Perogrullo en problemas

Las derrotas tiene esa extraña virtud de dejar al descubierto lo que las conquistas cubren con su brillo y alegría. El resultado obtenido en la Copa Davis no es una excepción, y expone no sólo un fracaso deportivo sino político para los dos dirigentes que mayor rédito creyeron podrían obtener de una circunstancia en la que el deporte, precisamente, ocupó el último lugar de una lista cuestionable y hoy bien a la luz.

Está claro que la Davis no colocó a Mar del Plata en un lugar preferencial de los ojos del mundo, salvo por los continuos robos en el Hotel Hermitage, que tanto despojaron al equipo de TVE de equipos por un valor de setenta mil euros, como a Fernando Marín, titular de Legalité, la empresa dueña de los derechos del torneo en el país, de 18 tickets de protocolo. También robaron la cámara fotográfica a un periodista en el Hotel Provincial.

El intendente Gustavo Pulti anda buscando una alfombra bien grande para tapar la mugre. No alcanza, desde ya, con las enésimas declaraciones de Eduardo Pezzati en el sentido de que todo está auditado por los presidentes de los colegios de Ciencias Económicas, Abogados, Arquitectos y Escribanos; o por el Tribunal de Cuentas de la Provincia, que daría su informe a finales de diciembre. ¿Apostamos? Sería un acontecimiento de notable inquietud que el Tribunal de Cuentas diera un dictamen final sobre la transparencia de lo actuado por esta unidad ejecutora en tan breve lapso de tiempo.

Desde este espacio aportamos algunos detalles que probablemente no se verán reflejados en tal informe. La empresa que se ocupó de la refrigeración del estadio fue puesta a trabajar sin presupuesto previo. “A factura abierta, luego arreglamos”, ésa fue la consigna.

Por otra parte, no menos importante, y a pesar de los esfuerzos apañados por algún que otro medio nacional, se hace inocultable por estas horas la situación más que tirante que estarían viviendo el intendente y Roberto Fioca, omnipresente armador de los actos del sector “K” y socio de la agencia polifuncional “News”. Indican los trascendidos que Fioca habría invertido $300.000 para gastos de escenario que, según Pulti se habría comprometido, le serían inmediatamente retornados por la Provincia, algo que no ha ocurrido y tiene de los pelos a Fioca. Lo cual no es poca cosa, pues el hombre hace años que la va de pesado en el ambiente de la política y los negocios: algo de eso ya supo Eduardo Pezzati cuando le quiso cortar los negocios que Fioca lleva adelante en el ámbito portuario.

Quién sabe si algún día tendremos la certeza de cuánto le costó la Davis al vecino marplatense y al habitante de la provincia de Buenos Aires, pero estoy completamente persuadido de que no fue gratis, como insiste Pulti. Es evidente que no ha sido un negocio que derrame en la ciudad; las cifras oficiales que se arrojan al viento dan risa, porque a esta pequeña metrópoli y sus déficits estructurales le significan menos que nada. Y así fuera un poco, nada indica que los beneficios alcanzan a todos.

El otro tema es la cuestión de la cerca que bloquea el acceso a la playa Bristol y que tiene al intendente enfrentado con el Concejo Deliberante. La extensa carta que le enviara Nicolás Maiorano (UCR) a Pulti exigiéndole explicaciones por esta gravosa cuestión, como lo es el apoderamiento de la playa pública por parte de Florencio Aldrey Iglesias, mereció de parte del intendente una respuesta de cinco líneas, considerando “insólita” la cuestión planteada por el concejal.

Y sí: sería insólito que alguien le diga nones al dueño de la conciencia de los tres últimos intendentes. Es insólito que alguien clame por un pequeño gesto de dignidad. La cerca de la playa Bristol es una demostración fáctica incontrastable de cómo Aldrey Iglesias opera.

Hoy, aquí, hay una sociedad cercada por la ambición de un sujeto menor y un conjunto de indignos incapaces de soportar una tapa de diario en contra. ¿Tanto cadáver tendrán escondido en el placard, para tener tanto miedo?

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