Con perfume Maradona.

Casi todo giró en torno al DT de Argentina en Marsella. En la noche en que lo ovacionaron 60 mil personas todas las apuestas que ensayó le salieron bien. Quiso contagiar coraje y mística. Lo logró. Su influencia fue decisiva.
No hizo falta que esperara la acción de la pelota y sus caprichos para que Maradona comprobara que su día número 100 como técnico de la Selección, aquí, a pasitos del Mediterráneo, anclaría para siempre en su memoria. Apenas apareció en el césped del Velodrome, mientras sus jugadores realizaban los movimientos precompetitivos, levantó velocidad su corazón: 60 mil personas, el estadio completo, le rindieron pleitesía al rey. Lo acariciaron. Lo endulzaron. Estallaron en gritos los argentinos que coparon un rincón. Y se acoplaron los franceses, sumándose varios al estribillo clásico y prendiéndose todos en el aplauso de admiración y respeto. Se sabe que Diego protagoniza un fenómeno universal. Pero siempre hay espacio para la sorpresa. Para más. Y el 10 agradeció levantó sus brazos y chocando sus palmas. Era como si estuviera en la Bombonera. Sin embargo, lo mejor de la noche estaba por venir. El lanzamiento de una nueva fragancia en la tierra exacta. Argentina, con "Perfume Maradona". Era el primer desafío grande como entrenador de la Selección y a Diego todo le salió redondo. Todo nada menos que ante un poderoso como Francia, el subcampeón del mundo.

Así como transmitió Maradona calma en toda la previa. Así como charló en forma individual con los jugadores en el hotel, mimando a Messi, respaldando a Carrizo, explicándole a Tevez por qué no era titular, impulsando el ánimo de Papa y de Jonás Gutiérrez para que no flaquearan ante el fútbol que es capaz de producir Ribery, también el 10 que ahora dirige motivó en el vestuario pegando cartulinas con mensajes más que claros. "Nadie es titular. Titular es la camiseta", se leía en una de ellas. "Acá nadie viene a cumplir", era la leyenda de la segunda, como para que recordaran aquella frase que Basile pronunció hace poco, cuando ya había renunciado al cargo. Quería mística. Quería garra. Quería coraje. Y eso a la Selección le sobró. Había que verles las caras a los jugadores en la zona mixta, con el 2-0 sellado, al referirse a ese perla maradoniana: les brillaban las miradas... Efecto buscado, efecto logrado.

En el juego, de las fichas que apostó no perdió ninguna. Se inclinó por Jonás Gutiérrez y el ex Vélez y Mallorca, cuando se afirmó, fue importante para marcar, pero también para llegar: marcó el 1-0. Sostuvo a Juan Pablo Carrizo, que venía mal en Lazio, y le respondió. Bancó a Messi hasta el final, aunque parecía borrado, y el crack precoz dibujó ese cuento maradoniano por partido que en Barcelona suele escribir con prosa dulce. Puso a Tevez en la recta final y Carlitos resultó vital para cerrar el partido. Hubo reflejos en Maradona. En el segundo tiempo, cuando Ribery se mudó de la derecha a la izquierda para aprovechar algunas flaquezas del tandem Zanetti - Rodríguez, trocó de franja a Maxi y Gutiérrez. Con Jonás ahí, Ribery ya no desequilibró. Cuando el francés volvió a la derecha, de nuevo Diego regresó a ese sector a Gutiérrez.Tan bien le fue a Maradona que logró que los franceses gritaran "ole" cuando Argentina toqueteaba, silbaran a los suyos y hostigaran hasta el hartazgo a Domenech.

Diego gritó más el gol de Messi que el de Jonás Gutiérrez. Mandó adelante a sus jugadores en pleno éxtasis y "ole". Fue a saludar al golpeado Domenech, después del partido. Y abrazó en la cancha uno a uno a sus futbolistas. El último, con el capitán Mascherano, interminable.

"¿Ultimas 2 preguntas? No. Ganamos. Ultimas 5", dijo en ronda de prensa Diego, el señor felicidad. Lógico. Esta aventura recién empieza y concretó el primer súper impacto. No hay que desbordarse, pero sí entusiasmarse. Porque parece que el 10 sabe jugar afuera. En la Selección se siente el aroma. "Perfume Maradona".

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