Peronistas en otro 17: unidos no están pero triunfan igual

Por:Julio Blanck

Es un fallido único, inolvidable: "La opción es liberación o dependencia. Y nosotros ya elegimos la dependencia".

Lo dijo en el estadio de Vélez el bueno de Deolindo Felipe Bittel, candidato a vicepresidente del peronismo.

Era el 17 de octubre de 1983. A dos semanas de la elección que traía de regreso la democracia después de los años negro y sangre de Videla, Massera y compañía, el justicialismo celebraba el ritual mayor de su liturgia con un acto que se pretendía premonitorio. Y lo fue: ganó Raúl Alfonsín.

Bittel, un escribano que fue gobernador del Chaco y después terminó su carrera como senador, fue quien, como vicepresidente primero del PJ en 1979, se animó a ponerle la firma a un reclamo por los desaparecidos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, cuando la enorme mayoría se escondía en el silencio. Injusticias de la memoria, se lo suele recordar más por el fallido en Vélez que por aquel gesto valiente.

Y es probable que aquel 17 de octubre que preanunciaba derrota, con una multitud enfrentada en facciones y una rechifla interminable al caudillo metalúrgico Lorenzo Miguel, sea el más presente en el recuerdo después, claro, del 17 de octubre original. Aquel 17 de 1945, el pueblo en la Plaza, las patas en la fuente, Perón preso en Martín García y puesto en libertad por la presión insostenible de esa gente, hablándoles casi a la medianoche, fundando desde entonces y hasta donde hoy puede verse, el movimiento que lleva su nombre, su instinto, su formidable potencia de cambio.

Replegados en los archivos están tantos otros 17. Con el peronismo dominante o perseguido, heroico o traidor, abarcador o sectario, revolucionario o conservador, odiado o amado con igual furia.

Hubo un 17, en 1951, con Evita en el balcón dejando ver en su rostro y en su cuerpo las primeras dentelladas de la enfermedad asesina. Y muchos 17 en la resistencia y la proscripción. Y otro 17, el de 1973, el último con Perón que cinco días antes había asumido por tercera vez como presidente democrático.

Pero después de aquella derrota a manos del radicalismo de Alfonsín, que les rompió el invicto de tantos años, mucho dirigente creyó que los tiempos aconsejaban, si no ocultar, al menos suavizar, maquillar, camuflar esa identidad tan fuerte y tantas veces excluyente, que había dejado de ser el pasaje automático a la mayoría. Y vinieron los 17 pasteurizados.

El peronismo volvió al poder con Carlos Menem en 1989 pero era otra cosa. Historia conocida y demasiado repetida, y no por eso menos cierta. Un peronismo liberal, modernizador y farandulero, votado con fervor peronista por el pueblo peronista. Un presidente, Menem, que como medida ejemplar en uno de sus 17 de octubre, el de 1990, firmó el decreto que limitó el derecho de huelga en los servicios públicos esenciales.

Eduardo Duhalde, que intenta todavía hoy ser la bisagra entre el patrimonio histórico del peronismo y los vientos huracanados que alborotan el nuevo siglo, aprovechó el 17 de octubre de 1998 para lanzar su campaña a la presidencia ante una Plaza de Mayo desbordante. Pero los 17 ya no eran lo que habían sido: en el cierre de la década menemista, el ganador terminó siendo Fernando De la Rúa.

"El año 2000 nos encontrará unidos o dominados" había dicho Perón. Ese año, el festejo oficial del 17 de octubre fue una reunión de gobernadores en Jujuy. Firmaron un documento.

Dos años después, lanzada la pelea por la candidatura presidencial, cada aspirante armó su propio 17: hubo actos de Menem, De la Sota, Rodríguez Saá y Kirchner. Y en 2003, ya con Kirchner presidente, el 17 de octubre registró apenas una visita de diputados a Martín García, desde donde Perón volvió aquella vez a la Plaza.

En 2006, el festejo incluía el traslado de los restos de Perón a su vieja quinta de San Vicente. Fácil de recordar: terminaron a los tiros, entre las barras de camioneros y la construcción.

En 2007, a diez días de la elección presidencial, Cristina hizo un acto chiquito, muy televisable, junto a Kirchner, Daniel Scioli, Felipe Solá (todavía no expulsado del Paraíso), Hugo Moyano y otros. La noticia del día fue que la entonces candidata cantó la Marcha.

"Los muchachos peronistas / todos unidos triunfaremos" dice la estrofa inicial.

Un año después, muy unidos que digamos no están: para recordar este 17 hubo media docena de actos más o menos notorios. Pero los peronistas mantienen vigorosa la herencia de Perón: siguen triunfando, aún bajo otros nombres, otros rostros, otros discursos. En todos ellos, como en nadie más en la política argentina, habita la ambición del poder.

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