El peronismo y los piratas del Caribe

Por Hernán Brienza.

No hay nada más entretenido para un fisgón de la política criolla que sentarse a tomar un café la mañana posterior a las elecciones con un operador del peronismo bonaerense.

No hay nada más entretenido para un fisgón de la política criolla que sentarse a tomar un café la mañana posterior a las elecciones con un operador del peronismo bonaerense. Un bar con presunción en Recoleta, el hombre un cincuentón con años de militancia en el conurbano, saco mustio, pantalón desvaído, reloj prepotente, anillo de oro y celular a lo Jack Bauer, sonríe con astucia. Quizá sea uno de los personajes más "simpáticos" de la política argentina: sin acartonamiento, muy bajo nivel de hipocresía, sin muchas pretensiones discursivas pero con un manejo del realismo político que haría ruborizar al cardenal Richelieu, uno de los mejores exponentes de la "viveza" que caracterizó a los punteros conservadores de la época "dorada" de la cuasi democracia de fin de siglo XIX. Un personaje de la tradición picaresca, que, simpático, ofrece su visión de los resultados: "Ahora, se abre una nueva instancia en el peronismo", dice y pregunta: "¿Viste Piratas del Caribe? ¿La última? Hay una escena fenomenal –dice y se entusiasma– la de la reunión del consejo de piratas donde tienen que elegir al rey. Todos saben que se van a traicionar y todos saben que se van a elegir a sí mismos como reyes. La situación es un empate político constante. Bueno, estos dos años van a ser así. Todos conspirando y postulándose". El operador larga una carcajada estruendosa; se nota que le divierte la metáfora.

Algo de razón tiene. Ahora es tiempo de especulaciones, de divertimentos políticos, y en esta contratapa no voy a hacer otra cosa que cálculos, ingeniería política, jugar por jugar. Empecemos: ¿Está muerto el kirchnerismo? La derrota del domingo, la renuncia de Néstor Kirchner y el clima de época ofrecen, en primera instancia, una respuesta positiva a esa cuestión. Pero en política los muertos que se matan siempre pueden volver a gozar de buena salud. Imaginemos que el cuadro político ofrece cuatro candidatos para 2011: Cobos, Reutemann, Macri y Kirchner. Con los resultados de ayer, de un 30 por ciento, y en una oferta tan fragmentada, ¿no tienen posibilidades de imponerse en una segunda vuelta? Depende. Todo depende. ¿De qué? De estos próximos dos años ¿Será capaz el Gobierno de recuperar la iniciativa? ¿De volver a dialogar cara a cara con la "sociedad" y con el propio partido? ¿De asegurarse una "salida" elegante y decorosa? Si lo hace, no sólo quedará medianamente bien parado para 2011, aun cuando no gane ni presente candidatos propios sino pensando en perspectiva histórica. ¿Quién sabe qué puede pasar en la Argentina en los próximos diez años? Carlos Menem –incluso demonizado– ganó la primera vuelta en 2003. Juan Domingo Perón echado "a lo bestia" por la Revolución Libertadora regresó 18 años después con el lema "no es que yo haya sido bueno sino que los que vinieron me hicieron mejor". Habría que ver qué ocurre cuando los humores políticos y el hastío obvio que produce un proceso de seis años de gobierno hayan pasado. Pero, ¿y los demás? Francisco de Narváez pasea su triunfo por todos los medios posibles. Pero, ¿le bastará esa victoria a un hombre sin tradición política en el peronismo, no ya para ser candidato del Partido Justicialista sino para comandar y conducir un proceso político? ¿Tendrá brazos fuertes para montar el toro del aparato bonaerense? ¿Y Macri? ¿Hará finalmente el peronismo –integrado por "incorregibles"– la alianza definitiva con los sectores dominantes de la Argentina como Macri y los suyos? ¿Dejará Hugo Curto o Juan Schiaretti que los dirijan Mauricio y Horacio Rodríguez Larreta? Se vendrá el grito definitivo: "¡Todo el peronismo con Macri y De Narváez para frenar a la derecha!"

¿Y Mario Das Neves? ¿Y Carlos Reutemann? ¿Cuál será su estrategia respecto del justicialismo? ¿Cerrará filas con Duhalde y Schiaretti –o con Solá– por ejemplo para enfrentar al cobismo y al macrismo? (Aclaración: esto es posible sí y sólo sí no hay kirchnerismo en 2011, si no supongo que el enemigo común los unirá). Si el peronismo todavía contiene en sus entrañas un dejo de aquello que lo mantuvo tantos años vivo, no me refiero ni a lo político ni a lo ideológico sino al componente "barbárico" (en términos de Rodolfo Kusch), la alianza con Macri y De Narváez es prácticamente imposible. Y si no, dejará de ser lo que ha sido, para seguir con el silogismo esencialista sanmartiniano. Entonces, sí, sin componente "barbárico" será todo y nada al mismo tiempo, como sugiere habitualmente Martín Caparrós.

El operador político se ríe de mi teoría sobre lo "barbárico". Sonríe con ironía y no alcanzo a adivinar si en su gesto hay aprobación o piedad: "¿Sabés por qué, a pesar de todo, el peronismo sigue vivo? Porque nosotros somos los piratas del Caribe; feos, sucios y malos, es cierto. Pero, ellos, con sus negociados profilácticos, con sus matanzas exquisitas, con su ternura políticamente correcta, siguen siendo la Armada británica". El tipo paga la cuenta y se despide. Me levanto, voy hasta el kiosco de diarios y le pregunto al canillita:

–¿Tenés Piratas del Caribe 3?

–Sí, claro, pero la versión trucha…

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