Pese a la Gripe A, se llenaron los sitios cerrados con shows infantiles

Los lugares al aire libre estuvieron casi desiertos. Pero los teatros sí funcionaron.
Por Corrientes y Pueyrredón los vendedores polirrubro del banquito de plástico y la manta en la vereda –viejos rivales de los vendedores "de local que paga impuestos"–, dejaron ayer de acomodar pashminas, medias mullidas y carilinas. Demanda obliga, ahora gritaban "Ben dieeez, muñecos de Ben dieeez" y algún que otro retro o desactualizado hacía su oferta pero con unas Panteras Rosas cabezonas deformadas por la goma espuma. Es que, más allá del receso forzado, ayer fue el primer día real de vacaciones de invierno. El cielo turbio, la bruma londinense y el amague de la lluvia llenó las obras infantiles más promocionadas y dejó pelado todo lo que no tuviera techo.

Dentro del Luna Park, Nemo y un cardumen de patinadores rusos y americanos disfrazados de pescaditos fosforescentes se deslizaban sobre el hielo. Afuera tronaba el generador que mantenía la pista de hielo rígida. "Con esto de la gripe, tal vez salir sea una irresponsabilidad, pero bueno, como es sobre hielo y se supone que hace frío, vinimos igual. Si hubiese sido una obra en un teatro chico y calefaccionado no habríamos ido", dice Mariel Espada, de Belgrano. Ayer el Luna llegó a las 3.000 personas por función, un 80% de su capacidad. En el Gran Rex, "Casi Angeles" tuvo más de 2.000 personas por función y en el Centro Cultural Recoleta, la mega exhibición de Star Wars (que se queda hasta agosto) fue un hormiguero: pasaron más de 3.000 personas.

"Sacamos las entradas en mayo, cuando esta gripe no era un problema. Este mes recién vamos a pagar la última cuota. A mi hija hasta le suspendí el cumpleaños... no le iba a suspender esto también", dice Nancy Maltagliatti, de Villa Madero. Y pregunta: "¿no me vas poner que soy mala madre por haberla traído, no?".

Pero parte del mundo perfecto de Disney se derretía afuera con la desesperación de los vendedores de merchandising no oficial. La payasa corría a las mamás: "¿Le pinto a la nena un Nemo en el cachetito?". La policía corría a los que estacionaban en doble fila: "Hacele la boleta a todos, ¿qué me importa que hayan puesto balizas?", ordenaba el jefe al más pichón. Y la mujer policía corría a los vendedores: "Necesitamos trabajar, ¿varitas de Nemo señora? ¿títeres de Nemo señora? Hace semanas que no pasa nada, ¿vinchas de Nemo señora?". Quien habla mientras trata de vender es Liliana, una mujer enojada que hace 30 años trabaja "en la puerta de algún teatro".

En la puerta del Lola Membrives, las mamás de varones hacían fila para ver a Ben 10. La santafaesina Marcela Barrio paró sin aviso para sacarle una foto al nene con el globo verde y el globo negro. Los que venían atrás, la chocaron en cadena. "Es la primera salida de los nenes... si estaba todo cerrado", alcanza a decir. Y se pierde.

Salvo las escalinatas del Correo Central que se llenaron de skaters y porrazos, los lugares al aire libre fueron un lamento. En la placita del Palacio Pizzurno, que los sábados se puebla de chicos de negro, con ojos pintados de negro y pelo teñido de negro, no había nadie. En la feria de Plaza Francia, al hombre disfrazado de robot nadie le ponía una moneda para se encendiera. La tarotista miraba a los ojos y pasaba las yemas de los dedos por los bordes de las cartas. La curandera se acomodaba bajo una sombrilla anticipándose a la lluvia que llegó, pero más tarde. "Es el destino de los curranderos", dice uno, contento con su chiste. "Here mister, here ", reclutaba Alejandro, el guía que lleva turistas a pasear entre las tumbas del Cementerio de la Recoleta. El nectroturismo sí funcionó. En el zoológico de Palermo las vallas para contener gente estaban de adorno. El señor de los mateos leía el diario, la señora de las garrapiñadas revolvía para que no se pegaran y el pequeño pony se salvó de que lo monten.

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