Los más perjudicados en esta clase de crisis, "una vez más, son los pobres"

"Cambian las reglas de juego cuando van perdiendo".
Dos factores impulsaron la decisión de usar reservas del Banco Central para pagar vencimientos de la deuda -o sea, gasto público- y luego, ante la resistencia del presidente del Banco Central de la República Argentina, con apoyo de la oposición, intentaron despedirlo de su cargo ilegítimamente. El primero es un clásico argentino y consiste en postergar todo lo posible el ordenamiento de las finanzas públicas, para hacer demagogia a costa del próximo gobierno y de las generaciones futuras.

La Argentina entró en déficit fiscal en 2009, lo que no estaba mal en medio de la peor crisis internacional en setenta años, pero al cerrarse al mismo tiempo irracionalmente al financiamiento, ahora debe recurrir a las reservas del BCRA para evitar el default. El kirchnerismo afianza así su alejamiento de la última virtud económica que seguía en pie, una razonable situación fiscal. El segundo factor es cambiar las reglas de juego cuando el partido se está perdiendo. Con esto también se hipoteca el futuro, porque la reputación interna y externa se destruye muy fácil, pero cuesta mucho recuperarla. Además de colocar al país al borde de un conflicto de poderes, estas dos equivocadas decisiones licuarán en buena medida los efectos positivos del próximo canje de deuda, porque las tasas de interés para el gobierno, las empresas y las familias serán más altas.

Este modo de usar las reservas aumenta también el riesgo en el punto más vulnerable de la economía argentina de hoy, la alta inflación. Al respecto, no puede soslayarse que en los últimos años el Banco Central no cumplió cabalmente su rol en cuanto a preservar una razonable estabilidad de precios. Su política monetaria no fue la adecuada en un contexto en que la política fiscal era muy expansiva, y en su informe trimestral de inflación no publicó índices de precios alternativos a los del Indec.

Cuánto mejor habría sido para todos que el Central hubiera mostrado entonces la misma loable firmeza que hoy. Es muy importante, de todos modos, no dejarse llevar por la retórica gubernamental, incluida también en los considerandos del Decreto de Necesidad y Urgencia de remoción del presidente del BCRA, porque de haberse evitado las dos cuestionables decisiones que nos ocupan, las tasas de interés habrían sido menores, la reactivación más intensa y la inflación probablemente también menor.

Por ello, los más perjudicados por ellas serán, una vez más, los pobres.

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