Perfil: Ricardo Rivas, subsecretario General de Gobierno y Administración de San Isidro: "El intendente Posse es un hombre con ideas que, puestas en práctica, pueden llegar a revolucionar la política"

Su secretario nos atiende con una corbata roja y nos estrecha la mano. Ricardo Rivas, subsecretario General de Gobierno y Administración de San Isidro también nos saluda con la mano tendida.
Cree en la suerte pero dice "a la suerte se la ayuda, hay que ponerle una inmensa dosis de esfuerzo" y ejemplifica: "muchas veces me ha pasado estar en el lugar indicado y en el momento indicado pero si no le ponía el esfuerzo no hubiera servido de nada haber estado en ese momento y en ese lugar".

Es abogado. Ingresó a los 19 años en la justicia de la provincia de Buenos Aires, en el 84´ renunció, ya siendo abogado, y se dedicó al ejercicio de la profesión. En el 85´ lo convoca el Dr. Osvaldo Posse para integrase a la asesoría legal, "ahí comencé mi carrera en la municipalidad", dice.

Pasó por distintos lugares, y desde el 2001 está ocupando el cargo en ésta secretaría.

La mesa está atestada de pilas de papeles, el mate lo espera a un costado, suena el teléfono y atiende: "solo el intendente", dice por el auricular y cuelga.

No nació en San Isidro pero vive aquí desde el año 88´ porque el trabajo lo trajo para este lado.

Tiene ojos de recién levantado o de haber madrugado.

"Yo no hago política, siempre me califico como un 'burocraton', pero sí desempeño la función pública tratando de mejorar continuamente la gestión administrativa. Esa es mi principal obsesión", responde a la pregunta, conciso, sin divague, sin "chamuyo".

- ¿Qué opina del intendente?

- El intendente Gustavo Posse es un hombre joven, un hombre con ideas que, puestas en práctica, pueden llegar a revolucionar la política y tiene la extraordinaria voluntad para poner en práctica todos y cada uno de sus proyectos. Esos proyectos apuntan a algo nuevo en la política argentina. Es un hombre que con la edad que tiene no tiene horizonte, su futuro no tiene techo.

- ¿Su futuro tiene techo?

- El mío es éste, podré ir a parar a algún otro lado de la municipalidad, pero más que esto no creo que pueda lograr.

Tiene 58 años y ya encontró su techo.

Al despedirnos vuelve a extender su mano.

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