El peronismo adelanta y presiona sobre la estrategia electoral

El peronismo adelanta y presiona sobre la estrategia electoral

Movidas mediterráneas. Schiaretti genera desvelos en el oficialismo por el adelanto de las elecciones provinciales. Elisa Carrió convocó a una cena en la que se discutió, también, la estrategia electoral para Buenos Aires.

Sin esperar a que se apaguen los fogones del G20, se reactiva la agenda que intenta resolver temas que apuran al oficialismo y la oposición, por ejemplo quién y cómo va a poner la plata para pagar las campañas del año que viene. Juan Schiaretti, el gobernador de más peso del peronismo, adelantó las elecciones en Córdoba para el 12 de mayo. Con eso reactivó las alarmas en el oficialismo, que hasta ahora no ha terminado de diseñar una estrategia nacional para 2019. Lo que pasa en Córdoba repercute en todo el país, no sólo porque es el segundo distrito con más votos, después de Buenos Aires. También porque el peronismo de esa provincia confirma que se vuelve a desenganchar del destino del peronismo nacional. En 2015 fue una de las claves del triunfo de Mauricio Macri. Para la chance de una reelección lo peor hubiera sido que Córdoba pegase su elección a la nacional. Schiaretti, que busca también un nuevo mandato, la alejó más de lo que dice la ley. Para eso pide a la Legislatura local que enmiende la fecha de junio, y la adelanta un mes. Pone así a la provincia en campaña en pleno verano. También es una decisión de riesgo. En 1998 Ramón Mestre (padre) gobernaba Córdoba y produjo un adelanto inesperado de las elecciones para primerearlo a José Manuel De la Sota. Éste logró sindicar a todas las tribus del peronismo, como ahora lo hace Schiaretti — que solo deja afuera al cristinismo extremo— y le ganó esa elección polarizada a Mestre, que se fue a su casa cuando esperaba saltar al orden nacional en 1999. Lo hizo, pero como funcionario de Fernando de la Rúa.

Los lemas de 2003: la historia que se repite

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Schiaretti entiende que así como Cambiemos tiene un solo proyecto — la reelección de Macri— él también tiene uno solo, la suya propia. Mira hacia adelante unas elecciones que se van a parecerse mucho a las de 2003, con el peronismo jugando con varias candidaturas. Esto lo han escuchado contertulios de la mesa de la Alternativa Argentina, y visitantes como Daniel Scioli. La repetición del panorama 2003 se basa sobre la decisión de la mesa (que junta ya a nueve gobernadores y a Massa, que pone la encuesta) de jugar por fuera del sello formal del peronismo. “Vamos a avanzar más allá de lo que haga Unidad Ciudadana y el PJ con Cristina”. ¿Juntarse? Ahora, de ninguna manera, porque el problema del cristinismo está en la provincia de Buenos Aires. “No tienen lo que significabas vos en la provincia”, pudo escuchar Scioli en su visita a Córdoba. Schiaretti cree que, a hoy, Cristina de Kirchner no pasa el ballotage, y eso ahonda la voluntad de separarse de su destino. Repetir el 2003 es una fatalidad que consagra la división del peronismo, que terminó con un presidente como Néstor Kirchner, que asumió después de perder la primera vuelta. En aquella elección el peronismo del interior se negó a seguir a la provincia de Buenos Aires, cuyo candidato era Kirchner. Había algún entendimiento que, si existe hoy, lo ocultan bien. Era para el uso de los fondos partidarios. En aquel año los tres lemas en disputa — Menem, Kirchner, Rodríguez Saá— se dividieron los aportes del Estado por partes iguales. Los administró una fundación a cuyos responsables todavía hoy los anda buscando la justicia electoral. Se entiende que cualquier componenda de este tipo la escondan; hay mucho sargento escribiente anotando todo, en especial el tráfico de bolsos.

Dilemas de Cambiemos en Córdoba

​ El anuncio precipita decisiones serias en Cambiemos nacional, que está dividido entre dos estrategias para encarar la pelea en ese distrito. Un sector viene proponiendo una interna para elegir candidatos entre todos los partidos que integran la coalición. En Córdoba no hay PASO provincial obligatoria. La idea es llamar a una interna con reglamento acordado, que ponga en disputa todas las categorías y permitiendo que se armen fórmulas cruzadas entre radicales, el Pro y otras agrupaciones. Un segundo sector teme que Schiaretti — que ya tiene su partido ordenado y sin internas— juegue en la interna de Cambiemos y los dañe sin remedio. El ala de Ramón Mestre (h) — intendente de la Capital provincial— y el Pro han encontrado un entendimiento con la agrupación de la UCR que se referencia en el ministro Oscar Aguad. En el orden nacional dicen moverse con una venia de Rogelio Frigerio, y son quienes quieren convocar a esa elección interna para el 24 de febrero. El ala que tiene como cabeza a Mario Negri, presidente el bloque UCR y del interbloque Cambiemos en Diputados, no está convencido de la conveniencia de exponerse a una interna en la que se les puede meter el peronismo. Quieren que se acuerden fórmulas según expectativas de triunfo y derrota, es decir encuestas en las que Negri hace valer su popularidad. En el Gobierno nacional quien mejor los entiende es Marcos Peña, en otra de las disidencias que dividen al Gabinete de Macri, que está solo y escucha.

Vidal se pregunta por los intendentes de Massa

En el Gobierno tendrán que buscar espacio en la semana para discutir este tema y el de otras provincias que también adelantan elecciones. La muerte del padre de Alfredo Cornejo, presidente de la UCR, obligó a cancelar la cita del miércoles pasado de la mesa política que integran el Pro y Cambiemos. Se sacaron el gusto casi todos los que iban a participar de esa reunión, porque estaban invitados a la fiesta en el club siriolibanés que organizó Elisa Carrió en beneficio del Instituto Arendt, que fue lo más parecido a una cumbre del oficialismo. Esa reconciliación de sectores del Gobierno permitió diálogos de contrafrente y bilaterales, entre asistentes que aprovecharon el tiempo para adelantar en materia estratégica. También para algún homenaje, como el que Carrió le brindó a Mario Quintana, sentado en la mesa principal junto a ella, Negri y a las superpoderosas del macrismo, María Eugenia Vidal y Carolina Stanley. Marcos Peña y Horacio Rodríguez Larreta debieron moverse desde otra mesa para esas bilaterales, en las que avanzaron en sus percepciones, las que conviene retener en estos tiempos atribulados: La principal, ¿quiere o no jugar el Gobierno en Córdoba en la pelea por la gobernación, o prefiere que Schiaretti saque su reelección y libere el voto de su provincia en favor de Macri? Es una decisión estratégica que esperan Negri y Mestre para resolver su destino. En la mesa de las mujeres hubo también interrogantes sobre el formato de la pelea electoral en la provincia de Buenos Aires. El dilema de la gobernadora es Sergio Massa, a quien necesita para que le aprueben el presupuesto, pero a quien ven lanzado a una carrera presidencial a la que sujeta todas sus decisiones. Peña niega que vaya a haber desdoblamiento de elecciones locales, como pide el jefe del Frente Renovador. Vidal, que anota todo, registra constancias de cómo se le van los intendentes de Massa hacia el cristinismo.

Financiamiento de campañas, tan transversal como el aborto

Carrió retomó esa noche debates en los que tiene que dar señales decisivas. El más importante es sobre el límite que le pone al apoyo al proyecto de financiamiento privado de las campañas, que esta semana espera el Gobierno que tenga dictamen para ir al recinto, en una sesión del próximo miércoles 5. Se conjugan en este proyecto tensiones contrarias. El Gobierno y el oficialismo necesitan esa ley para blanquear el aporte de las empresas a las campañas. La orden de Olivos es ceder todo para que salga, porque hay situaciones judiciales de apoderados de Cambiemos que podrían quedar superadas con la sanción de la autorización al uso de dinero empresario —beneficio de la ley más benigna. Ese partido gastó en la campaña de 2015 plata de empresas que aportaron al Pro para actividades partidarias, pero que no podía gastarse en la campaña. Si sale la autorización, blanquea cualquier pasado. Carrió y sectores del radicalismo ven con recelo esa autorización, y sólo la votarán si se les pone límite a los porcentajes que pueden dar. Como ocurrió con el proyecto de despenalización del aborto, los rechazos y adhesiones son transversales y se reclutan en todos los partidos. El peronismo del medio — federales y massistas— pone reparos a otros flancos del proyecto que elaboró la oficina de Rogelio Frigerio, sobre la base de un dictamen acodado en el Senado por oficialismo y oposición, pero ignorado por Diputados, que reclama ser la cámara iniciadora. Por ejemplo, piden que se controlen las redes sociales, recurso que creen hoy dominado por el oficialismo con batallones cibernéticos. El Frente para la Victoria rechaza el financiamiento privado, quiere aumentar el aporte del Estado y que se paguen no sólo espacios en medios audiovisuales sino también la publicidad en redes sociales. La izquierda quiere que un segmento de los aportes empresarios vayan a un fondo de coparticipación que se reparta entre todos los partidos. Una manera de recibir dinero de la plutocracia sin la vergüenza de andar pidiéndolo. Algo así como una especie de ley de lemas financiero: pedí vos, que no tenés vergüenza de recaudar, y dame una parte a mí, que me da vergüenza pedirle a los ricos. En este caso, el Congreso trabaja como lo hizo con el Presupuesto: discute y acuerdan los partidos en Diputados, y el “Senado paralelo” controla todo desde las sombras, de manera de que la Cámara Alta ratifique sin chistar. Puede quedar votada en Diputados entre miércoles y jueves, dentro de una larga lista de temas pendientes, y el Senado puede ponerle el moño en una sesión del 12 de diciembre.

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