La persecución, esa costumbre de los autoritarios

Por Fernando Gonzalez

Es difícil creerle a la Presidenta cuando llena de buenas intenciones su discurso anunciando el proyecto de ley de Radiodifusión para iniciar el necesario debate sobre el futuro de los medios de comunicación.

Es difícil creerle porque mientras pronuncia esas palabras sensatas, personas rentadas salen a pintar consignas contra el grupo Clarín y algunos de sus directivos son hostigados en sus propios domicilios. Y también es difícil creerle cuando uno de sus colaboradores denuncia a Francisco de Narváez por ocultar supuestamente un dato que es de público conocimiento desde hace cuatro años: la composición del multimedios América.

La discusión por el nuevo marco legal que debe tener la comunicación en la Argentina debe ser amplia y plural, y a nadie debe preocuparle si es vehemente cuando los sectores involucrados defienden sus posturas. Así es la democracia. Un sistema institucional basado en el debate y el juego cambiante de mayorías y minorías políticas.

Pero la persecución y el miedo no son herramientas de la democracia. Fueron los mecanismos preferidos de las dictaduras. Deberían asumirlo ya los Kirchner, quienes tantas veces condenan los pecados del autoritarismo pero que en su relación con la prensa imitan sus peores defectos.

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