En el peronismo ya se trabaja para el día después, con o sin Kirchner

Por: Julio Blanck

La política es un ajedrez que nunca descansa. Los jugadores hacen su movimiento y al mismo tiempo imaginan las movidas a futuro. Eso sucede hoy en el peronismo: los principales dirigentes se aprestan para la inminente campaña electoral, mientras esbozan los reagrupamientos que van a ensayar después de junio, con vista a la renovación presidencial de 2011

Algunos dicen que esto es sólo la tradicional, y muy eficaz, maniobra peronista para permenecer en el poder. Otros hablan en términos más brutales: definen este momento como el comienzo de la traición a Néstor Kirchner. No es poca cosa, en un movimiento que hizo de la lealtad un valor pretendidamente inmutable.

El deterioro político empuja a Kirchner a hacer ahora lo que no hizo en 2007, cuando se dio el lujo de delegar en Cristina la candidatura presidencial. Tiene que presentarse a la elección, ahora como candidato a diputado en la Provincia para retener el poder, o lo que pueda de él.

La hegemonía kirchnerista amenazada y lo que ya asoma como una grave dificultad para retener la mayoría parlamentaria son dos caras de una misma moneda. Por eso, la lógica peronista está impregnada hoy por el diseño del día después de la elección. Ese día después en el que la áspera conducción de estos años deberá convivir con un nuevo equilibrio de fuerzas y quizás con nuevos liderazgos. Ese tipo de proceso en el que se juega la propiedad del poder peronista siempre fue muy agitado. Nada indica que esta vez pueda resultar diferente.

El primero que trabaja para el día después es el propio Kirchner. Aprieta y empuja con su candidatura, intenta ponerle cerrojo a la dispersión peronista y polariza hasta la exasperación el escenario electoral. Necesita conservar una masa crítica de poder que le permita mantener el control y, si fuera necesario, planificar el repliegue hacia una salida ordenada en 2011, con acuerdos de convivencia y garantías futuras con otros jefes peronistas.

Para eso Kirchner necesita ganar en la Provincia, y ganar bien. Las mejores encuestas le dan una merma de 10 puntos respecto del 48% de la elección que Cristina hizo en 2007, con Daniel Scioli como gobernador y Felipe Solá como primer diputado. Kirchner firma sin demoras si le aseguran 38% en junio. Con ese porcentaje seguirá siendo poderoso, aunque en los otros distritos grandes del país a sus listas les vaya de mal para abajo. El control de la Provincia, y en especial del Gran Buenos Aires, sigue siendo la llave que abre la puerta del poder en la Argentina.

La amenaza para el kirchnerismo es allí el peronismo disidente aliado al macrismo. En el oficialismo bonaerense admiten que Francisco De Narváez puede tener un piso del 25% para la votación de junio. Pero también dicen que a ese porcentaje no se le pueden sumar automáticamente los votos que tendría Solá. Dicho de otro modo, si Solá no es candidato, ese voto peronista enojado puede estar en disputa incluso por el kirchnerismo. Lo mismo afirman en el equipo de Mauricio Macri: "La lógica electoral es que Felipe también sea candidato porque sus votos no se transfieren", explicó un hombre que se sienta a la mesa chica del macrismo. ¿Solá irá segundo en la lista que encabece De Narváez? ¿Renunciará a dos años de mandato para renovar esa misma banca sin liderar la boleta? ¿Está Solá dispuesto a ese sacrificio, o alguien está en condiciones de pedírselo? Son incógnitas que se van a develar en pocos días más.

Pero hay otro actor fuerte en la Provincia, porque también Scioli arma su juego. "En la campaña voy a tener un rol protagónico", se esperanza el gobernador. "Voy a defender mi gestión y quiero estar en la lista de los ganadores de ese domingo" explica. Experto como pocos en la sobrevivencia política, Scioli sabe que para el peronismo el que no gana no existe. Y el que existe, siempre tiene una oportunidad más.

Scioli jura que seguirá leal a Kirchner. Esa condición de fidelidad la mantuvo en sus variados destinos dentro del peronismo. Pero nadie se inmola en nombre de otro. Scioli también empezó a pensar hacia dónde se moverá el futuro. De eso suele hablar con Mario Das Neves, el gobernador del Chubut, el mismo que largó muy temprano la diferenciación con el kirchnerismo y hasta una candidatura presidencial. En los últimos tiempos Das Neves moderó mucho aquel ímpetu y se lo vio de regreso en el redil oficialista. Quizás ellos dos piensen, con legítimo derecho, en heredar un kirchnerismo sin los Kirchner.

Otro polo del día después está encabezado por Carlos Reutemann, con una alianza en progreso que incluye al gobernador cordobés Juan Schiaretti -que las puede pasar feas en junio- y con el entrerriano Jorge Busti. Milagro de la flexibilidad política: no se reconocen como kirchneristas, pero tampoco como antikirchneristas. Juegan un poco con todos y todo con ninguno. Sería bueno ponerles atención: esa ambigüedad suele ser muy productiva, y Reutemann tiene grandes posibilidades si se decide a jugar a fondo. Por ahora, los sondeos dicen que está ampliando su ventaja para la elección de senador en junio. Si mantiene el ritmo, puede ganar Santa Fe por cifras que lo instalen automáticamente en la carrera mayor para 2011.

Un dato a considerar: en el fuerte armado del peronismo disidente y el macrismo, con base de operaciones bonaerense, Eduardo Duhalde tiene participación directa o a través de sus amigos: algunos se sorprenden cuando ven a Juan José Alvarez o a Alfredo Atanasof en las oficinas macristas. Pero Duhalde no logra hacer pie en el polo que se arma alrededor de Reutemann, donde no es bien recibido.

Justo es decirlo, un buen puñado de gobernadores siguen fieles a Kirchner y parecen dispuestos a acompañarlo todo lo que sea posible. Aunque ya hubo algún amague de desmarque de oficialistas insospechados como el salteño Juan Manuel Urtubey y el sanjuanino José Luis Gioja.

Kirchner propuso el desafío enorme de plebiscitarse. Sabe que otra historia empezará a escribirse el día después. Y no se quiere quedar afuera.

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