Peregrinaje para alcanzar un acuerdo con el Fondo

Por: Marcelo Bonelli

En Londres, el ministro de Economía buscará un compromiso para que la aceptación de que se auditen las cuentas públicas no genere un informe muy crítico.

Amado Boudou continuará este fin de semana la negociación con el Fondo Monetario Internacional, buscando normalizar la relación con ese organismo financiero.

En Londres -donde llega hoy- volverá a reunirse con el director del Hemisferio Occidental del Fondo, Nicolás Eyzaguirre, y podría tener un encuentro informal con Dominique Strauss-Khan, el director del FMI.

El ministro de Economía tiene autorización política de la Quinta de Olivos para habilitar la auditoría de la economía argentina. Pero, a cambio, debería obtener un compromiso político de la cúpula del Fondo: que la revisión no desnude en forma descarnada todos los problemas de la economía argentina y tenga una visión comprensiva de su futuro.

En otras palabras: condicionará la auditoría a una redacción negociada del informe del Artículo IV. Argentina admite que el Fondo advierta sobre las tensiones inflacionarias, la flaqueza fiscal, pero pretende que el documento no se meta con el INDEC y rescate las solidez financiera, y cambiaria.

Eyzaguirre no se comprometió a nada en el encuentro de Buenos Aires. Los técnicos que conduce en Washington tienen una visión muy negativa y sostienen que la economía argentina atraviesa un fuerte desequilibrio macroeconómico.

Hace una semana escuchó el planteo de Boudou y quedó en dar una respuesta en el marco del encuentro del Grupo de los 20. Sin embargo, abrió una esperanza: Strauss- Khan podría aceptar una visión benévola, porque quiere mostrar como un éxito político la vuelta de Argentina al FMI.

Igual, existen dudas sobre el poder verdadero de Strauss-Khan, y reparos por la nueva visión liberal del Fondo, la cual se reflejó en Islandia.

Boudou quiere un acercamiento al FMI, para facilitar una apertura de los mercados internacionales, ya que Argentina necesita endeudarse para financiar sus necesidades y suplir la caída del superávit fiscal.

Hoy, precisamente, participará del encuentro del G-20, en cuya parte inicial se hablará de los mercados emergentes. Mañana, en una conferencia de prensa, podría anunciar la reapertura del canje de la deuda. Antes deberá superar un clima adverso hacia Argentina: el escepticismo entre los ministros del G-7. Las naciones industrializadas están cansadas de las promesas de funcionarios argentinos que nunca se cumplieron. No ayuda tampoco una reciente declaración de Boudou, sobre la participación de Argentina en el G-20.

El ministro -el miércoles- exageró la gestión de la Presidenta y dijo: " Es un viaje muy importante, gracias a que la Presidenta logró colocar al país en el G-20".

Este desconocimiento genera dudas en los centros financieros. Argentina forma parte del G-20 desde hace una década, y el año pasado hubo una ofensiva de funcionarios de los Estados Unidos y Alemania para achicar el agrupamiento y precisamente excluir a la Argentina.

Esa ofensiva la frenó Lula, pero no los comentarios adversos a la administración argentina. Brasil los fomenta, de acuerdo a informes de inteligencia que tiene la Quinta de Olivos. Héctor Timerman quiere suplir esa desconfianza internacional, y para eso transpira por una foto de Cristina Kirchner con Barack Obama.

En la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) sostienen que la Presidenta debería utilizar esos contactos para recomponer la imagen díscola de Argentina y aprovechar señales positivas de la economía.

Un informe muestra que la dinámica de Brasil, la recuperación automotriz, un mayor nivel de consumo y la caída de la demanda de dólares reflejan una mejoría en la economía. Pero que el clima político beligerante puede frenar esa incipiente recuperación. Ya pasó con el conflicto con el campo. Por eso la Unión Industrial, la CAME y la AEA cuestionaron los avances del Gobierno contra la liberad de prensa y sostienen que generan desconfianza en el clima de negocios.

Jaime Campos, de la Asociación Empresaria, le dijo a Clarín: "El Gobierno no debe debilitar económicamente a las empresas periodísticas independientes."

Osvaldo Cornide, titular de la CAME, organizó un multitudinario acto por el Día de la Industria, compitiendo y arrebatando la tradicional celebración a la UIA. Hubo una presencia de 1.500 empresarios y le rindió un homenaje a la cúpula de ADEPA. Cornide ponderó el crecimiento de estos años, pero frente a la Presidenta advirtió: "El 2011 está muy lejano. Los problemas que nos acucian requieren respuestas urgentes, que no admiten que la dirigencia especule en lugar de discutir políticas como para la lucha contra la pobreza." Héctor Méndez, el jefe de la UIA, habló en su discurso del clima antiempresario y cosechó el apoyo de los presidentes del Grupo de los 7. Hugo Biolcati no estuvo, pero lo llamó para felicitarlo.

El titular de la UIA afirmó: "Ahora el problema no es económico, es político. Es nociva la confrontación permanente."

Méndez habló con Jorge Brito, y acordaron convocar a una nueva reunión del G-7. Quieren aprovechar el impasse en el conflicto del campo. Eduardo Bussi propuso en la Mesa de Enlace una jugada política: extender el paro hasta el martes y terminar con una concentración en La Plata. Pero existió un inesperado contrapunto con Mario Llambías, quien expresó una posición más negociadora con el Gobierno. CRA y Carbap quieren preservar a Daniel Scioli y no ayudar a su desgaste político.

Pero el gobernador igual respondió sin fisuras: el cambio del ministro de Asuntos Agrarios es una ratificación total de su sociedad política con Néstor Kirchner.

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