Perdoná, hermano.

Perdoná, hermano.
Nadal ganó Australia por primera vez en un partidazo de nivel similar a la final de Wimbledon. Roger lloró por no haber podido llegar a su Grand Slam N° 14.
¡Las plantas de los pies queman cuando enfrentas a Nadal!", exclamaba, sorprendido, un pelilargo Roger Federer aquella tarde de abril de 2005, cuando le ganó por primera vez a Rafael Nadal en cinco sets, en la final de Miami, la primera de muchas batallas por venir. No sería un espectáculo agradable pedirle ahora mismo a Roger que se saque una zapatilla: Rafa visitó y le hizo visitar al suizo todos los espacios posibles del Rod Laver Arena, en otro show inolvidable, un replay de la última final de Wimbledon, un clásico para el recuerdo. Roger, Rafa, si quieren tomarse licencia hasta Roland Garros, ir a jugar al golf en Manacor, tirarse en el sillón más cómodo de la mansión de Dubai, pueden hacerlo. Nos han dado un espectáculo de los que no se olvidan nunca. La larga película de 4 horas y 23 minutos terminó a los lagrimones, de uno de los protagonistas y de los que estábamos del otro lado de la pantalla. Nadal y Federer protagonizan un duelo de estilos, de formas de ser dentro y fuera de la cancha, de sentir el tenis... Se quieren ganar con tanto ímpetu, que sacan lo mejor de cada uno, y transforman al juego en un acontecimiento único.

El abrazo del final, el llanto de Federer por no haber logrado su Grand Slam N° 14 (habría igualado el récord de Pete Sampras), la presencia de Rod Laver, son condimentos que no deben hacer olvidar el ingrediente principal de esta ensalada completa: la victoria de Nadal por 7-5, 3-6, 7-6 (7-3), 3-6 y 6-2; el asombro que genera Nadal, por su velocidad y resistencia (pregúntenle a Federer y a Fernando Verdasco), por esa muñeca que le permite sacar tiros desde ángulos imposibles, y el instinto de superación. Hace algunos años, pocos pensaban que podría salir del guetto del polvo de ladrillo. El manacorí mejoró el saque, el revés, abandonó la postura netamente defensiva, ganó en césped y, ahora, su primer Grand Slam en cancha dura, sexto en total (sumaba títulos en Roland Garros 2005 al 2008 y en Wimbledon 2008). Nadal es el primer español que se corona en Australia.

El partidazo precedió a la que quizá termine siendo una de las ceremonias de premiación más recordadas. "Hola, chicos", arrancó Federer, intentando disimular el dolor. Los aplausos, la ovación, le hicieron soltar las lágrimas. Resopló, dijo que la situación "lo estaba matando" y empezó a llorar. Rafa lo miró dolido. Tony Godsick, manager del suizo, aplaudía para intentar levantar al N° 2 del mundo. La congoja lo hizo apartarse por un momento del micrófono. Nadal, que además de ser buena persona sabe bien de relaciones públicas, recibió el trofeo pero rápidamente fue a abrazar a su compañero de ruta. Roger volvió, dijo que no podía haber hablado último porque Rafa no lo merecía, agradeció al público y le dejó la palabra a un Nadal que ofreció disculpas y felicitó a Roger, en inglés, por su "carrera", así, dicho en español. Rivales antes, colegas siempre.

Si pudo en Roland Garros, también en Wimbledon, ahora en Australia, ya es hora de postularlo: ¿Rafa llega al Grand Slam?

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