Persisten trabas para ligaduras de trompas

La intervención está garantizada por la ley, pero profesionales de dispensarios municipales advierten que aún se retacea.
"Si escupiste nueve, podés escupir 10". Patricia tiene 34 años, es madre de 10 hijos, y se atiende en un dispensario municipal del sur de la ciudad de Córdoba. Ella cuenta que eso le dijeron cuando el año pasado pidió que le ligaran las trompas en el Hospital Misericordia, a donde nunca más regresó, a pesar de que quiere realizarse esa intervención para no tener más hijos, según el derecho que le da la ley.

Ella es la mamá de Rocío (17), Leonardo (16), Damián (14), Fernanda (13), Pablo (11), Tatiana (7), Ezequiel (6), Sergio (4), Santiago (2) y Valentina (seis meses). Es bajita, y tiene el pelo y los ojos oscuros, igual que Rocío, que la acompaña. Y que Sergio, que es precioso y no se queda ni un minuto quieto mientras su mamá habla. Y que Valentina, que se acurruca, tranquila, en su falda, en una siesta calurosa en la villa Los Cortaderos.

"Yo tenía un embarazo de riesgo, y por eso el doctor del dispensario me derivó al Misericordia para que me hicieran una cesárea y la ligación", dice.

"Pero allá, la doctora que me atendió me dijo que no tenía por qué pedir la ligación, y me trató muy mal. Y cuando mi hija Rocío le dijo que no me tratara así, la trató de irrespetuosa y se fue, y me dejó ahí regalada", relata.

"Después no volví más, aunque no quiero tener más hijos y anticonceptivos no puedo tomar porque me hacen mal. Pero con esa mujer, nadie vuelve", dice, y los ojos se le ponen húmedos.

Muchas más. El caso, lamentablemente, no es único. En el salón de Cortaderos se multiplican los rostros y las historias de otras mujeres, muchas de ellas con sus bebés en upa, que también tropezaron contra un sinnúmero de obstáculos que les impidieron, hasta el momento, acceder a la ligadura tubaria (ver Ellas dicen).

Pocos días antes, los inconvenientes habían sido puntualizados a La Voz del Interior por un grupo de 18 médicas, psicólogas, trabajadoras sociales y enfermeras de nueve centros de salud de zonas vulnerables de la ciudad, fuera del anillo de la Circunvalación.

"En todos nuestros dispensarios hay mujeres que no acceden a la ligadura a causa de la cantidad de trámites y gestiones que les exigen en los hospitales", explican la médica Carina Martín y la trabajadora social María Isabel Pérez.

Y enumeran los casos que conocen: entre 10 y 12 en barrio San Roque; siete en Cortaderos Sur; tres en Remedios de Escalada; otras tantas en Coronel Olmedo, y alrededor de 20 en otro centro de salud de la zona sur.

En la organización Católicas por el Derecho a Decidir, la médica Gladys Ponte, señala que está al tanto de los obstáculos. "Nos llegan casos puntuales, y muchas veces hemos acompañado a las mujeres a los hospitales. Pero no tenemos un relevamiento", señala. Y critica que, desde hace un año, haya quedado desactivada la Mesa de Diálogo que integraban el Ministerio de Salud de la Provincia, la Municipalidad, la Universidad Nacional de Córdoba y las organizaciones sociales. Se reunían cada mes para monitorear la marcha del Programa de Salud Sexual y Reproductiva.

"Máquina de impedir". ¿Quiénes son las mujeres que piden la ligadura? En general, tienen entre 35 y 40 años, son madres de cuatro o más hijos, muchas con pareja estable, y sin trabajo formal ni ellas ni sus compañeros, según informan las profesionales de los dispensarios.

También advierten que la consejería médica previa a la operación que requiere la ley provincial no estaría funcionando como un acompañamiento a la mujer sino como "una máquina de impedir".

"No les dicen directamente que no, pero les cuestionan su decisión, les dilatan los turnos, o las hacen volver una y otra vez, y es muy frecuente que cuando terminan de hacer todo, ya se les hayan vencido los prequirúrgicos y tengan que hacer todo de nuevo. En la práctica, eso implica restringir el acceso a un derecho, porque en todos los casos estamos hablando de mujeres humildes, con muchos hijos, que tienen que tomar un promedio de dos ómnibus de ida y otros tantos de vuelta cada vez que van al hospital", alertan.

"Además, si bien cada hospital tiene su modalidad, ha habido casos concretos donde incluso se les han exigido requisitos que no pide la ley, como el consentimiento firmado del marido", afirma Roxana Burgo, trabajadora social de Remedios de Escalada.

Las profesionales advierten que muchas veces las mujeres recién logran acceder a la ligadura cuando van al hospital acompañadas por la psicóloga o la trabajadora social del dispensario. "Y eso es indigno, porque implica que solas no son escuchadas, lo que las inhabilita en su autonomía", alerta Mariana, trabajadora social de Coronel Olmedo.

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