El peronismo quiere peronizar, y otras malas noticias bonaerenses

Por: Julio Blanck

Cuatro intendentes del Gran Buenos Aires están buscando la manera de hacerle saber a Néstor Kirchner que la perspectiva electoral no es buena en en sus municipios. Tres de ellos ya están en la lista de los que aceptaron ser "candidatos testimoniales" en junio, el otro está dudando. Todos se encontraron con una mala noticia en las encuestas: sus vecinos, que tienen buena opinión de ellos, rechazan esa tramoya testimonial. Y no sólo se les cae la imagen a esos intendentes cuando aparecen como candidatos, sino que además hay un retroceso en la intención de voto para la lista oficialista.

Dos de esos jefes municipales casi matan al mensajero: le ordenaron a su encuestadora hacer de nuevo la medición, supuestamente equivocada. Pero ya están al tanto de lo que pasa.

Lo peor de la mala noticia para el kirchnerismo es que esos cuatro intendentes comandan distritos del segundo cordón del conurbano. Para asegurarse una victoria por margen razonable en la Provincia, el kirchnerismo tendría que reunir en esa geografía de carencias no menos del 45% de los votos. Hace apenas dos años, Cristina presidenta había superado el 55% en ocho de los veinticuatro municipios del GBA, con picos superiores al 60% en Malvinas Argentinas, Esteban Echeverría y Florencio Varela. Hoy están a años luz de esos porcentajes

Los referentes del kirchnerismo puro de la Provincia aseguran que su jefe supremo tiene un piso de 35% de votos propios y que con Daniel Scioli en la lista pueden dar el respingo que falta para sacar una luz apreciable en la elección. Es legítimo ese análisis, pero todavía no hay pruebas que lo sostengan. Aunque se supone que las encuestas con esos números pronto van a aparecer.

Pero al día de hoy, las candidaturas testimoniales son un problema al que los jefes territoriales del peronismo todavía no le encuentran forma de encararlo. Sucede que a algunos simplemente no les gusta. Otros piensan que va a ocasionar más pérdidas que beneficios. Están los que aceptaron esas candidaturas con entusiasmo y los que lo hicieron a regañadientes, apretados por Kirchner y sus operadores, pero andan buscando con el rabillo del ojo a ver si encuentran una puerta de escape.

Y están los que resisten como pueden. Uno de estos es nada menos que Alberto Balestrini, vicegobernador de la Provincia y presidente del PJ bonaerense.

A Balestrini, hombre fuerte en La Matanza, lo llamaron de la Casa Rosada para sugerirle que vaya como candidato testimonial encabezando la lista de diputados provinciales por la Tercera Sección electoral. Dijo que no. Sus amigos recuerdan que ya dejó trunco su segundo mandato como intendente de La Matanza para ser diputado nacional en 2005. Después abandonó antes de tiempo la diputación para ser vicegobernador. No quiere ser candidato a algo que no va a ser, con esos antecedentes.

Distinto sería, dicen quienes lo conocen, si se anota en una lista para ser elegido y ocupar el cargo. Quizás Balestrini termine junto con Kirchner y Scioli en la lista de diputados nacionales, y quizás lo suyo no sea testimonial sino efectivo y termine regresando al Congreso Nacional, dejando vacía la silla de vicegobernador.

Es probable que estas cuestiones se discutan hoy, cuando se reúna la conducción del peronismo provincial en Tres de Febrero, el municipio que comanda Hugo Curto, integrante además de la mesa chica del PJ bonaerense. A esa mesa que preside Balestrini se sientan también Hugo Moyano, José Pampuro, Aníbal Fernández y Cristina Alvarez Rodríguez.

Menos sonora pero no menos delicada que la cuestión de las candidaturas testimoniales, también entrará en discusión el tema de las alianzas electorales y las siglas con que irán a la elección de junio.

Frente a un escenario complicado, la reacción instintiva del peronismo bonaerense es peronizar la campaña. Esto es, recuperar la identidad partidaria, el escudo, la Marcha y las imágenes de Perón y Evita, para refugiarse en el vínculo con la base histórica de votantes.

En debates previos de la conducción del PJ provincial ya hubo quien defendió la idea de sostener el sello kirchnerista del Frente para la Victoria. Pero es fuerte la intención de recuperar para el proselitismo y la propaganda una muy clara identificación peronista.

La boleta duplicada, llamada ahora "lista espejo", con igual nómina de candidatos a diputados nacionales encabezada por Kirchner, y diferentes ofertas para los demás cargos, podría ser una salida. Sería, en rigor, una nueva versión de las "colectoras" que en su momento arrimaron votos, pero que de allí en adelante trajeron dolores de cabeza a la dirigencia peronista, por la diversidad de identidades superpuestas.

Para decirlo sencillo: parte de la dirigencia del PJ bonaerense quiere sacarse de encima el sello del Frente para la Victoria y evitarse el mal trago de tener que compartir la boleta con personajes como Luis D'Elía, según explican sin la más mínima delicadeza.

Saben que ese rumbo lleva a una colisión con otras formaciones kirchneristas que andan flojitas de genealogía peronista. Pero también les puede precipitar un choque con el propio Kirchner, una hipótesis a la que todos temen y que, por ahora, preferirían evitar. Quizás porque creen, en el fondo, que después del 28 de junio los que son peronistas tendrán que sentarse a una mesa para perfilar el futuro.

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