Las permanentes contradicciones del Gobierno

Joaquin Morales Solá

Romina Picolotti se ha ido y el embajador norteamericano, Earl Anthony Wayne, habló mediante un documento. Ninguna de las dos cosas es habitual. Pero las dos expresan las permanentes contradicciones del Gobierno. Picolotti llegó al Gobierno como consecuencia de la crisis con Uruguay por la fábrica de pasta de celulosa en Fray Bentos. Se va sin haber hecho ningún aporte, ni bueno ni malo. ¿Prenuncia su despedida un período más constructivo para aquella dañada relación con Montevideo? Lo más probable es que no y que la cesantía de la funcionaria sólo se deba a pobres cuestiones internas de la administración.

Confusión. Esa es la única señal del Estado. Cuando Picolotti fue nombrada, el Gobierno la convirtió en una virtual santa del medio ambiente. Pero es la misma administración la que acaba de vetar una ley de protección de los glaciares del sur patagónico. ¿Acaso la santa se convirtió en demonio? Nadie responde, porque quizá nadie lo sabe, salvo el impenetrable círculo de Olivos.

En el caso de Wayne, una pregunta resulta ya inevitable. ¿La posibilidad de que la Argentina termine lavando dineros de cualquier calaña es un problema del embajador norteamericano o es, en cambio, un probable y sombrío panorama para el futuro de los propios argentinos? El blanqueo de capitales propuesto por el matrimonio Kirchner no carece de las contradicciones habituales de un gobierno que no siempre hace lo que dice.

Eso se trasluce en el propio proyecto enviado por el Gobierno al Congreso. En un artículo se subraya que todos los recursos blanqueados estarán sometidos a los controles que dispone la ley antilavado. En otro artículo señala que nadie estará obligado a informar sobre el origen de esos dineros ni a justificarlos. En síntesis, la mejor ley contra el lavado de dinero se convertirá en letra muerta porque el Estado no tendrá la información necesaria para separar la plata honesta de la que no lo es.

Existe preocupación en el gobierno de Washington, siempre sensible al dinero que puede lavar el narcotráfico o el terrorismo. De ahí la referencia de ayer del embajador Wayne a que su gobierno espera que la Argentina siga siendo un "buen socio" en esos menesteres. Los Kirchner han defraudado a Washington muchas veces menos en el secreteo reservado sobre narcotráfico, terrorismo y lavado de dinero. "Tenemos que proteger esa parte de la relación", dijo ayer un diplomático norteamericano luego de que se conoció el documento oficial de Wayne.

Sin embargo, el peor riesgo sigue siendo el de los argentinos. Hubo muchos muertos en los últimos meses que fueron atribuidos a carteles de la droga presuntamente mexicanos. Hubo ya, hace unos seis años, un intento del Cartel de Juárez de comprar con dólares fáciles muchas propiedades en la Argentina. El blanqueo actual, que carecerá de tamices más allá de las inútiles referencias a leyes que no se podrán aplicar, estaría en condiciones de convertirse en la mejor puerta de entrada para esos capitales. Estos siempre podrán contar con la complicidad de argentinos codiciosos.

Narcotráfico y corrupción local podrían lavar sus vergüenzas a través del generoso perdón de los Kirchner. "La corrupción es un problema de ustedes", señaló un diplomático norteamericano desde Washington. Tiene razón. Pero ¿el del narcotráfico es sólo un eventual problema de los norteamericanos? La experiencia indica que el narcotráfico nunca se fue de ningún país donde logró distribuir sus pletóricos narcodólares. Por lo general, ha sido el Estado, la primera y última defensa de cualquier nación, el que ha caído rendido a sus pies.

La doble faz es ya una mala costumbre. Jorge O´Reilly, asesor oficial del jefe de Gabinete, Sergio Massa, señaló que no pidió el relevo del cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, en una reunión de alto nivel realizada en la sede de la Nunciatura en Buenos Aires. ¿Cómo? ¿Acaso esa disparatada propuesta no fue tratada hasta por la Asamblea Permanente de los obispos argentinos? En diálogo con este periodista, O´Reilly dijo que asistió a aquella reunión en nombre de Massa y aceptó que propuso "sacar los problemas personales que complican la relación entre las instituciones", en una implícita alusión a las diferencias entre el ex presidente Kirchner y el cardenal Bergoglio.

Efectivamente, y siguiendo esa línea argumental, las versiones señalan que O´Reilly calificó de favorable el "desplazamiento del arzobispo de Buenos Aires", cargo que desempeña Bergoglio. "Bueno, pero el papel no está", respondió en referencia a que esa propuesta habría figurado como penúltimo punto de sus ideas para mejorar la relación del gobierno kirchnerista con el Vaticano.

En la reunión de O´Reilly en la Nunciatura estuvieron el nuncio, monseñor Adriano Bernardini, y el canciller del Vaticano, monseñor Dominique Mamberti, quien se encontraba en Buenos Aires. El nuncio Bernardini también asistió a la reunión de la Asamblea Permanente de los obispos que trató la escabrosa cuestión.

Varias e inmejorables fuentes de la Iglesia argentina confirmaron que existió la propuesta de O´Reilly sobre Bergoglio. Es menester, por lo tanto, ratificar la información consignada por este periodista el domingo último, aunque más no sea para bajar el nivel de saturación de mensajes dobles, superpuestos y contradictorios que surgen de los gobernantes argentinos.

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