV por cable. Las apuestas parecen ir creciendo entre los senadores: están en la mira de la revisión los artículos que establecen sólo un año para la desinversión de las empresas de comunicación comprendidas por la nueva norma, la integración del órgano de aplicación y las facultades al Poder Ejecutivo de otorgar o cancelar licencias de TV abierta y radios AM y FM en ciudades con más de 500 mil habitantes. Los senadores parecen oprimir el corazón del modelo kirchnerista que explicaba la ley.

Hay senadores del oficialismo que concuerdan, en esos aspectos, con el reclamo opositor. "La prolongación del período de desinversión sería un golpe fatal a los Kirchner. Salvo que Néstor pueda seguir", reconoció un ultrakirchnerista. Los peronistas andan con una piedra en sus zapatos: el senador Guillermo Jenefes, de Jujuy, es crítico del proyecto y sería determinante para asegurar la mayoría en tres (Libertad de Expresión, Presupuesto y Hacienda y Asuntos Constitucionales) de las cuatro comisiones que deben producir el dictamen.

Jenefes es un dirigente ligado en su provincia a medios de comunicación que acostumbra a rehuir las decisiones compulsivas. A raíz de eso tuvo en los últimos días varios roces con Miguel Pichetto, jefe del bloque oficialista, azuzado siempre por las urgencias de la Presidenta. También, por las broncas de Kirchner, que se resiste a los cabildeos y a las amenazas de cambios que circulan por el Senado.

El ex presidente no quedó nada conforme con cierta endeblez del titular del COMFER, Gabriel Mariotti, frente a los embates de la oposición. Ha ordenado echar un cerco sobre Jenefes. Instruyó el reemplazo de dos senadores oficialistas -ausentes por enfermedad- en la Comisión de Industria y Comercio para garantizarse con otro par de fieles la mayoría. Repasa un diagrama con el cronograma de la ley y los viajes al exterior de Cristina, que servirían para neutralizar cualquier intervención de Julio Cobos.

"Kirchner copia el modelo de Chávez", se tientan en la oposición. Es una mirada, pero existen otras. Henoch Aguiar, académico en telecomunicaciones, emparenta más el diseño mediático que promueve el matrimonio presidencial con el del premier de Italia, Silvio Berlusconi: "Es una trama que conjuga el control de medios públicos con un avance sobre los medios privados a través de empresarios amigos del poder", describe.

Tal vez, por esa razón, Mariotto balbuceó cuando un senador radical lo acosó con la pregunta sobre si los contratistas del Estado o los empresarios del juego tendrían algún impedimento para comprar, en el futuro, un medio de comunicación. En esa geografía pululan los amigos de Kirchner. Lázaro Báez, ligado a la construcción, es uno de ellos. Ese hombre explica la feroz riña entre la AFIP y la SIDE por aquel operativo intimidatorio contra Clarín.

Andrés Vázquez, un subalterno de Ricardo Echegaray, jefe de la AFIP, fue citado a declarar por la Justicia a raíz de aquel episodio. Ese hombre era responsable de la región sur metropolitana del organismo, de donde salió la orden del operativo.

Vázquez llegó a la AFIP desde la SIDE, apadrinado por Francisco Larcher, el ladero del jefe de la Inteligencia, Héctor Icazuriaga. Estuvo primero en el área de Inteligencia del organismo. Su ascenso fue resistido, incluso, por Echegaray. Lo hicieron responsable, finalmente, de la región sur por una orden expresa de Kirchner y para una tarea precisa: permitirle a Báez zafar de un grave brete impositivo. El empresario mudó su domicilio dentro de la región metropolitana para que esa maniobra fuera posible.

Echegaray insiste con que Vázquez hizo aquel procedimiento sin su permiso. Eso podrá creerse o no. No existirían dudas, en cambio, sobre la participación de Kirchner, el gran titiritero del decrépito tiempo político que le toca encarnar a Cristina.

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